Quiero compartirlo en mis redes:
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Tweet about this on Twitter
Twitter
Pin on Pinterest
Pinterest
Email this to someone
email

El presidente Martín Vizcarra convocó a elecciones generales para el 11 de abril del 2021 como una luz de esperanza a todos los peruanos que necesitamos un respiro de la política vivida desde hace muchos años. Sin embargo, las elecciones que tenemos, período tras otro, parecen no haber resuelto en lo absoluto los problemas que tenemos como país. Incluso, parecen haber empeorado.

Es probable que la percepción del peruano sobre la política sea más consciente que antes, pues ahora conocemos los acuerdos debajo de la mesa, lo que muchas veces no era contando o lo que se negaba a pesar de ser obvio. Además, los partidos tradicionales continúan apareciendo en simulaciones de encuestas lo que nos hace cuestionarnos, ¿qué cambiará con las elecciones 2021 si tenemos a los mismos candidatos? Viciar el voto, incluso, suena más sensato.

Las nuevas caras políticas tampoco son esperanzadoras para un país que busca la reforma total de lo que cada año –si es posible– parece empeorar: servicios, trabajo, educación, economía, justicia. Y, además, alcanzó su peor punto con la pandemia, al caer como un balde de agua con hielo cuando estábamos ya bastantes resfriados socialmente.

Según Datum Internacional, el 60% de los peruanos consideraron viciar el voto cuando debíamos escoger a nuevos parlamentarios, una actitud que respondería al comportamiento del Legislativo durante el año pasado. Además, existe una alta carencia de confrontación de ideas y un debate racional que impide el avance de un país, y da la oportunidad perfecta a que la corrupción gane terreno cada que puede. En un momento dentro de la historia, nuestra política parece desconcentrarse en lo realmente importante y corre una carrera por saber quién es menos corrupto. ¿No existe acaso una receta para la perfecta democracia? Lamentablemente, no.

Sin embargo, sí es necesario conocer que, para que exista un sistema democrático efectivo, no basta solo con el voto ciudadano y la coexistencia de los partidos políticos. Debe existir una limitación clara del ejercicio de poder, una separación de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, alineados a políticas de trabajo que mejoren la vida del ciudadano; una exigencia responsable en la ejecución del cargo de los representantes en el poder y, sobre todo, la toma consciente de las necesidades de un pueblo que se cansa de esperar pero que no pierde la esperanza de tener mejores gobernantes.

¿Te gusta lo que lees? ¡Recibe nuestro boletín!

Queremos creer que no todo está perdido en la política peruana. No son pocos los motivos que llevan a pensar que las nuevas elecciones cambiarán en algo, aunque sea mínimo, nuestro sistema. El voto que tomaremos el próximo 11 de abril nos lleva a pensar que existe esperanza de redimirse en lo político, en nuestra realidad. Sin voto, no hay cambio; y sin cambio, no hay mejora. El voto del ciudadano depende mucho de la información que recibamos y apertura a nuevas ideas, otros aires y mejores trayectorias políticas. Seamos libres, seámoslos siempre.