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Lo que hemos visto los electores este fin de semana, no solo representa la decadencia de nuestra clase política encarnada en los candidatos, sino que además estos piensan que nosotros somos tontos o poco inteligentes.

Por un lado, el señor Pedro Castillo no asistió a un debate que él mismo convocó para ridiculizar a su contrincante que estuvo recluida en el penal Santa Mónica sin contar con sentencia firme (situación que le ocurre al 39% de los presos en el Perú). No es la manera correcta lanzar mensajes de odio contra los presos y sus familias pues, en muchos de los casos, estos se encuentran recluidos de forma injusta o por consecuencia de un sistema penal que busca culpables por encima de encontrar la verdad.

La señora Fujimori, a pesar de ello aceptó tener el debate en la puerta del penal y lo esperó. Se esperaba que, como ocurrió en la ciudad de Chota, se pueda dar el encuentro para que los electores podamos confrontar las ideas de ambos y así podemos escoger a la mejor opción. Pero, a la misma hora, el candidato de Perú Libre puso excusas para no asistir al encuentro que él mismo convocó. Anunció que presentaría su nuevo plan de gobierno y esto tampoco ocurrió. En lugar de ello se dedicó a pasear por las calles de Gamarra, en el distrito de La Victoria, mientras cientos de comerciantes le insultaban y pedían su retiro. Al final del día tuvo un mitin improvisado donde pidió a la gente que le alcanzaran un plan de gobierno, si tuvieran una propuesta.

Finalmente, el día de ayer – a través de redes sociales – Pedro Castillo presentó un plan de gobierno de 15 hojas que resulta una versión edulcorada de sus políticas que no es incompatible con el ideario de Vladimir Cerrón. La improvisación del candidato Pedro Castillo es un peligro para un país como el nuestro que está sumido en una de sus más profundas crisis económicas y sanitarias de su historia.

Por el otro lado, la candidata Keiko Fujimori esperó a Pedro Castillo en el estrado armado en la puerta del penal Santa Mónica. Fue con su portátil sabiendo que su contrincante no asistiría. Esperaron media hora y el mediador escogido Gonzalo Iwasaki, periodista de Willax, dio por concluido el debate. Se hubiese esperado que la candidata en ese momento aprovechase la oportunidad para dar un mensaje político contundente, para mostrarse como una persona seria que puede manejar el país. Sin embargo, lo que vimos los electores fue digno de los diarios chicha del régimen de Alberto Fujimori, su padre. Durante el mitin improvisado, los dos hermanos se reconcilian a las puertas con abrazos, lágrimas impuestas y mencionando a Dios, como si el ‘milagro’ ayudase a eliminar de la memoria lo que representa su apellido o la forma en que, días atrás, Keiko había minimizado los casos de estilizaciones forzosas. Los electores pudimos ver en ese espectáculo que fujimorismo sigue siendo lo que es: fujimorismo sin más.

Rechazamos que ninguno de los candidatos (sin ninguna mayoría votante) tenga una verdadera intención de incorporar a su programa de gobierno propuestas del centro político. Es evidente que, a tres semanas del día de la elección, Pedro Castillo sigue reivindicando el ideario de Vladimir Cerrón que propone a todas luces un régimen autoritario influenciado por el chavismo. Mientras que la candidata de Fuerza Popular sigue sin ceder en ninguna de sus posturas conservadoras.

Ningún candidato ha tenido un acercamiento real con las poblaciones vulnerables: comunidades indígenas, minorías raciales o minorías sexuales, quienes ven este proceso electoral como una amenaza a sus derechos. Tal como están las cosas, ambos candidatos pretenden gobernar de espaldas a muchos peruanos.

A pesar de que el perdedor de la semana ha sido Pedro Castillo por rehusar su participación en un debate que convocó y, pese a su notoria improvisación y su falta de preparación para gobernar el país, Keiko Fujimori se esforzó para demostrar que ella también, al igual que su contrincante, puede tratarnos de tontos. Mientras tanto, los peruanos seguimos esperando propuestas y concesiones. Exijámoslas, es nuestro derecho.