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Muchas cosas han tenido que cambiar desde que la pandemia apareció, y no ha sido  muy diferente para la industria del arte. Múltiples eventos importantes han tenido que ser reprogramados, algunos para días más lejanos, como el Art Brussels, que se realizará en 2021, o la Bienal de Arte de Venecia, que se llevará a cabo en abril de 2022. Otros están más cerca: la Bienal de São Paulo está programada para el 3 de octubre y Art Basel, para septiembre. Además de eso, importantes casas de subasta han tenido que cerrar y parar sus ventas. Sotheby’s cerró sus oficinas en Dubái, Ginebra, Hong Kong, Londres, Milán, Nueva York, Paris y Zúrich. Christie’s también cerró sus oficinas en diferentes continentes, la primera pausa de este tipo en 255 años. También están las galas y otros eventos sociales que  han sido cancelados, incluyendo la Met Gala. La industria ha pasado rápidamente de ser un escenario lleno de ruido, en el que diversos creadores pueden brillar e innovar, a un silencio repentino.

Sotheby’s auction in Hong Kong, 2019. Courtesy of Sotheby’s.

Estamos viviendo algo completamente nuevo para nosotros. En el pasado, siempre que ha habido un evento que ha sacudido el mundo, una ola de arte se ha levantado para registrarlo. Por ejemplo, en la Edad Media, mucho de lo que pasó durante la peste negra se puede ver a través de pinturas y manuscritos, o está  la revolución francesa, con sus acuarelas y óleos representando lo que sucedía tanto de forma literal como simbólica. El arte también ha servido para retratar el espíritu y los ideales de una época, como la búsqueda de nuevas ideas, más allá de la religión,  que empezaron a surgir en el Renacimiento, la belleza vibrante de los Prerrafaelitas en la época Victoriana, o la psicodelia de los años 60.

La primavera de Botticelli.

El arte ha sido desde siempre la forma en la que contamos nuestra historia. Captura los momentos más turbulentos y los más felices, así como los más calmados. Todos los sentimientos, conflictos y cambios importantes terminan siendo reflejados, de alguna forma u otra, a través de las manos y voces de quienes experimentan estos sucesos  y utilizan esas experiencias para crear un retrato colectivo de su tiempo. El arte que salga del 2020 y los años que sigan será un recuerdo de cómo atravesamos esto, de las diferentes formas en la que nos impactó como sociedad.

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El impacto de las redes sociales y la forma en la que estas han ido cambiando el mundo del arte y sus diferentes dinámicas han sido muy discutidas, criticadas y debatidas. Ya estaban sucediendo cambios importantes antes de la pandemia  gracias a ellas. Hay gente que las ama, hay gente que las odia y hay gente que simplemente no está muy segura. Pero lo cierto es que, en esta situación en la que nos encontramos, sea cual sea tu bando en este dilema, la verdad es que no hay ninguna otra opción.

La industria  ha tenido desde hace mucho un aire inalcanzable, lejano e inaccesible, pero el elitismo asociado a la industria y la idea de que es algo a lo que solo los ricos tienen acceso o que debes pertenecer a una élite intelectual para apreciarla ha ido cambiando con la aparición de Instagram, YouTube y otras redes sociales. Las líneas que diferencian  a artistas que empiezan a compartiendo su trabajo  online  de artistas que muestran en galerías y ferias se han ido haciendo borrosas.  ya no necesitas de ninguna galería para que tu trabajo sea reconocido, ni de ningún crítico que te diga si tu trabajo está bien o mal o si encaja dentro de lo que se espera del «buen arte» contemporáneo. Tienes el control  creativo total  dentro  de las redes sociales, y el hecho de tener una forma interactiva de hacer arte, para que sea vista por personas que están en contacto continuo con una pantalla le da la posibilidad al artista de conectar de una manera mucho más personal y de  llegar al público de una forma más cercana y accesible, en un lenguaje que dominan.

Algo parecido pasó en los años 80, cuando artistas urbanos como Keith Haring llevaron su arte a las paredes de la ciudad de Nueva York. Captaron la atención de las personas que se encontraban con los enigmáticos dibujos. Ahora tenemos a personas como Amalia Ulman, que en el año 2014 comenzó un proyecto de performance online llamado Excellences & Perfections, en el que utiliza una cuenta de Instagram de manera narrativa, creando un personaje ficticio que postea sobre su vida, pasando por diferentes etapas y tomando decisiones que la llevan a través de un viaje materialista en la que su personaje dulce y de una pequeña ciudad cambia su apariencia para convertirse en una ‘chica hot’, llenando su feed de entornos bellamente decorados con paletas de color perfectas, shopping bags y lencería de cara.

Courtesy of the artist and Arcadia Missa.

Una de las ideas era insertar ficción dentro de una plataforma que habla de espontaneidad, autenticidad y de la idea de la vida, convirtiéndose en un performance constante gracias a las redes sociales. El experimento resultó en personas siguiendo la historia como si fuera real, y con personas comentando tanto críticas como comentarios de solidaridad o admiración. El performance acabó después de cinco meses. Hay una familiaridad que emana de este proyecto, algo que habla directamente a la forma en la que nuestra sociedad funciona hoy en día, algo que conocemos. Este es solo un ejemplo de cómo la forma de comunicar conceptos artísticos está evolucionando y haciéndose cada vez más cercana.

All images © Amalia Ulman & Arcadia Missa, London

También existen plataformas como Artsy, una página web donde puedes ver arte de todo tipo, de diversos países y épocas, y donde también puedes comprar arte. Es muy probable que el internet termine revolucionando por completo la forma en la que la industria del arte funciona, especialmente ahora que es necesario para que pueda sobrevivir. Aún así, personas como Jennifer Zatorski, presidenta de Christie’s America, opinan que los amantes del arte nunca dejarán de amar la experiencia de ver una pieza de arte en persona.


Elaboración

Texto: Rodrigo del Castillo

Edición: Jair Villacrez.