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A estas horas ya se encuentran definidos los candidatos que pasaron a la segunda vuelta para alcanzar el sillón presidencial en junio de este año. Los candidatos son el profesor Pedro Castillo, cabeza de un partido político de base marxista-leninista que pretende reivindicar los totalitarismos de Lenin, de Castro, de Maduro o de Chávez, regímenes asesinos y que atentan contra los derechos humanos y, por otro lado, Keiko Fujimori, la hija y primera dama del dictador de los noventas que representó un régimen tan autoritario como corrupto y que, como los regímenes que su contrincante admira, no le importaba violar derechos humanos con tal de seguir atornillándose en el poder.

Ambas propuestas están marcadas por la corrupción. En el caso de Keiko no solo la que representó su padre junto a Vladimiro Montesinos, sino también las investigaciones a nombre propio que la envuelven por presuntamente encabezar una organización criminal. En el caso de Pedro Castillo, el fundador de su partido Vladimir Cerrón está sentenciado por corrupción y no está del todo claro de cómo se financia la campaña del candidato presidencial.

No solo eso, las dos opciones podrían representar un peligro para libertad de los ciudadanos y un peligro institucional. El primero plantea sacar al Perú de la Alianza del Pacífico, romper lazos con las democracias para alinearse con Cuba, Nicaragua y Venezuela. Así también propone la expropiación de las industrias extractivas y la prensa. Por su lado, la segunda es la heredera de un gobierno autoritario que copó las instituciones como el Poder Judicial, el Congreso, la prensa y que amordazó y sobornó a quien pensara distinto para que le sea servil. También vale recordar que fue el propio comportamiento de la señora Fujimori, al no reconocer su derrota en las elecciones pasadas llevó a la desintegración del Congreso y la vacancia a dos Presidentes de la República.

Ambos han llegado a la segunda vuelta debido a un profundo descontento popular con las opciones democráticas que no han sabido responder con soluciones a los problemas sociales que aquejan nuestro país. El voto del izquierdista Castillo representa la protesta de quienes, viviendo en zonas de extracción de recursos naturales, no han visto mejorar su calidad de vida durante años y muchas veces son marginados en la toma de decisiones de los gobiernos. Mientras el voto de la derechista conservadora Fujimori, aunque debilitado en los últimos años, es la nostalgia del gobierno del padre de un sector reducido de la población que cree que puede imponer políticas a patadas y porrazos.

Las dos son propuestas que no representan el sentir de las mayorías en el país teniendo en cuenta que un 70% de ballotage electoral no los tomó en cuenta como una opción. Las propuestas electorales de izquierda socialista, de liberalismo progresista y de conservadurismo de derechas, bien se podrían haber divido en tres o cuatro opciones, pero se dividieron en más de diez candidatos que no eran representativos y no postulaban a nada.

Dadas las circunstancias y expuestos los peligros de ambos candidatos. Se hace necesario, sobre todo por su baja representatividad, que puedan encontrar puntos en común no solamente con aquellos partidos políticos y candidatos que se quedaron fuera de la segunda vuelta sino con segmentos de la población que en estos momentos están olvidados por los planes de ambos candidatos como es el caso, por ejemplo, de la comunidad LGTB que han sido marginados durante años por el Estado peruano y que hoy temen que los tímidos avances en esta materia puedan desaparecer, o la comunidades afroperuanas que no son tomadas en cuenta y que tienen serios problemas de acceso a la educación, así como los derechos de las comunidades indígenas cuya cultura se ha visto amenazada por dos propuestas que no respetan la diversidad.

Así también se hace necesario que ambos candidatos se comprometan a respetar la democracia, las instituciones, la prensa y los valores constitucionales que han permitido que este país se mantenga estable en durante 20 años de vida democrática. En un país cuyo tejido social se encuentra roto lo peor que podría pasar es una campaña de más polarización política en la segunda vuelta. Ambos candidatos tienen que ceder de sus posiciones conservadoras y autoritarias.

Necesitamos, por el bien del país, que se lleguen a consensos mínimos para tener gobernabilidad y así poder salir de la crisis económica, social y política más profunda que hemos tenido en nuestra vida democrática. Necesitamos que todos los peruanos podamos concertar para tener un camino común. Este es un medio democrático, que cree en la libertad de prensa y en los valores republicanos y, en ese sentido, su labor será siempre la de observar y fiscalizar el poder como lo hemos venido haciendo, alzar la voz cuando estos valores se quiebren, y apoyar las políticas que permitan que los peruanos puedan vivir en libertad.