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“Sin mujeres, se paraliza el mundo”, con este grito empezó el ‘Día libre de las mujeres’, que se dio el 24 de octubre de 1975 en Reikiavik, Islandia, cuando ellas pararon sus actividades por un día. En lugar de ir a la oficina, dedicarse a las labores del hogar y cuidar de sus hijos, tomaron las calles para manifestarse por la igualdad de género y paralizaron el país; más de 25 000 mujeres se unieron en la plaza central. El objetivo era claro: la lucha ante la discriminación de género en el trabajo que alcanzó, un año después, el Gender Equality Council (Consejo de Igualdad de Género). Desde ese entonces, en diversas partes del mundo, se trata de continuar con el movimiento para recordar este hecho histórico.

Pero no fue la primera manifestación feminista que se presentaba en la historia. De hecho, cada manifestación liderada por mujeres para alcanzar lo que la RAE define como feminismo -un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre- se registra entre finales del siglo XIX y principios del XX, por la lucha del voto femenino en el Reino Unido.

Antes de la Primera Guerra Mundial, las mujeres eran consideradas intelectualmente inferiores e incapaces de pensar por sí mismas. Afirmaban que los asuntos políticos, en particular, estaban fuera del alcance del espíritu femenino, y por tanto era impensable pretender que las mujeres pudieran votar.

Quien puso en agenda este asunto fue la activista Emmeline Pankhurst Goulden, lideresa del movimiento que buscaba la inclusión de las mujeres en el voto femenino. “Hechos, y no palabras” fue el lema de la sufragista que fue uniendo a más mujeres cada año. Como toda lucha, las sufragistas eran encarceladas y recibían el mismo trato que los delincuentes comunes, y protestaron con estrictas huelgas de hambre para alcanzar su objetivo.

No fue hasta que el Parlamento británico aprobó el 6 de febrero de 1918 una ley que otorgaba el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 30 años.

En 1968 se inició otra de las luchas que se daban por la igualdad de derechos con las 187 costureras de la fábrica de Ford de Dagenham, cuando las trabajadoras se declararon en huelga exigiendo igualdad salarial. Las mencionadas mujeres, las 187 féminas trabajaban elaborando las tapicerías de los asientos de los coches, en pésimas condiciones de trabajo y sin ser consideradas mano de obra cualificada que les permitiera un salario más justo y una remuneración adecuada para las horas extra, por el simple hecho de ser mujeres. Por más que los gerentes insistieran en que el trabajo de las mujeres no era importante para la producción, nadie estaba dispuesto a comprar un coche sin asientos.

187 trabajadoras de la compañía Ford reclamaron mejoras salariales en 1968.

Ellas pedían que se les subiera el salario, hasta situarlo en un 8% menos que el masculino, y que su categoría se elevara al nivel B, es decir, que fuera necesaria la presencia femenina con mejores condiciones salariales.

Pero la declaración de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) sobre el Día Internacional de la mujer tiene que ver, sobre todo, con un hecho ocurrido precisamente el 8 de marzo de 1975. Ese día, cientos de mujeres trabajadoras de una fábrica de textiles de Nueva York marcharon por las calles contra los bajos salarios, menos de la mitad de lo que cobraban los hombres. Esa jornada acabó con la vida de 120 mujeres, debido a las brutales cargas policiales. Este hecho motivó a las trabajadoras a instalar el primer sindicato femenino. El objetivo estaba claro: promover la igualdad de derechos.

Con los años, fueron surgiendo nuevas corrientes feministas centradas en la igualdad social y cultural y en la abolición de las barreras legales pero, especialmente, en la erradicación de la violencia contra la mujer que se mantienen y se manifiesta hasta el día de hoy.

Manifestaciones por el 8 M