Periodista en Página en blanco
Comunicador por la Universidad de Piura y máster en Lexicografía por la RAE, España. Trabajó como periodista en Canal N/América, El Tiempo, Mercurio Peruano y Punto y Coma.
Jair Villacrez

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Diversidad en los puestos directivos: el liderazgo no tiene género

Jair Villacrez

#Reportaje

A pesar de los prejuicios y estereotipos que puede haber en el mercado laboral peruano respecto de la comunidad LGBTIQ, estas personas han logrado destacarse en sus campos al punto de asumir puestos de liderazgo.

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No duda de su orientación sexual. Se reconoce a sí mismo como gay. Pero prefiere no hacerlo público. Dice que la sociedad en la que vive es muy machista y conservadora, y no quiere ser juzgado ni encasillado. Para él, mostrarse como es traería abajo el respeto que se ha ganado siendo subgerente de un importante gobierno local en Piura. A sus 33 años, Pablo —cuya verdadera identidad no quiere revelar—, vive en el “clóset laboral”. Mantenerse ahí dentro le ayuda a evitar cualquier “tufillo” que sea motivo de desprestigio.

Si solo el hecho de ser abiertamente gay en una empresa u organización estatal peruana implica todo un reto, lo es mucho más cuando se habla de puestos directivos. Aunque no hay estadísticas que muestren el porcentaje de personas de la comunidad LGBTIQ en puestos de liderazgo, sí hay un estudio donde se puede ver cuánto ha avanzado el país en términos de diversidad en el plano laboral.

De acuerdo con una investigación de la ONG Presente, el 80% de empresas y organizaciones estatales peruanas no cuentan con políticas a favor de la diversidad e inclusión. Asimismo, solo un 8% se ha pronunciado públicamente apoyando los derechos de las personas LGBTIQ, mientras que un 7% lo ha hecho mediante comunicados internos a favor de la causa.

Este pequeño porcentaje de empresas ha permitido que personas como Luis Lam Lau (28 años) puedan sentirse libres de manifestar su orientación sexual. Él lleva trabajando más de 10 años en una reconocida Big Four (consultoría y auditoría), en la cual ha tenido la posibilidad de ascender como gerente de Transaction Services.

Luis dice que su orientación sexual no ha sido una limitación para asumir el puesto que tiene, pues tanto sus jefes como sus asistentes saben del tema e, inclusive, lo sabían desde antes de desempeñar tal función. Cuenta que su empresa tiene como política aceptar la diversidad, y él nunca ha sentido exclusión o discriminación.

Tampoco siente que ha tenido un trato especial por ser homosexual, sino que lograr su puesto ha sido igual de retador que para un heterosexual, sin ninguna diferencia. También es consciente de que tener un cargo de liderazgo como el suyo implica proyectar cierta imagen. “Llegas a esa posición y necesitas cuidar más los modales, porque sino pueden encasillarte en el hecho de que eres gay y dejan de lado lo profesional. Creo que sí puede ser un poco más difícil para una persona que tiene una personalidad más extrovertida, por lo prejuicios que hay”, comenta.

Sin embargo, Luis no siempre fue abierto con el tema. Cuenta que alguna vez trabajó en Audit, y ahí nunca dijo que era homosexual por miedo y por vergüenza. También reconoce que fue más por un tema personal, ya que sí cree que el sector privado es mucho más tolerante con las personas LGBTIQ.

Él se siente cómodo en su lugar de trabajo, dado que está en un entorno de respeto y donde se le permite crecer profesionalmente. Afirma que, aunque es reservado con sus temas personales, sí es importante que el lugar en el que se desempeñe se promuevan políticas de diversidad. Eso lo percibe, incluso, con su propio jefe, que es muy abierto con el tema y le da libertad de expresarse.

Luis dice que es feliz ahora que ha asumido su homosexualidad, al punto de que el año pasado estaba por contraer matrimonio con su pareja. Viajarían a Argentina para hacerlo. Sin embargo, debido a la pandemia, se tuvo que postergar.

Luis Lam Lau, junto a su pareja.

“Hay que guardar las apariencias”

En cambio, para Pablo —de quien se habló al principio— en el sector público, y sobre todo en las provincias, sí hay muchos prejuicios y estigmas hacia los homosexuales. “Hay la idea de que ser gay es ser una persona escandalosa. Creen que, por su orientación sexual, uno no puede llegar a más. Relacionan con eso la homosexualidad, y eso hace que la gente se mantenga en el clóset laboral”, explica.

