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Con el mundo paralizado, se detuvo también una de las multitudinarias y más esperadas marchas: el desfile del orgullo o pride parade; un simbolismo celebrado hace más de medio siglo por una incansable exigencia de libertad. Una celebración que nunca está libre de polémica y genera el rechazo en algunos de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Este año, el pride parade se verá vacío en las calles por la pandemia, pero tiene a la fecha miles de nuevas formas para realizarse de forma virtual.

A pesar de tener muchísimo tiempo de celebrarse, es necesario preguntarnos, ¿de qué podemos sentirnos orgullosos? Si en el Perú, a diario y por años, miles de personas de la comunidad LGBTIQ+ han descrito a detalle situaciones de maltrato, denigración, violencia, abuso y discriminación por el simple hecho de vivir su sexualidad o identidad de género.

Para una persona que apenas descubre su sexualidad, notar que es parte de esta comunidad representa un desafío por los casos de agresión que ocurren en el mundo. La violencia contra estas personas en el territorio iberoamericano es, sobre todo, el ensañamiento. Estadísticas de derechos humanos determinan que, en los crímenes de odio, los cuerpos encontrados suelen estar quemados, torturados, atados, mutilados, o violados, lo que demuestra que existe una ira, rabia y violencia desmedida que busca humillar y borrar cualquier rastro de identidad de la persona asesinada y de lo que ella representa. Una dura realidad.

Y esta situación se refuerza en la primera encuesta sobre población LGBTIQ+, elaborada por Ipsos Perú a solicitud del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (Minjusdh), al revelar que el 71% de encuestados considera que esta población es una de las que más sufre discriminación en el país. Insufrible.

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Vivir en una sociedad en donde la única protección legal contra los crímenes de odio es el Decreto Legislativo 1323, que fortalece la lucha contra el feminicidio, la violencia familiar y la violencia de género, ¿de qué sirve el apoyo desde un escaño congresal o un puesto gubernamental si todo queda en el papel?

Con ello, la frase Love is love que se transmite por redes sociales y en apoyo a la comunidad puede sonar nuevamente un simple saludo vacío para congraciarse, si las legislaciones sobre los índices expuestos por el Minjusdh no mejoran o, al menos, avanzan. 

La falta de acción de las distintas instancias gubernamentales y de la sociedad misma ha dejado en manos de las organizaciones civiles la defensa de los derechos de esta comunidad. Esto incluye la investigación, la denuncia y la mitigación de crímenes de odio contra estas personas, quienes solo exigen algo muy simple: la libertad.

Como sociedad, salir del contexto, pensar fuera de la caja, puede parecer hasta un sueño lejano en un país laico como el Perú. Sin embargo, el esfuerzo en conjunto de personas que apoyan las causas de igualdad nos da un aire de esperanza que no desfallece ni un 28 de junio y ni un solo “de la vida en adelante”.