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Jesús Ávila
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Cuatro años han transcurrido desde que se produjo el desborde del río Piura que afectó en gran medida a las principales zonas de Piura y Castilla pero la fuerza destructiva del río alcanzó a centros poblados colindantes de Catacaos, Viduque y Cura Mori.

Ese día, uno de los más aciagos para miles de piuranos, la ciudad del eterno calor no se vio alumbrada por la calidez de los primeros días de otoño. Por primera vez después de 34 años, la madre naturaleza y su inconmensurable fuerza ponía en manifiesto no solo las carencias de nuestra ciudad sino también otra de las pandemias que viene atacando al estado peruano hace mucho tiempo: la falta de previsión.

El Niño Costero

Aunque las lluvias comenzaron en 2016 fue durante los meses de febrero y marzo de 2017 que las lluvias se acrecentaron, logrando alcanzar su pico durante la segunda mitad de marzo. Para aquel momento, gran parte del comercio e industria en todo el norte se encontraba ya afectada por las incesables lluvias.

Pese a que durante los últimos años los centros de investigación de la Universidad de Piura (UDEP) y la Universidad Nacional de Piura (UNP) alertaban sobre el arribo de un gran fenómeno de El Niño en nuestro litoral, las autoridades nacionales y locales no habían ejecutado obras importantes destinadas a la protección y mejoramiento de todo el sistema pluvial de la ciudad. Al 2016 – momento en que se dio inicio a la temporada de precipitaciones en la Región – sólo se contaban con las obras de protección que se habían llevado a cabo desde el último gran fenómeno en 1998.

El 27 de marzo de 2017 sucedió lo que era inimaginable para muchos. A tempranas horas de la mañana, la ciudad y todos sus alrededores se levantó con la alerta máxima: el río Piura, el que solo tiene caudal por las lluvias de la Sierra y por solo unos meses, estaba por alcanzar los 3400m3/s, es decir, su desborde era inminente.

Y fue así: el río Piura se desbordó. Según datos del COEN, las lluvias de El Niño Costero dejaron en nuestra región más de 91.835 damnificados, 310.570 afectados, 17 fallecidos, 39 heridos y 4 desaparecidos. El saldo material fue de más 5.724 viviendas que colapsaron, 8.469 quedaron inhabitables; 711 colegios y 195 centros de salud fueron afectados; múltiples carreteras colapsaron al igual que puentes.

La reconstrucción con cambios

Pedro Pablo Kuczynski había llegado a la presidencia en julio de 2016 y uno de los primeros retos que tuvo su gobierno fue la de enfrentar El Niño Costero y los efectos de este en toda la zona costera del país, principalmente desde Trujillo hasta Tumbes.

Ante esta situación se creó La Autoridad para la Reconstrucción con Cambios, ente que iba a dirigir la reconstrucción del norte y de todas las zonas del país que se habían visto afectadas. El proyecto se anunció con bombos y platillos porque, según Kuczynski, este proyecto no consistiría en reponer las cosas a su estado anterior; por el contrario, representaría un nuevo enfoque corrigiendo lo que se hizo mal, a fin de evitar un nuevo 27 de marzo.

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¿Se logró?

Al principio muchos piuranos miraron con entusiasmo y optimismo dicho anuncio. Se manifestó que este estaría listo en un mediano plazo. Sin embargo, con el paso de los meses, los problemas de siempre se asomaron: las pistas continuaban destruidas, los problemas burocráticos y centralismo dificultaron la toma de decisiones, haciendo que las ciudades siguieran sumidas en un polvo tóxico producto del colapso de los desagües durante el desborde del río, los refugios temporales que se Defensa Civil y el COEN habían dado para los que habían perdido sus hogares se iban convirtiendo poco a poco en el nuevo centro poblado, y así nuevamente la desesperanza surgió.

Señalar que, en septiembre de 2020, tres años después del desastre, se abría un nuevo episodio en esta historia, el presidente Vizcarra anunció que los procesos de contratación pública para llevar a cabo las obras de la reconstrucción empezarían regirse por el mecanismo de Acuerdo Gobierno a Gobierno, entre Perú y Reino Unido – el mismo que había sido utilizado para las obras de los Panamericanos – a fin de concluir lo que se inició en 2017.

Cuatro años después

Las lluvias del 2021 no han tenido, ni por asomo, la misma intensidad del 2017, y esto se refleja en que el río Piura no ha alcanzado un caudal superior a los 300m3/s.

Sin embargo, las precipitaciones fueron suficientes para poner en alerta a toda la ciudadanía, pues las defensas ribereñas se encuentran mucho más expuestas que en 2017, las losas de protección fueron retiradas para ser reemplazadas, por lo que la arena afirmada que se había colocado se terminó socavando en muchos puntos, y aunque los informes reportan un avance de más del 70%, lo cierto es que a vista de todos, dichas obras están lejos de acabar.

Es así que, después de un gasto de más de S/ 235 millones, una muy cuestionada descolmatación del río, la falta de una propuesta integral al problema del mismo – la cual debe dar solución tanto a la deforestación de la sierra y al final del cauce, lozas ribereñas inconclusas, pistas aún pendientes de reparación, falta de un sistema pluvial y la puesta al desnudo que muchas de las obras recién construidas no funcionan – como es el caso de la Av. José Aguilar Santisteban que amanece con múltiples lagunas en sus intersecciones cada vez que hay lluvia moderada – necesitamos motobombas para su puesta en funcionamiento y se demuestra que de haber hoy un nuevo Niño Costero, la historia no solo sería la misma, sino que sería mucho peor.