Covid
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 Dos personas se animaron a contar la angustia que vivieron mientras esperaban sus resultados de COVID-19

El último 20 de mayo, el Perú superó los 104 mil casos de COVID-19. En las últimas 24 horas, la cifra aumentó los 4 mil 300 contagiados, un registro que aseguraba numerosas preguntas para un gobierno que ya aplicaba más de medio millón pruebas rápidas a nivel nacional, desde el inicio de la cuarentena.

Pero, ¿qué sucede cuando una persona se encuentra a la espera de los resultados de una prueba rápida? Página en Blanco presenta historias sobre la carga emocional que representa la espera de los resultados de un test COVID, su reacción frente a la prueba y las enfermedades mentales durante la pandemia.

“¿Qué me va a pasar?”

El 11 de abril, César Enríquez Severino tenía doble razón para celebrar: su hijo cumplía 26 años y la Dirección Regional de Salud de Piura (Diresa) le hizo una prueba rápida que dio como resultado negativo. Se preguntaba, sin embargo, por qué los síntomas persistían.

“Como padre, uno piensa en que pasará”, asegura César.

El 6 de abril, César sintió el primer síntoma de COVID. “Entre esas fechas, mientras iba al terminal pesquero como un día regular, me sentía cansado, pero al día siguiente volví porque necesitaba trabajar”, comentó.

Fue recién al finalizar la jornada que tenía la certeza de la enfermedad. Los próximos tres días, César registró 38.5 de temperatura corporal y su esposa lo llevó a una clínica privada. Asustados y preocupados, esperaron durante varias horas por una consulta.

Como es usual, el internet desborda información sobre las cosas que pueden estar pasando en un organismo con COVID. La principal preocupación de César era la afección a su pulmón, pero el doctor le confirmó que no era neumonía, aunque la garganta estaba enrojecida por lo que le recetaron unas medicinas para calmar la molestia. Fue el mismo día que la Diresa le aseguró que su cuerpo estaba libre coronavirus.

¿Qué sintió mientras esperaba los resultados?

“Miedo. Lo desconocido siempre te causa temor porque pones a tu familia primero, tu vida, todo, y te preguntas cómo será. El miedo a la muerte es natural, pero como persona se debe enfocar en que la vida es buena y bonita para seguir luchándola”.

Después de haberse realizado las pruebas, César despertaba a mitad de la noche con dolor de pecho y en la parte superior de la espalda. No sabía si los dolores eran físicos o consecuencias propias de la afección psicológica que los síntomas le producía.

Pero el panorama cambió totalmente 7 días después.

Fue recién una semana luego del primer diagnóstico que César Enríquez dio positivo a una nueva prueba COVID-19. Desde esa fecha presentó todos los síntomas típicos de la enfermedad: tos seca y jadeo, pero la fiebre había desaparecido y mientras afrontaba la enfermedad, el permanecía en cuarentena en uno de los cuartos de su casa lejos y cerca a la vez de su familia.

Después de más de 50 días de cuarentena, ¿cómo se siente ahora?

“Sufro de insomnio y me cuesta mucho aceptar el confinamiento. Me despierto a veces a medianoche preocupado. Solía moverme a varios lugares por mi trabajo, pero el aislamiento social, haber pasado la enfermedad y superarla te deja dos sensaciones: el alivio por mi familia y el temor que uno de ellos la contraiga. El sentimiento de culpa es permanente”.

César Enríquez empezó a leer la Biblia, volver a la fe que predica con su familia. Piensa y cree firmemente que esto le ha devuelto la calma y le ha ayudado a superar la enfermedad.

La causa del miedo

El psicólogo Javier Montaño, cocreador de la Fundación Vive, asegura que después de la pandemia, tendremos un diagnóstico psicológico más real de nosotros mismos. Según el especialista, al menos un 50% de las personas en nuestro país se ha dado cuenta de que padece de algún trastorno mental que antes no sabía que padecía.

Asegura además que el círculo más afectado emocionalmente es el más cercano. “Desde que se presenta el primer síntoma y se conoce que un familiar está pasando por una prueba rápida empieza a manifestarse la ansiedad, generada por el miedo”.

¿Es posible mantener la calma?

“Muy difícil, por el panorama diario que vivimos y casi imposible pensar en otra cosa que no sea COVID”.

El especialista asegura que muchos de nosotros vivimos situaciones de estrés constante del que no somos totalmente conscientes.

“Es difícil optimizar la salud mental en nuestro país cuando el tema no toma la misma relevancia que la física”, sostiene Montaño. El presupuesto que el Gobierno peruano asignó para atender la salud mental durante el 2020 fue de 350 millones de soles, antes de la pandemia del coronavirus”.

“Aún falta mucho por trabajar, especialmente post pandemia”. Montaño comenta que en muchas oportunidades y, en algún momento de sus labores, tuvo que gestionar pruebas psicológicas cuando atendía a sus pacientes por la falta de presupuesto en el centro de salud, especialmente en su área.

Asegura que existen estudios que comprueban que la parte física y psicológica están muy unidas, pues si una de las dos no funciona correctamente, de manera casi inmediata afecta a la otra.

