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Según los reportes internacionales que han publicado The New York Times, The Financial Times, The Washington Post, entre otros, Perú ha tenido el peor manejo pandémico en el mundo, tanto a nivel económico como a nivel de salud, superando a países en peores condiciones como Haití, Cuba o Nigeria. Perú, antes de la pandemia, tenía reservas ascendentes a ochenta mil millones de dólares, una amplia capacidad de endeudamiento y una alta credibilidad a nivel mundial que le permitía negociar exitosamente con cualquier país o laborario del mundo. ¿Por qué no se hizo?

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Las decisiones adoptadas por el gobierno de Martín Vizcarra han sido uno de los motivos de este gran fracaso. No solo lo venimos denunciando en esta tribuna hace varios meses, sino que el tema es tan bochornoso y notorio que el reconocido periodista Michel Reid, editor de los temas latinoamericanos de The economist, afirmó que la pésima gestión de Vizcarra es sin duda el principal factor del mal desempeño de Perú frente a la pandemia. Se hace necesario recordar algunas de las pésimas decisiones del gobierno pasado, muchas de las cuales el presidente Sagasti repite y reafirma: no haber hecho un cerco epidemiológico y rastrear el virus; haber utilizado el estado de emergencia para imponer toques de queda sin sentido (como si el virus descansara en la noche o los domingos); sacar a los militares y policías a resguardar las calles, las playas y las fronteras (cuando el enemigo no es la población, sino el virus); prohibir el uso de las playas y espacios públicos, pero permitir la asistencia a centros comerciales; no establecer puentes aéreos durante la cuarentena y dejar que los médicos mueran sin atención; no aceptar la ayuda del sector privado, que desde el primer día se ofreció a donar desde mascarillas hasta plantas de oxígeno; inaugurar hospitales de campaña que solo sirvieron para la foto (puesto que luego fueron desarmados sin atender a un solo paciente); ocultar la cifra de los contagiados y los fallecidos o manejarla sin rigor científico; no haber activado el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), que hubiese permitido una mejor logística en el manejo de la pandemia; haber abandonado a los médicos sin utensilios o, incluso, haberles repartido materiales que no les protegían del virus (como mascarillas de jardinería); haber gastado millones de soles en publicidad estatal en los medios de comunicación (hecho que denunciamos en este medio); no haber contratado una suficiente cantidad de médicos o llegar a un acuerdo con las clínicas privadas para una atención integral; haber tomado medidas económicas que dejó a más de cuatro millones de peruanos sin trabajo, sin ingresos y, por ende, sin acceso a la salud; haber repartido bonos a diestra y siniestra que muchas veces llegaron a personas que no lo necesitaban.

Las cifras oficiales establecen que, en Perú, ha habido más de un millón de contagiados y más de 37 000 muertos, es decir, más de mil muertos por millón. Esto nos catapulta al triste primer puesto a nivel mundial.

Hechos recientemente sacados a la luz ponen en evidencia que el gobierno de Martín Vizcarra no solamente no negoció con los laboratorios encargados de fabricar las vacunas (como lo hizo Argentina desde marzo, por ejemplo), sino que mintió a todos los peruanos diciendo que las vacunas estarían garantizadas para el primer trimestre del año. Y hoy tiene la frescura de decir que, justo cuando estaba por firmar los contratos, lo vacaron.

Jaime Reusche, miembro del comando vacuna, ha mencionado en una entrevista que, desde junio, vienen insistiendo al Gobierno a suscribir acuerdos para la vacunación, pero el no se les hizo caso. ¿Por qué no? De junio a diciembre, el río ha traído varias piedras, entre ellas, los casos de corrupción en la compra sobrevalorada de las mascarillas, las contrataciones de personas ineficientes en diferentes estamentos del Estado, los casos de corrupción que conllevaron a la vacancia presidencial.

El actual gobierno de Francisco Sagasti, en lugar de hacer un cambio, decidió ser el ejecutor de aquello que no funciona. El hecho de que tenga a la misma ministra de Salud que el gobierno de Vizcarra significa la continuidad de las políticas inservibles que nos han llevado al fracaso.

Se hace necesario buscar a los culpables de este mal manejo que nos ha llevado a tener mucho más muertos de lo que hubiera habido si se hubiese sido realmente diligente. Urge investigar y encontrar a los responsables de haber tomado estas absurdas decisiones que no solo han tenido como consecuencia a los muertos, sino que ha dejado a gran parte de los vivos sin trabajo y sin protección. Se necesita iniciar juicios contra los culpables y condenarlos, eso es lo que debería pasar en un estado de derecho. En la coladera no solo hay políticos, sino también funcionarios y los medios de comunicación que durante la pandemia hicieron todo menos informar lo que realmente venía ocurriendo. Hoy, la persona que tomó la mayoría de aquellas decisiones se está lanzando al Congreso, y poco parece interesarle el distanciamiento social cuando de votos se trata.

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