Historias y esperanzas de Paramonga

Diego Ato
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A 192 km al norte de Lima, se ubica Paramonga, el primer distrito agroindustrial del país, ahora olvidado por el progreso. Pareciera que solo es recordada por los hijos que aún viven en ella y por los que tuvieron que dejarla. Para Carlos Cadenas Ríos, de 86 años, sigue siendo su hogar. Ahí es donde nació, vivió con sus padres y hermanos, jugó al fútbol, trabajó, amó, crió a sus seis hijos y dio cariño a sus nietos. Él vive solo en su casa en la urbanización San Patricio, donde hasta el año pasado compartía con su querida esposa Irene.

Para alguien que ha vivido en Paramonga y regresa después de 10 o 20 años, no ha habido grandes cambios. Los únicos son aquellos inevitables a los que arrastran al distrito al envejecimiento y descuido de sus calles, y la incapacidad de sus autoridades. Cambian los colores de las fachadas de las casas de los vecinos, los adultos que envejecen y los niños que se vuelven jóvenes. Solo llegan los migrantes que desde hace algunos años abandonan Venezuela. Solo eso cambia.

Retrato de Carlos Cadenas Ríos.

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Siguen ahí su imponente fortaleza, perteneciente a la cultura Chimú y que cumplía la función de un templo astronómico, orgullo de los paramonguinos. También su Plaza de Armas y el Parque Reloj —que se veían más grandes a los ojos de los niños—; la Casa Hacienda y el Chalet de Huéspedes, más conocida como la casa de las brujas porque su estilo neoclásico inglés y que irrumpe en el resto del paisaje arquitectónico resultaba muy curioso para los pobladores.

“No se ha hecho nada”, afirma tajantemente Carlos Cadenas sobre las últimas décadas de su distrito. “Solo un alcalde se preocupó por hacer el palacio municipal. Si miramos las calles, la gran mayoría de ellas no están asfaltadas. A los alcaldes solo les interesa recibir su sueldo. Y qué decir de los funcionarios, que deberían  velar por el desarrollo y el ornato de la población. Ellos están atornillados a su escritorio esperando a fin de mes para cobrar. Si uno va a reclamar algo, te respondes con incoherencias”, comenta. 

Sus padre Manzueto trabajaba en el laboratorio de la fábrica de la azucarera Grace, donde controlaba el pesaje de los tonelajes de caña de azúcar que ingresaba; y su madre Eleuteria, quien falleció cuando Carlos tenía solo catorce, era modista, cosía la ropa de muchas de las esposas de los funcionarios de Grace.

Carlos es el antepenúltimo de diez hermanos: dos hombres y ocho mujeres. Ahora solo cuatro de sus hermanas siguen vivas, dos de ellas viven en Brasil hace casi setenta años, una en Estados Unidos y otra en Lima.

Carlos recuerda muchas anécdotas sobre su infancia y, por supuesto, de Paramonga.

Plaza de Armas de Paramonga. Créditos: Paramonga Tierra de Mis Amores (Facebook)

El pito de las once

Era 1940, y la hacienda Paramonga, que pertenecía a la familia Canaval, ya había sido comprada por la compañía W.R. Grace & Co. hacía unos catorce años —que con la conformación del Complejo Agro Industrial Químico Papelero Grace & Co potencian la producción de azúcar y de papel—. Carlos Cadenas tenía apenas cinco años cuando, el 24 de mayo, las tierras de Lima y Callao temblaron, y con ellas las de Paramonga.

“La hacienda tenía la costumbre de tocar un pito a las 11 a.m. Los trabajadores que laboraban en el día, se iban a esa hora a sus casas a almorzar y regresaban a la 1 p.m. El pito funcionaba con vapor, el encargado debía abrir una válvula para hacerlo sonar. Justo a la hora que este hace sonar el pito, se da el terremoto”, cuenta Carlos. Él supone que, al querer escapar, el hombre dejó sonando la alarma, dado que sonó durante todo el movimiento sísmico y esto lo hizo más tenebroso. 

En ese tiempo, todas las casas eran de adobe, así que muchas de ellas quedaron bastante dañadas. En una zona despoblada donde se encontraba el ganado pusieron carpas para los damnificados. La familia Cadenas tuvo una carpa completa, ya que eran varios sus integrantes. Durante este tiempo, la hacienda mandó a reparar las casas. 

Carlos tiene en su memoria el derrumbe del cine —a los pocos meses se vuelve a construir un nuevo cine— y las muertes de estudiantes. “Antes teníamos la escuela de mujeres y la escuela de varones. En la parte alta de la escuela de varones había un hasta de la bandera. Eso cayó sobre los estudiantes y murieron dos o tres jóvenes”. 

En Lima, el diario El Comercio informaba sobre el terromoto de más 8.2 grados en la escala de Ritcher, que dejaba más de cien muertos y mil heridos en el Callao, y que destruyó parcialmente a Chorillos.

Cuando llega la reforma agraria

“Quien terminaba su primaria y quería trabajar, pedías trabajo en la hacienda. Ibas a una oficina, te preguntaban si querías ser mecánico o electricista, y te decían: ‘Ven mañana, ven en la tarde’. Venían gente de otros lados porque en ese tiempo no faltaba trabajo”, cuenta Carlos Cadenas. Asegura que también les daban oportunidades e incentivos para formarse.

En la escuela de varones, posteriormente, se instala una escuela técnica. Ahí se preparaban mecánicos, electricistas. “Yo estudié electricidad industrial y doméstica. Todo el que estudiaba y aprobaba el curso, recibía un aumento de 10% de su sueldo”, dice Carlos. Él tenía 28 años.

