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El 2020 será recordado como el año en el que nuestras vidas cambiaron radicalmente: higiene, salud, costumbres, formas de relacionamiento, rutinas, trabajo, entre otras cosas. De todas, la dimensión laboral es una de las más sensibles y una que seguirá evolucionando, casi urgentemente, en los siguientes meses.

Cuando pensamos en cómo se alteró el estilo de trabajo que teníamos hasta ahora, los cambios más notorios fueron el teletrabajo y las videollamadas. Sin embargo, considero que estos son apenas la punta del iceberg, ¿qué hay debajo? Una serie de nuevas características que resultan tan potentes como para destruir, deconstruir y reconstruir perfiles laborales. ¿Cómo liderar y desarrollar equipos a distancia? ¿Cómo negociar exitosamente cuando la contraparte es una cara en la pantalla? ¿Cómo evaluar candidatos eficientemente pese a no estar físicamente cara a cara?

Entonces, ¿qué características nuevas requerirán los perfiles profesionales post COVID-19? Primero, y como base, una comunicación más clara y nítida, puesto que vincularnos digitalmente requiere asegurar que los mensajes sean captados tomando a la voz como el canal principal y el lenguaje corporal perderá algo de presencia, así sea en una videollamada. El profesional deberá esforzarse más para garantizar que se entienda aquello que quiere decir y también entender los mensajes que recibe. Esto ya de por sí es retador al hacerlo cara a cara; ahora lo será más.

Segundo, tener la capacidad para organizarnos y crear una estructura de trabajo. Por ejemplo: horarios, tareas prioritarias o espacios cómodos. Probablemente, quien sea más metódico tendrá menos inconvenientes en este caso, pero, para quien no está acostumbrado a trabajar desde casa será fundamental crear un área de trabajo libre de distracciones y planificar combinando actividades personales diarias con tareas del trabajo para cumplir con todos los pendientes. Esto no sólo no es sencillo, sino que requiere dedicación y perseverancia para adaptarnos.

El tercero está enlazado al punto anterior y es el liderazgo que se ejerza. No tener físicamente cerca al equipo puede generar un aumento de carga laboral que intente “asegurar” que las personas se mantengan ocupadas enfocadas en el trabajo. Prueba de la importancia de este punto es que una cantidad significativa de personas que tuvieron que hacer teletrabajo por la pandemia ven cómo sus horarios se han extendido y sienten que no logran desconectar de la oficina.

En cuarto lugar, la tolerancia a la frustración. No todas las personas se adaptan con facilidad a un contexto que combina tan estrechamente la rutina laboral con la doméstica. Trabajar teniendo cerca a la familia (y mascotas), sumado a que, muchas veces, no tenemos un espacio acondicionado adecuadamente para el trabajo puede derivar en sensación de baja productividad, fastidio, incomodidad o baja concentración. Habrá que desarrollar recursos para tolerar dicha frustración y no disminuir nuestra productividad. Este es un reto también para la familia.

La quinta y sexta características son la creatividad e innovación que, aunque parezca evidente, muchas veces se desaprovechan en detrimento de soluciones estándar o conservadoras. Este es el momento para diseñar alternativas novedosas para pensar fuera de la caja y romper los moldes de la costumbre. Ya hay propuestas de innovadores que establecen las bases de los nuevos paradigmas. En la actualidad, quien no quiera innovar está arriesgando rezagarse.

En séptimo lugar, está la adaptación a los recursos tecnológicos. Tendremos que familiarizarnos sí o sí con videollamadas, recursos compartidos, conexiones más potentes, evaluaciones virtuales, canales digitales, entre otras. La pandemia aceleró la digitalización de nuestras vidas y esta nueva ola tecnológica está dejando de ser una opción para convertirse en necesidad.

En conclusión, la irrupción de la COVID-19 generó un punto de quiebre que recién estamos percibiendo en los perfiles profesionales. Vendrán nuevos retos en los meses posteriores y considero que es más que necesario reflexionar y analizar cómo impactarán en nuestra forma de trabajo.  Sin embargo, considero que el impacto más potente que experimentaremos es la nueva forma de relacionamiento y vinculación como seres humanos.

(*) PÁGINA EN BLANCO promueve la diversidad. La opinión de los articulistas no es necesariamente compartida por el medio.

Autor: Mauricio Gutiérrez

Psicólogo con mención en el área clínica de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con un diploma del Máster Internacional de Especialización en Gestión del Potencial Humano -Doble Certificación Internacional Simultánea (CENTRUM – EADA)- y el diploma en Gestión de Recursos Humanos en las Organizaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú.