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Birmania (también conocido como Myanmar) marcó el segundo mes del 2021 de una forma convulsa. Los militares tomaron el poder en Myanmar el lunes 1 de febrero y declararon el estado de emergencia durante un año. A pesar de que no se han presentado evidencias, ellos consideran fraudulentas las elecciones de noviembre de 2020, en las que Aung San Suu Kyi resultó ganadora.

Suu Kyi ha sido detenida bajo el argumento de incumplir las leyes de importación y exportación. Además, dos días después de que la arrestaran salió a la luz otro hecho del cual se le acusa: poseer dispositivos de comunicación (walkie talkies), considerados ilegales en el país del sudeste asiático.

El pedido de liberación de Suu Kyi no se ha hecho esperar por parte de organismos internacionales. De hecho, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se pronunció al respecto y pidió la liberación de la dirigente y de otras personas detenidas por los militares, pues tanto ella como otros políticos que ganaron las elecciones pasadas están arrestados. Asimismo, la ONU subrayó la necesidad de defender la democracia, pero sin condenar el golpe de Estado.

Este viernes, el partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND), informó que la exdirigente se encuentra en arresto domiciliario en la capital de Birmania, Naipyidó, y en buen estado de salud. “Está en arresto domiciliario, en su casa, y se encuentra bien”, afirmó Kyi Toe, portavoz de la LND.

Por otro lado, el presidente depuesto Win Myint está bajo sospecha de quebrantar los protocolos para detener la propagación del coronavirus durante la campaña de las elecciones del pasado noviembre. El mandatario fue acusado de ordenar el desplazamiento de más de 200 vehículos para visitar distintas zonas del país en compañía de su esposa, cuando aún estaban prohibidos los encuentros de más de 30 personas.

Mientras que, en Estados Unidos, el presidente Joe Biden afirmó que los militares debían dimitir, y su asesor de seguridad aseguró que la Administración estaba considerando una orden ejecutiva que podría incluir sanciones. “No cabe duda de que, en una democracia, la fuerza nunca debe tratar de anular la voluntad del pueblo o intentar borrar el resultado de unas elecciones creíbles”, señaló el mandatario.

Hasta ahora, en Birmania se había mantenido mayoritariamente en calma después del golpe, aunque se produjeron algunas manifestaciones en diferentes partes del país. Las autoridades militares están atrincheradas en la capital, Naypyidaw. De momento, han evitado entablar contacto directo con los manifestantes.

Ha habido, además, un apagón de internet, que hizo que la conectividad cayera a un 16% de los niveles normales, según NetBlocks Internet Observatory, un organismo que monitorea las redes. Pero el tráfico ya había aumentado a un 50% a las 14:00 hora local (07:30 GMT) de este domingo, aunque el acceso a las redes sociales, incluidas Facebook y Twitter, permanecía bloqueado.

Muchos usuarios evadieron las restricciones en las redes sociales mediante el uso de redes privadas virtuales (VPN), pero el apagón más general interrumpió gravemente su actividad.