“Las personas hoy en día se enferman por el exceso de preocupación que por la dolencia que puedan sentir”.

¿Cómo afecta a una persona que está a la espera de sus resultados por COVID?

“Esta situación desde el primer paso ya supone una alta carga emocional. Pueden existir también histerias colectivas por el hecho que muchas personas se enferman o están graves. Ocasionan situaciones de pánico porque afecta el simple hecho de esperar los resultados que arrojen negativo”, sostiene Javier Montaño.

“La mente es poderosa. Cuando un paciente arroja negativo, toda dolencia desaparece y se da cuenta que la histeria es emocional. En caso de que sea positivo, la mente puede multiplicar dolencias físicas también”, afirma.

¿Volveremos a las calles con la misma sensación que antes de la pandemia?

“Muy difícil”.

“Pensé que era una broma”

Jazmín Cardoza reside en Lima y por el cambio de clima que se venía pensó que tenía una alergia común de su sinusitis, diagnóstico que recibió hacía cinco años. Ese día inició su jornada laboral como un día regular.

Viviendo con una roomate, que regresó a su ciudad natal días después de declararse el estado de emergencia el 16 de marzo, no imaginó que hubiera un contagio o riesgo a tener COVID.

“La idea no la tenía presente porque apenas había salido a la tienda por cosas pequeñas y hacía pedidos por delivery y, como prácticamente vivo sola, la responsable de un posible contagio era yo”.

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No fue hasta el cuarto día que la comida no tenía ningún sabor que empezó a sospechar si tenía la enfermedad y la duda empezó a rondar en su cabeza.

“Ese día no dormí bien y cuando eso pasa, me levanto de mal humor”, comenta entre risas. Era 15 de mayo.

Se monitoreó con un familiar médico por los próximos días. No tenía ningún síntoma, pero la comida no tenía ningún sabor. Como medida, el 16 de mayo acudió a una clínica para realizarse la prueba rápida. Después de un par de horas, el resultado dio positivo.

“Recuerdo que regresé a casa con unas medicinas y una de ellas no podía consumirla por mi alergia por lo que continúe con mis pastillas para mi sinusitis, me dijeron que me aisle y que alguien me atendiera pero le comenté al doctor que yo vivía sola y no me podía dar ese lujo”.

¿Qué sentiste cuando esperabas tus resultados?

“Me dio un poco de miedo. Pero después conservé la calma. Tenía cuatro días desde que, en teoría, tenía el virus, pero no tenía síntomas. Cuando recibí los resultados, atiné a reír un poco porque no pensé en el resultado, solo quería sacarme la duda de la falta de sabor”.

¿Por qué reíste?

“Porque había tenido mucho cuidado. Pensé en un inicio que pudo ser el delivery pero no podría afirmarlo. Recuerdo que regresé a casa pensando que presentaría fiebre o tos seca o siquiera un poco de falta de aire, y nada, absolutamente nada. Lo mejor era pedir una licencia en el trabajo por si empezara a tener síntomas”.

Una prima insistió en ir a su casa, pero la verdad no le parecía necesario porque Jazmín había salido de situaciones más fuertes por sus alergias que se lo tomó bastante tranquila.

Al principio, no le contó a nadie de su familia que tenía el virus porque no quería alarmarlos ni preocuparlos, pero su madre sí le comentó que tomara sus pastillas de su alergia para evitar que el virus ataque.

“Ella piensa que es mi sinusitis y quiero creer que es así para tranquilidad de todos”.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), arrojó que del 20% al 50% de los contagiados por COVID-19 no presentan síntomas. Sin embargo, su aislamiento es vital para evitar la propagación del virus al resto de la población.

¿Qué hiciste después de tener tu diagnóstico?

“Primero me tomé un café y luego medité. En mi caso, la meditación me ayudó a seguir manteniendo la calma. Además, físicamente no estaba bajo ningún riesgo. Cuando empezara a sentir un ligero cambio en mi forma de respirar pediría ayuda para tratar de salvarme, pero a la fecha mi cuerpo ha reaccionado favorablemente”.

“Aquel día compré cosas para dos semanas y no he salido para nada. Durante estos días, he intentado mantenerme positiva y estar distraída con varias cosas. Me parece muy importante que las personas que no presentan síntomas tomen una actitud de actividad constante porque sabemos que si la mente se enferma, el cuerpo también. La actitud lo es todo”.

¿Sentiste miedo por tu familia o tu misma?

“Sí, al principio por mí, pero tomé la decisión de que, si en los siguientes días mi vida estaba igual, entonces no lo comentaría con nadie. En unos días más volveré a tomar un examen y espero salir negativo”.

Hasta el momento, el Perú presenta 155 671 contagiados por COVID-19 y 4371 personas han perdido la vida por esta enfermedad. El Gobierno declaró hace unos días ampliar el estado de confinamiento social hasta el 30 de junio.


Elaboración:

Investigadora: Sofía Salazar Gallo.

Editor: Jair Villacrez.

Fotografía: freepik.