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A estas horas en que se escribe el editorial, las masas, de ambos bandos, se han volcado a las calles a defender sus posturas que parecen irreconciliables.

Los gritos de “fraude” se han dado desde muy temprano, cuando la encuesta de la boca de urna puso por encima a Keiko Fujimori y los partidarios de Perú Libre empezaron a protestar. Era muy temprano, el partido se volteó a favor del candidato Castillo y empezaron a llover fotografías y videos de presuntas irregularidades en contra de la candidata Fuerza Popular. Por ello, su lideresa denunció en cadena nacional que se había realizado un “fraude en mesa”.

Desde ese momento, la tranquilidad del proceso se quebró. Fuerza Popular presentó cerca de 800 impugnaciones ante el Jurado Nacional de Elecciones – JNE con la ayuda de abogados de distintas partes del país, mientras que su rival presentó 200 impugnaciones; ambas para anular actas tanto de la zona sur andina como de la región Oriente. Sin embargo, el JNE ha rechazado la mayoría de ellas por no ser presentadas dentro del plazo legal. Esto provocó que ambos candidatos llamasen a sus partidarios a las calles. Frente al JNE los de Perú Libre que han llegado desde distintas partes del país y frente a la ONPE los de Fuerza Popular orquestados con sus aliados políticos, congresistas electos y políticos tradicionales en contra del “comunismo”.

«Deben esperarse los resultados oficiales de la JNE, quienes en este momento vienen resolviendo las actas observadas y los pedidos de nulidad de ambos partidos»

Ambos candidatos tienen derecho a defender su voto y pedir que el JNE revise las impugnaciones hasta el final. El derecho de defensa es también parte del Estado de Derecho y de la democracia. No podemos criticar a ningún candidato por interponer recursos que amparan su derecho, pero sí podemos criticar que hayan crispado los ánimos populares al punto de que estos desemboquen en las calles y que probablemente puedan terminar en enfrentamientos violentos que harán aún más difícil la reconciliación del país. Si algo ha demostrado estas elecciones es que el país se encuentra roto, partido en dos y que se requiere con urgencia un gobierno que sea capaz de encontrar un rumbo en común.

Invocamos la calma. No solo a las tiendas políticas de los candidatos, sino también a quienes deben guardar la neutralidad hasta el final de proceso. Se supo la semana pasada que el presidente Sagasti llamó a Mario Vargas Llosa para solicitarle que hablara con Keiko Fujimori para que acepte su derrota (así lo ha manifestado su hijo Álvaro Vargas Llosa), hecho que como medio de comunicación con principios republicanos rechazamos. El Presidente de la República tiene la obligación legal de guardar neutralidad durante todo el proceso electoral, su intervención solamente genera dudas sobre la legitimidad del mismo. Así también, rechazamos los saludos de exmandatarios al señor Pedro Castillo, como es el caso de Evo Morales, José Mujica y Rafael Correa; son cuando menos impertinentes en un momento en el cual no solo se ha puesto en duda la transparencia del proceso, sino que tenemos dos bandos en las calles que ven la reconciliación como un imposible.

Deben esperarse los resultados oficiales de la JNE, quienes en este momento vienen resolviendo las actas observadas y los pedidos de nulidad de ambos partidos. La revisión de que viene haciendo el jurado debiera disipar las dudas sobre las irregularidades. Todos estamos obligados a reconocer la victoria de quien termine siendo ganador del proceso. El próximo mandatario no debiera nacer con un atisbo de legitimidad de origen. No nos merecemos eso como país, mucho menos como país a portas de celebrar doscientos años de su independencia.