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Últimas entradas de Jorge Cornejo Casusol (ver todo)

¡Qué manera de iniciar nuestro Bicentenario! A la crisis ambiental, que de manera silenciosa viene generando consecuencias irreversibles para nuestra madre tierra; y la crisis política – que se normaliza en el país en donde distinguidas autoridades han demostrado que pueden hacerlo peor y que sus intereses personales están por encima del Perú – se ha sumado las crisis sanitaria y económica generadas por la pandemia del COVID-19, que visibilizó nuestras grandes falencias institucionales y sociales marcando aun más las brechas existentes.

Y en medio de nuestra hora más difícil como República, una campaña electoral para elegir a las máximas autoridades políticas: presidenta (e), vicepresidentas (es) y congresistas. Una campaña diferente, no solo por realizarse en medio de una pandemia en donde los protocolos reducen las reuniones masivas y exhortan a un distanciamiento social – que no siempre han sido respetados -, sino también por las medidas emitidas para el financiamiento de partidos políticos donde están prohibidas las aportaciones de empresas nacionales o extranjeras (con fines de lucro), así como las contrataciones de propaganda política ante los medios de comunicación de radio y televisión.

Ello propiciaba una campaña con menores desigualdades pero fue distorsionada con la contra reforma aprobada por el Congreso mediante la Ley N° 31046 que amplía el uso del financiamiento público para las campañas electorales, significando un grave retroceso a las reformas realizadas anteriormente, debido que, permite hacer uso del dinero entregado por el Estado a las organizaciones políticas (la cual había estado prevista para únicamente la formación, capacitación e investigación) para actividades orientadas a los procesos electorales convocados e involucrar realización de encuestas, desarrollo de sistemas informáticos o herramientas digitales y procesamiento masivo de datos; es decir los partidos políticos que actualmente tienen representación en el Congreso realizan sus campañas con el dinero de todas y todos, donde estarías incluida o incluido.

Volviendo a la campaña, esta ha sido superficial, fría y preocupante. En donde las candidaturas no han logrado representar a un grupo considerable de la población y los votantes han sido indiferentes en gran parte de ella, evidenciándose una vez más la profunda desconexión entre el país y sus políticos.

Este fenómeno tan complejo podría encontrar respuesta en:

1) La debilidad de nuestro sistema político, en donde gran parte de las organizaciones que participan solo aparecen cada cinco años durante las elecciones y son plataformas movibles sin identidad, que cambian de color, forma y fondo dependiendo de quien haya ingresado meses previos a tomar su condición de “presidenciable” lo que genera improvisación en planes, equipo y propuestas

2) La gran cantidad de organizaciones dentro de este sistema que llevan como nombre de partidos políticos pero no funcionan como tales. Esto genera una gran fragmentación en el campo político teniendo micro representaciones y muchos “presidenciables” con “un dígito porcentual” de legitimidad o aceptación

3) Una incipiente cultura política en la ciudadanía, no siendo suficiente demandar buenos cuadros políticos sino resulta necesario formar parte activa en su formación.

Podríamos decir que estos problemas deben ser analizados y resueltos en otro momento, que hay situaciones más urgentes para atender como la pandemia, la falta de trabajo y nuestra economía pero resulta que son los políticos quienes deben establecer el horizonte para afrontar estas urgencias del país. Mientras no lo resolvamos, el populismo y el extremismo tienen el ideal campo de cultivo para germinar como pasa también en esta campaña electoral.

Al leer estas líneas pareciera que todo está perdido, que el país seguirá en este círculo vicioso, y como escribiría César Vallejo en Masa: “El cadáver ¡Ay! Siguió muriendo”; pero, ¡no! La ciudadanía tiene la oportunidad de corregir esto y estamos a solo dos días de hacerlo pues contamos con la mejor arma en una democracia: nuestro voto.

Recuerda que tu voto no es un trámite que realizas para evitar pagar una multa, con tu voto decides quien debe gobernarnos y representarnos durante los siguientes cinco años. Para ejercerlo, independientemente a quien se lo otorgues, busca a quien ofrezca un camino viable y responsable, a quien construya y concilie en lugar de destruir y separar, quien tenga propuestas producto de un trabajo permanente y no producto de la improvisación, quien no juegue a ser caudillo sino represente a un equipo pero sobre todo quien represente tus valores, pues la falta de valores es otra de nuestras grandes crisis. Así, en el futuro cercano reescribiremos el poema de Vallejo y diremos:   Perú ¡Ay! Siguió resistiendo, y alegre, emocionado, se incorporó rápidamente, abrazó a todas y todos, se echó a andar y nadie lo pudo parar.