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El racismo en el Perú ha ganado nuevamente visibilidad en estas últimas semanas. Sin embargo, no se le puede limitar a tan solo un hashtag, es necesario generar espacios profundos y sostenidos para repensarnos como sociedad y resignificar prácticas sociales que están fundadas en las ideologías raciales decimonónicas. El racismo y la discriminación en Latinoamérica están sentadas en una biologización de las desigualdades socialmente constituidas. Además, las políticas de Estado y las acciones gubernamentales capitalistas están pensadas para perpetuar la esclavitud y colonización. Quizá para algunas personas suene un poco retrógrada hablar de esclavitud en la actualidad, pero ¿qué si no la idea de esclavitud se le puede atribuir a la mano de obra barata? ¿qué si no la idea de colonización se le puede atribuir a pensar que algunos cuerpos son inferiores o superiores a otros solo por su fenotipo?

Es importante, ahora que el racismo está nuevamente en las plataformas audiovisuales, mirarnos a través del espejo, ya que se percibe el racismo muy lejano de nuestras prácticas cotidiana, incluso, se ataca a quien denuncia el racismo llamándole “racista”. Por ahí dicen que Perú es el país donde existe racismo sin racistas, y es muy cierto. Son muy pocas personas que tienen el valor de asumir sus prácticas racistas y discriminatorias. La difusión en televisión internacional del asesinato de George Floyd no es una situación aislada, es un hecho denunciado con anterioridad en países como Estados Unidos, Brasil e, incluso, Colombia. No se puede esperar a que un asesinato de una persona afroperuana o indígena sea divulgado en televisión nacional para que recién se entiendan los límites del racismo en nuestro país.

Se habla también de microrracismos, pero eso no quiere decir que sea un tipo de “racismo leve”, por el contrario, son expresiones y acciones racistas, igual de fuertes, dolorosas e impactantes para las personas racializadas, pero que se encuentran incrustadas de forma naturalizada en las prácticas sociales cotidianas. El asumir que una persona es extranjera solo por su apariencia física; el asignarle un nivel de inteligencia a una persona solo por su color de piel u origen étnico; y el decir frases como «yo no distingo colores» e, incluso, el clásico «todos pueden tener éxito en este sociedad si trabajan lo suficiente» son formas de validar el discurso racial, de leernos los cuerpos y establecer diferentes valores coloristas. El racismo siempre ha estado presente en nuestras relaciones sociales.

Si reflexionamos sobre las formas de enfrentar la pandemia COVID-19 en Perú, nos podemos dar cuenta de cómo se ha ido expresando esa cultura discriminatoria y segregada en nuestro país. Las formas de enfrentar la pandemia en distritos considerados “Lima TOP” (como Miraflores, Barranco y Surco), con el cuidado de sus ciudadanos, desinfectando las calles y mostrando excelentes prácticas sanitarias en estas zonas, distan de la difusión realizada por los medios de comunicación sobre distritos como Villa El Salvador, San Juan de Lurigancho y Ate, que se muestran en completo desorden, como si estos ciudadanos no entendieran el problema, como si reforzaran la propagación de la pandemia, etc. Y si mencionamos las medidas diferenciadas entre provincias de selva, sierra y costa, estas diferencias son más marcadas.

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Es importante identificar la responsabilidad que tienen los diferentes sectores de nuestra sociedad con la perpetuación de estereotipos y prácticas racistas. En los medios de comunicación ¿qué representaciones étnico-raciales divulgan?; en la educación básica, ¿qué tipo de información se imparte?; en el acceso a la educación superior, ¿cuántos profesionales afroperuanos se ven en cargos de toma de decisiones? ¿o cuántos afroperuanos o afroperuanas han sido ministros o ministras? Hay que preguntarse cómo los estereotipos étnico-raciales impactan en el desarrollo económico, político y social de pueblos históricamente excluidos.

Las organizaciones afroperuanas, indígenas y aliados antirracistas asumen la responsabilidad de una lucha antirracista en la sociedad peruana, pero es necesario que estas reflexiones se desarrollen en todos los espacios y desde todos los frentes sociales. Este contexto nos invita a repensar cómo están construidas nuestras estructuras políticas, económicas y las relaciones interpersonales. ¿Qué estamos haciendo como sociedad peruana para luchar en contra de esta pandemia mundial histórica y moderna llamada racismo?

(*) PÁGINA EN BLANCO promueve la diversidad. La opinión de los articulistas no es necesariamente compartida por el medio.

Autora: Angie Edell Campos Lazo

Trabaja con Ashanti Perú en diversos procesos de Inclusión social de la Juventud Afroperuana a nivel nacional e internacional. 

Magíster en Desarrollo Comunitario con enfoque en género y diversidad cultural. Profesional en Trabajo Social. Egresada del Programa de Gerencia de Proyectos del Project Management Instituted PMI de la Universidad Nacional de Ingeniería y especialista por ESAN en Marketing.