Pablo siente que debe “guardar las apariencias” todo el tiempo. Se siente como un actor, siempre está interpretando el papel de un heterosexual. Cuenta que, como en su área tiene contacto con muchas mujeres externas que llegan a visitarlo a su oficina, algunas personas que trabajan con él —sobre todo hombres— suelen hacerle bromas insinuando que debería aprovechar en tener salidas con sus colegas —cual comentarios machistas—. Para él, cada una de estas situaciones es muy incómoda.

Además de su decisión personal de mantener su asunto en reserva, Pablo lo hace para evitar los ataques políticos. “En el sector público estás obligado a guardar las formas porque hay muchos enemigos políticos de la gestión y las personas pueden ver eso como algo negativo, incluso pueden decir que uno es pedófilo”, se lamenta.

Aunque la institución donde trabaja tuviera políticas de inclusión y diversidad, él está seguro de que nunca revelaría su orientación sexual. “La gente es cruel, mala, te pueden hacer daño”, dice.

Ni siquiera se lo ha contado a sus familiares, pues teme que dejen de hablarle. Apenas se lo ha dicho a sus mejores amigos, son las únicas personas en las que puede confiar y que sabe que no se alejarán de él.

Perú, a paso lento

Si bien en los últimos años Perú se ha mostrado un poco más abierto hacia la diversidad sexual, todavía hay muchos prejuicios respecto de la comunidad LGBTIQ. De hecho, según un estudio del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) realizado en 2017, el 62.7% de personas que forman parte de este grupo manifestaron haber sido víctimas de algún acto discriminatorio o violencia. Un 65% lo experimentó en espacios públicos, un 57.6% en el ámbito educativo y un 11.5% en el trabajo.

Para Pía Bravo (24 años), directora ejecutiva de la ONG Presente, la discriminación es un problema estructural, en todos lados. Señala que hay un gran problema con las políticas internas de real inclusión, y tampoco hay una ley en Perú que proteja a las personas de la comunidad LGBTIQ dentro de las empresas.

Pía cree que falta diseñar un plan de acción y cultura organizacional en torno a estos temas. “Si el mismo jefe hace chistes homofóbicos, nadie saldrá del clóset. Si alguien ve a un jefe así, nadie se arriesgará a pedir un ascenso”, dice.

Explica, además, que los estereotipos y los mitos que se tienen sobre las personas LGBTIQ afectan la imagen profesional, y eso impide salir del clóset. “Pasa sobre todo con los hombres sui géneris. Como se cree que el líder debe tener mano dura, hay esa idea de que una persona de la comunidad no podrá lograrlo, porque no impondría respeto”, comenta.

Pía aclara también que ocurre lo contrario con las mujeres lesbianas cuya expresión de género es más masculina. En ese caso, se cree que sí puede ejercer un puesto de liderazgo porque se le suele asociar como imponente, según explica.

Pero hay una realidad mucho más preocupante y poco visible para muchos: la comunidad trans. De acuerdo con investigaciones, el 37% de peruanos manifestó que no contrataría a una persona trans solo por su identidad de género. “Para estas personas es difícil siquiera que las dejen entrar a una entrevista. Solo el hecho de pedirles su DNI puede ser un motivo para no dejarlas ingresar”, cuenta.

De hecho, para este reportaje se trató de buscar alguna persona trans peruana en algún puesto directivo, pero no se logró conseguir un perfil. Para Pía, todos estos problemas se deben al machismo que está impregnado en la sociedad peruana.

Pía Bravo, directora ejecutiva de la ONG Presente.

¿Y las familias homoparentales?

Karenina Álvarez (36 años), presidenta de Familias Homoparentales y responsable de Relaciones Institucionales en Presente, se declara abiertamente lesbiana. Antes de fundar su organización y emprender otros proyectos, trabajó en grandes corporaciones, como Entel. Para ella, el hecho de haber estado en estos entornos grandes le ha permitido hacerse respetar y, además, hacer respetar a la comunidad LGBTIQ, sin que eso implique imponer, sino mostrarse segura de lo que es. De hecho, ella tiene una familia homoparental, con dos pequeños, y precisamente por eso siente que debe exigir respeto por la diversidad, por amor a estas personas que integran su familia.

Sí reconoce que, en muchas ocasiones, no se sintió tan cómoda con mostrarse como era —a pesar de ser muy abierta—, sobre todo por las bromas respecto de la comunidad homosexual que a veces escuchaba o porque las personas asumían automáticamente que era heterosexual al preguntarle por su “novio”. Ella sentía que no había un ambiente propicio. “Es por la heteronormatividad que está tan incrustada en la sociedad”, aclara.

Es consciente de que ser lesbiana y tener una familia homoparental sí podría haber supuesto una barrera para escalar, pero, afortunadamente, con las personas que eran cercanas a ella sí se mostraba como era y fue aceptada por todos sus compañeros, libres de prejuicios. “Yo me hice ganar mi lugar. Me puse firme y dije: ‘No tengo esposo, es mi esposa’”, enfatiza.