Posteriormente, estudió seis años en una academia de contabilidad que llegó en Paramonga. Salía de trabajar a las 5 p.m., regresaba a casa a cenar y a las 7 p.m. estaba en la academia para sus clases. Así logró graduarse de contador mercantil. Logró el ingreso libre para estudiar en Lima en una universidad particular, pero, como ya tenía familia en Paramonga, se quedó.   

Carlos rememora su tiempo de trabajo para Grace como una buena época, en la que el esfuerzo se compensaba. Funcionaba la meritocracia, y Paramonga iba creciendo con la promesa de convertirse en una ciudad próspera. “Grace no era ningún explotador”, interrumpe en sus recuerdos para defender al empresario norteamericano.

1960. Hombres trabajando en plantaciones de la caña de azúcar. Fotógrafos: Sorensen, Clarence Woodrow y Harris, Eugene V. Colección: Edna Schaus Sorensen and Clarence W. Sorensen Collection. Tomado de Patrimonio Cultural de Barranca (Facebook).

La hacienda contaba con la producción de azúcar y papel. “Había una destilería de alcohol. Paramonga producía vodka y gin. Esa destilería ahora está abandonada. Cuando vino la reforma agraria se perdió un montón de cosas. Separaron el agro por un lado y la industria por otro. Se hicieron cooperativas”.

Luis Soberón A., en su texto Las operaciones del capital extranjero en el contexto de su desarrollo global: el caso de W.R. Grace & Co., explica que la compañía Grace era el productor más grande de azúcar en Perú con su producción combinada en Paramonga y Cartavio, cubriendo aproximadamente el 25% del total nacional. 

Con la dictadura de la Juan Velasco Alvarado y la reforma agraria, el 24 de junio de 1969 se nacionalizaron las haciendas de la costa peruana. Grace & Co. vende Paramonga y Cartavio. El Gobierno dividió el complejo industrial de Paramonga en la Sociedad Paramonga Ltda, dedicada a la producción de papel y productos químicos, y la Cooperativa Agraria Azucarera Paramonga Ltda., cedida a sus trabajadores. 

“De aquí en adelante esto es de los trabajadores”, les dijo el Gobierno. Carlos continuaría en la cooperativa. “Los cooperativistas hicieron mal su campaña. Repetían: ‘¡Ya nadie comerá de tu trabajo! ¡Todos somos iguales!’. Ahora que todos eran dueños nadie quería hacer nada. Se perdió esa jerarquía”, agrega. Él cree firmemente en que a Paramonga le hubiese esperado un gran futuro si hubiese continuado Grace.

Posteriormente, la cooperativa se convirtió en sociedad anónima. La mayoría de de personas vendieron sus acciones; sin embargo, Carlos Cadenas y un grupo minoritario decidieron nunca venderlas.

En 1976, el Gobierno de Francisco Morales Bermúdez firma el decreto que crea el distrito de Paramonga. Hasta ese entonces, Paramonga era una hacienda que pertenecía al distrito de Pativilca.

Carlos Cadenas con los compañeros de trabajo del taller eléctrico en el que trabajó.

Familia y pasatiempos

Carlos Cadenas es llamado por sus nietos como ‘papá Carlos’. Ana, su hija mayor, lo describe como una persona que siempre le ha gustado ayudar, que es muy correcto, honrado, pero con un carácter fuerte.

En 1957, se casó con Irene Giraldo. «Antes habían hermandades religiosas que  organizaban paseos a la playa. Así nos conocimos. Nos hicimos enamorados y nos casamos. La mamá Irene trabajaba en el hospital como auxiliar de enfermería». Con ella pasó 63 años de su vida, hasta el año pasado, cuando lamentablemente la mamá Irene falleció.

En la parte inferior izquierda, Irene y Carlos en uno de los paseos de las hermandades religiosas.

De jovencito practicó el fútbol, incluso llegó a jugar en primera división. «Yo me inicié jugando en el equipo Sport Paramonga en los infantiles. Luego, a los 14 años me pasaron a jugar a primera para reemplazar en un campeonato cuadrangular a mi hermano Néstor, quien había sido llevado a Cartavio para jugar. Esa vez campeonamos», explica.Papá Carlos estuvo en distintos clubes de fútbol.

Carlos Cadenas (derecha) posa con sus compañeros de uno de los equipos de Paramonga en los que jugó.

A papá Carlos le gustaba la cacería y la pesca. «Generalmente, cuando mi papá regresaba de cazar, traía las palomas con plumas; pero una vez trajo una desplumada. Siempre las preparaban con tallarín, pero ese día nos dijo que la hagamos en sopa y que hierva regular porque era una paloma vieja. Luego de haber comido, nos dijo que habíamos comido loro», narra Ana entre risas.

Él salía con un grupo de amigos a cazar o a pescar, aunque en otras ocasiones también lo hacía con sus hijos varones cuando estos eran jóvenes. Más tarde, también con sus nietos.

A sus 86 años, sigue bastante activo —y quizás un poco más renegón—, desplazándose en su bicicleta y visitando a los hijos y nietos que aún le quedan en Paramonga. Piensa en su tierra y lo que pudo ser si la historia hubiese sido diferente.

Ilustración: Diego Ato Cadenas.

Author: Diego Ato

Comunicador por la Universidad de Piura. Cursó el Programa de Extensión Académica de Arte e Ilustración en Corriente Alterna. Coordina proyectos de formación democrática y de promoción de derechos humanos. Escribe e ilustra en la cuenta @Chicodeldrama en Instagram.