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Jair Villacrez

El número de personas que se han contagiado del nuevo coronavirus ha ascendido a más de 42 millones en todo el mundo, cifra que ya supera a los 38 millones de personas que actualmente viven con VIH. Aunque muchas veces se han comparado ambas pandemias por su letalidad, especialistas consideran que son totalmente diferentes.

Por: Jair Villacrez.

Cuando se hace un análisis de los virus más letales de las últimas décadas, surgen cuatro nombres: el VIH, el SARS-CoV-2, la gripe aviar y el SARS. A pesar de sus diferencias, la comparación entre ellos ha sido casi automática por el impacto que han tenido en la población mundial, especialmente entre los dos primeros.

El SARS-CoV-2, conocido también como el “nuevo coronavirus”, ya ha superado numéricamente al VIH, y en apenas once meses. Según cifras de las Universidad Johns Hopkins, hasta el momento más de 42 millones 876 mil personas de todo el mundo han padecido COVID-19 (cifras actualizadas al 25 de octubre de 2020). De ellas, más de un millón 152 mil han perdido la vida, es decir, el 0.35% del total de contagiados.

Créditos: Agencia Sinc.

Respecto del VIH, en la actualidad hay al menos 38 millones de personas que viven con VIH en todo el mundo, de acuerdo con las cifras de ONUSIDA, al cierre de 2019. De ellas, 25,4 millones tienen acceso a la terapia antirretrovírica, el tratamiento que se da a las personas seropositivas, dado que aún no existe la cura.

En cuanto a la letalidad de esta enfermedad, de los 75,7 millones de personas que contrajeron la infección por VIH desde el comienzo de la epidemia, 32,7 millones de ellas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida. Esto es, la mortalidad por VIH es de 43.2%. Los factores pueden ser diversos, pero tienen que ver, principalmente, por la falta de acceso al tratamiento, sobre todo a inicios de la epidemia, en la década de 1980.

Diferencias en letalidad

Es cierto que ambos virus y las enfermedades que se derivan de ellos implican un alto riesgo, pero hacer una simple comparación puede ser reduccionista. Los especialistas en los estudios de estas enfermedades explican que hay disparidad en la letalidad entre un virus y otro. Cuando recién apareció el VIH en el mundo, tener un diagnóstico positivo significaba una “sentencia de muerte”, pues no existía el tratamiento que hay ahora. Si bien aún no existe la cura, la terapia que se da a los pacientes convierte al VIH en una condición crónica.

Esto difiere de la COVID-19, de la que sí es posible recuperarse y, además, se puede conseguir que el virus desaparezca del cuerpo. Y aunque aún no existe cura ni vacuna para prevenir el nuevo coronavirus, lo cierto es que los laboratorios ya están desarrollando varios ensayos, con pruebas en pacientes incluidas, para lograr frenar la epidemia.

Créditos: El confidencial.

Para Gracia Trujillo, profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, el hecho de que el SARS-CoV-2 haya frenado la economía permitió que se le diera mucha más importancia que a la epidemia del sida. Además, cuando se originó –e, incluso, hasta ahora– el VIH/SIDA era muy asociado a determinados grupos, como homosexuales, prostitutas y drogadictos, según explica. El estigma social le restó cierta importancia a la epidemia.

Un virus que se “contagia” y otro que se “transmite”

De acuerdo con el director de la Coordinadora Estatal de VIH y Sida de España (CESIDA), Toni Poveda, el nuevo coronavirus se contagia, mientras que el VIH se transmite. Una persona que se infecta de VIH debe haber estado expuesta a una práctica de riesgo, aunque no necesariamente sexual como se suele creer. Eso hizo que, cuando el brote de la enfermedad empezó, se pudiera controlar su propagación, manifiesta Poveda.

Créditos: El confidencial.

Eso no ha ocurrido con la COVID-19, pues, al contagiarse por simple contacto, hace que el virus viaje más rápido, y la protección se hace más difícil. Esta es la razón por la que muchos gobiernos han recurrido a tomar medidas extremas como las del confinamiento por períodos largos de tiempo.

Entre ambos patógenos hay similitudes en cuanto a los efectos: causan miles de muertes, dejan un gran impacto social y provocan la sensación de vulnerabilidad. Sin embargo, los especialistas en estudiar estos virus coinciden en que no son iguales, a pesar de que guarden ciertas similitudes, como la letalidad. La principal diferencia, según señalan, radica en que el estigma sigue siendo mayor hacia las personas que padecen VIH.