De manera anecdótica, cuenta que, en una ocasión, cuando fue el Día de la Madre le hicieron un agasajo entre sus compañeros de trabajo, a pesar de que ella no era la madre gestante. Su jefe y su equipo de trabajo se acercaron a felicitarle y le obsequiaron una fotografía con su familia, algo que para ella fue muy valioso. “No recibí las rosas y los chocolates que solían recibir las madres, porque en Recursos Humanos yo no estaba registrada así, ya que ellos tienen guardada la información que figura en el RENIEC”, menciona. Aun así, Karenina valoró mucho el gesto de sus compañeros y, sobre todo, porque partió de su jefe. “Es fundamental que los cambios partan desde arriba. En cambio, si tú sientes una resistencia hacia la diversidad, es difícil que te sientas libre y que, además, quieras escalar”, precisa.

En ese sentido, resalta algo importante: cuando se trabaja en diversidad en las empresas hay un incremento de 6.5% en la productividad. Esta cifra que menciona es parte de un reporte realizado en 2017 por Human Rights Campaign Foundation. Explica que el hecho de trabajar en un entorno donde hay respaldo hace que haya menor estrés y mejora la salud mental. “Uno se pone la camiseta. El ambiente se vuelve menos hostil. Las empresas deberían verlo como un beneficio rentable también: hay un mejor reclutamiento y les genera mejor reputación. Deberían empezar a ver la diversidad como algo positivo para la productividad”, añade.

Lo que sí lamenta Karenina es que la mayoría de las empresas y organizaciones estatales no siempre tienen el tiempo para dedicar a diseñar una política de inclusión y diversidad. Incluso, señala que, para el caso de las pequeñas y medianas empresas —que son el mayor porcentaje en Perú—, es mucho más complejo, dado que no cuentan con el presupuesto para hacerlo. “Se necesita también mucha voluntad y disposición. La tasa de empleabilidad de las personas LGBTIQ es solo del 36% y de las personas trans solo hay un 4%”, afirma.

Karenina Álvarez, junto a su esposa y sus dos pequeños*.

“Hay que ganarse el respeto”

Para Juan Juárez (31 años) no ha sido tan fácil ganarse el respeto del equipo que tiene a cargo. Él es analista senior de Recursos Humanos, un puesto de liderazgo en el que debe velar por el cumplimiento de los beneficios laborales de entre 800 y 1200 personas. La empresa en la que trabaja está vinculada con el proyecto gas del Perú, y él se encarga de la parte selva, la más grande.

Para él, cuya profesión es administrador de empresas, sí supuso todo un reto entrar al sector de ingeniería. “Es un sector muy machista, lleno de prejuicios, y yo soy orgullosamente gay. Fue complicado al inicio por el mismo entorno. Me costó dar a conocerme, que vean la calidad de mi trabajo y que haya una aceptación por parte de los ingenieros y personas de alto mando”, expresa.

Explica que estar en Recursos Humanos puede ser difícil para cualquier persona, sobre todo cuando deben lidiar con los sindicatos. Si a eso se añade el hecho de que el encargado de otorgar esos derechos laborales es homosexual, puede generar conflicto. “Yo ponía mano dura, límites, y hacían comentarios hacia mi persona, sobre todo por mi orientación sexual. No era la persona más popular del proyecto. Hubo un momento donde me sentí muy solo y me puse a llorar”, reconoce.

Dice que, incluso, ha estado en situaciones muy incómodas, en las que lo han encasillado como una persona hedonista solo por ser homosexual. En una ocasión, empezaron a molestarlo vinculándolo con uno de los supervisores, haciendo bromas hirientes. Juan se enojó tanto que se puso firme y les dijo: “Ninguno de ustedes me gusta, todos son feos”, cuenta entre risas.

Detalla que también esta errada vinculación se hizo por un incidente que ocurrió con una persona homosexual de la empresa. Sin embargo, Juan ha ido “frenando” esas bromas y comentarios desafortunados que había hacia él. Además, empezó a buscar aliados dentro de la empresa para demostrarles que era un buen trabajador y que no podían encasillarlo por su orientación sexual.

Ya más adelante, cuando pasó la parte más dura, su supervisor le expresó su admiración: “Me abrazó fuerte y me dijo: ‘Todos te queremos y te aceptamos como eres, nunca cambies’. Como él es una persona mayor, yo lo sentí como un logro”. Además, cuando se hizo la evaluación de su performance, su superior destacó su resiliencia. Para Juan, eso fue una gran motivación.  

