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Camila Vera
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La escritora alemana Cornelia Funke dijo: «Un libro de una biblioteca, imagino, es un libro feliz». Se refería a la dinámica de visitas ilimitadas a las que un solo ejemplar podía ser sometido. El ejercicio empieza en el colegio, con carnés y préstamos efectivos de marzo a diciembre, pero ahora el tiempo pandémico ha alejado la posibilidad de que los estudiantes se entrenen en las bibliotecas que, nutridas o no, simbolizan un espacio de estimación hacia el hábito lector.

Ayer fue el Día de la Biblioteca Escolar, una fecha que se celebra gracias a la labor de Ciro Napanga Agüero, un docente limeño y también cabeza de la Dirección de Bibliotecas y Museos Escolares, que en 1922 promovió la Fiesta del libro con el objetivo de recaudar un aporte económico y, así, fundar bibliotecas en los colegios. Pero fue hasta 1978 que el Ministerio de Educación rebautizó esta fecha con el nombre que hoy ocupa el calendario cívico.

Pese al COVID-19 y las restricciones que trajo consigo en el sector educativo, impulsar la lectura entre los estudiantes continúa siendo una de las mayores prioridades. Para apoyar esta promoción, Página en blanco hace un repaso de los cuentos peruanos que pueden formar parte del plan lector en casa, uno que carece de espacios institucionales pero que tiene mayor libertad para que las mentes infantiles y juveniles seleccionen el contenido.

Los hijos del sol, Abraham Valdelomar (1918)

Este cuento involucra ocho relatos: Los hermanos Ayar, El alfarero (Sañu-Camayok), Chaymanta Huayñuy (Más allá de la muerte), El hombre maldito (Los ojos de los reyes), El pastor y el rebaño de nieve, El cantor errante, El alma de la quena y El camino hacia el Sol.

El compendio resalta entre sus creaciones a un escritor peruano, por primera vez y antes de que el indigenismo abundara en las plumas nacionales, que empleó el “incaísmo modernista”, es decir, trató los eventos del Perú remoto como inspiración y no solo como contexto. Por tanto, no existe un reflejo fiel de la realidad, es más bien uno distorsionado porque utiliza la ficción para describir un entorno por ratos romántico, por ratos crudo.

Cuentos andinos, Enrique López Albújar (1920)

Es una narración que reúne diez cuentos: Los tres jircas, La soberbia del piojo, El campeón de la muerte, Ushanan-jampi, El hombre de la bandera, El licenciado Aponte, El caso Julio Zimens, Cachorro de tigre, La mula de taita Ramun y Cómo habla la coca.

Las temáticas abarcan la importancia del ánimo colectivo y el actuar violento cuando no se controla. Los tres jircas, por ejemplo, recoge los datos de una leyenda para explicar la creación de Huánuco a través de los celos de un padre, el asesinato y el respeto por la tierra. El campeón de la muerte, por otro lado, trata el tema del feminicidio y la venganza de un padre, sin perder de vista el sentido del respeto que los incas tenían. El hombre de la bandera es un cuento que elogia el actuar patriótico de Aparicio Pomares, un indio que alienta a la población de Huánuco a defender su territorio de las fuerzas chilenas. Los resultados son favorables para la nación, pero no para el hombre que llevó la bandera a la contienda.

Escalas, César Vallejo (1923)

Está compuesto por doce cuentos agrupados en dos secciones. La primera se titula Cuneiformes y alberga a Muro Noroeste, Muro Antártico, Muro Este, Muro dobleancho, Alféizar y Muro occidental. La segunda se llama Coro de vientos y reúne a Más allá de la vida y la muerte, Liberación, Los caynas, El unigénito, Mirtho y Cera.

Al ser escritos en prisión, en los primeros seis cuentos Vallejo insiste en presentar escenas y reflexiones con tintes de esperanza y libertad: “La justicia no es función humana. No puede serlo. La justicia opera tácitamente, más adentro de todos los adentros, de los tribunales y de las prisiones. La justicia, oídlo bien, hombres de todas las latitudes, ejerce en subterránea armonía, al otro lado de los sentidos, de los columpios cerebrales y de los mercados” (Fragmento de Muro Noroeste)

En la segunda parte, la temática varía. El autor se acerca más a la muerte, la locura y el afecto. La narrativa es engañosa porque al inicio el lector se enfrenta con un matiz costumbrista, real, pero la trama acaba con giros fantasiosos.

Agua, José María Arguedas (1935)

Es un cuento que agrupa tres historias –Agua, Los escoleros y Warma kukay– inspiradas en la niñez del autor. Redactarlas supuso un reto porque Arguedas debía acondicionar el lenguaje quechua de sus personajes al idioma castellano: lo logró tras emplear una base léxica castellana que coincidiera con el ritmo sintáctico del quechua, es decir, inventó su propia estructura.

El primer cuento trata sobre una injusta distribución de agua y la revancha de un niño que hiere al hacendado poderoso. El segundo tiene que ver con el odio que despierta un patrón abusivo que, a causa de sus malas prácticas, envía a la cárcel a dos indios. El último narra el amor de un niño mestizo hacia una adolescente indígena. La temática de los tres cuentos está relacionada con la vida en las haciendas de la serranía peruana, la marcada jerarquía entre indios y señores y el terror que aún despertaba la presencia de una cultura impuesta.

Los jefes, Mario Vargas Llosa (1957)

Está enmarcado en un episodio inspirado en la vida real: una revuelta escolar en las instalaciones del colegio San Miguel de Piura en 1952, cuando el escritor cursaba el cuarto año de secundaria. Fue la decisión del director la que exasperó los ánimos de los estudiantes, ya que dictaminó que los exámenes finales no se tomarían según un rol, sino de manera arbitraria, por tanto, los alumnos debían estar preparados para enfrentarse a cualquier materia. Hubo una huelga y también una suspensión de siete días. Mario Vargas Llosa los narra sin ánimos políticos y con una gran destreza.

Duelo de caballeros, Ciro Alegría (1962)

Se trata de una contienda entre dos personajes del mundo delincuencial. Este relato busca evidenciar la crudeza con que se resolvían los asuntos en los lados más marginados de la capital: usando armas y estrenando golpes. Sin embargo, los espectadores y también los jueces no lo vieron como una sucia reyerta, sino como un asunto de honor.

“Viendo las camisas blancas enrojecidas a trechos, uno comentó:

—Se han pintao’ la bandera peruana.

Carita se marchó hacia Malambo solo, la manta ensangrentada en una mano, la chaveta en la otra. Llegando al poblado, echó a andar por media calle, el paso vacilante, por poco sin fuerza”. (Fragmento)

La lectura se convierte en un refugio y ahora, cuando el colegio se ha trasladado a las salas y a los cuartos, una recomendación puede resultar valiosa. Mientras tanto, las bibliotecas escolares deberán aguardar para recibir nuevamente, entre libros, polvo y mesas anchas, la llegada de ojos curiosos.