Él nunca ha ocultado ser gay. Inclusive, lo ha mostrado desde el primer momento de la entrevista laboral, cuando postuló para esa empresa y para el puesto en el que está. “Las tres personas que me entrevistaron se dieron cuenta [que era gay] porque yo iba súper producido y con mi camisa rosada, así como soy yo”, comenta con seguridad.

Pese a que ha logrado ser aceptado como es, Juan piensa que el sector en el que está y toda la sociedad peruana, en general, aún es muy machista. Cree que debe haber grandes cambios estructurales, no solo por el lado de los beneficios y las leyes, sino porque también hace falta una cultura en las organizaciones, ya que hay muchos prejuicios. Considera, además, que hay áreas o rubros donde hay mucho más prejuicios. Está seguro de que, para que el cambio se dé, solo es cuestión de tiempo.

Para Juan, sí fue todo un reto adaptarse a su nuevo puesto y liderar un gran grupo de personas.

“No nos encasillen”

Antonio —quien también prefiere mantener en reserva su verdadero nombre— es homosexual y también está en el área de recursos humanos, donde es el gerente. Él trabaja para una transnacional, una empresa en la que se siente muy cómodo porque, además de ayudarle a crecer profesionalmente, lo aceptan como es.

Él cree que esta clase de empresas son mucho más abiertas con sus políticas de inclusión y diversidad, pues hacen hincapié en la igualdad de género y de oportunidades, sin importar ni el género ni la orientación sexual. Sin embargo, es consciente de que el problema en América Latina es más social: “Hay que enfrentarse a una cultura bastante machista y donde se cree que quien manda es el hombre más macho o el que grita”.

Él no manifestó su orientación sexual en cuanto entró a esta empresa, en la que ya lleva nueve años, sino que lo hizo dos años después de empezar a trabajar, en 2014. Pero el motivo era personal. En algún momento sí pensó que el ser homosexual podría ser una limitación para alcanzar un puesto de liderazgo como el que tiene ahora, ya que en su área ven el tema de los sindicatos. “Me preocupaba el tener que enfrentarme a un grupo de personas que pudieran cuestionar mi efectividad como jefe por mi orientación sexual. Mi preocupación iba más por el chisme de pasillo de los operarios, pero afortunadamente nunca pasó”, dice aliviado.

Pero un tema con el que sí ha tenido que lidiar es con la imagen de “autoridad” que se debe proyectar cuando uno tiene un puesto de confianza. “El hecho de ser gerente hace que debas cuidar una imagen delante de tu jefe, tus compañeros, tus clientes y el sindicato. Yo me considero una persona muy alegre, divertida. Me gusta hacer Tik Tok con mi pareja, pero solo puedo hacerlo muy someramente porque no hay mucha libertad para expresarme en redes sociales”, confiesa.

Aunque en el equipo que tiene a cargo nunca le han faltado el respeto, una vez sí tuvo un incidente por las habladurías de una trabajadora, las cuales se originaron precisamente a raíz de unos videos graciosos que Antonio había subido en sus redes sociales. Pero él enfrentó la situación hablando con aquella persona y le pidió que no lo juzgara por algo que correspondía al plano personal y no al profesional.

Antonio se ha esforzado mucho para lograr conseguir el puesto en el que está y para ganarse el respeto de quienes lo rodean. Uno de sus alicientes o motores principales para exigirse más ha sido el querer demostrarle a su familia que puede alcanzar sus propias metas y que no pueden encasillarlo por su orientación sexual. Esto se debe a que, cuando tenía 23 años y le confesó su homosexualidad a su madre, ella le dijo que, si le hubiese dicho eso antes, lo habría metido a estudiar peluquería y que, de haber tenido la oportunidad, no le habría dado luz o le hubiese abortado. “Eso me dio fuerza y valor para seguir avanzando”, dice con firmeza.

Antonio ha tenido grandes logros gracias a su esfuerzo, al punto de que, en 2013, tuvo que casarse con su prima para poder proteger sus bienes, debido a que en Perú aún no existe la figura del matrimonio igualitario.

Pablo, Luis, Pía, Karenina, Juan y Antonio creen que, si bien ha habido algunos esfuerzos para promover la diversidad y la inclusión laboral, aún queda mucho por hacer. Todos coinciden en que no solo se trata de un tema de derechos laborales, sino también de una cultura de respeto y de un cambio de mentalidad. Mientras tanto, seguirán exigiendo respeto hacia la comunidad LGBTIQ para que no sigan encasillando a estas personas, para que no los juzguen por su orientación sexual, identidad de género o expresión de género, sino que los que valoren por sus capacidades y habilidades. Coinciden en que solo así se dará mayores oportunidades sin sesgo alguno.


*La fotografía de los menores fue utilizada con consentimiento expreso de sus apoderados.

2 thoughts on “Diversidad en los puestos directivos: el liderazgo no tiene género

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