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Camila Vera
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#Reportaje

“Qué linda está mi selva, yo te invito a disfrutar”. Así comienza Ritmo de mi selva, un conocido tema de la orquesta sanmartinense Sonido 2000. Pero, de marzo a octubre de 2020, esta fusión de rock y cumbia amazónica no pudo escoltar a los turistas: no hubo. La pandemia paralizó la dinámica de un sector que aporta la tercera fuente de ingresos más grande del país.

En el San Martín de cataratas y exotismo, de naturaleza desmedida y dejos amigables, existe también un apremio por acoger a viajeros dispuestos a usar mascarilla, cargar alcohol medicinal y respetar los turnos de ingreso. A dos cuadras de la Plaza Mayor de Tarapoto se encuentra Shamiro Tours, una de las agencias que cuida del protocolo tanto como de la flora y fauna. David Tocto Zurita, guía turístico de la empresa, recuerda la hora y el día del mensaje que le devolvió una sonrisa: once de la noche del trece de octubre. “Mañana irás a la Laguna Azul”, le escribió su jefe.

Trayectoria

David Tocto Zurita lleva laborando seis años en el sector turismo.

Con seis años en el rubro y dos carreras que avalan su desempeño: Ingeniería de Sistemas y Guía oficial de Turismo, David tiene la certeza de que a sus 29 años está en el sitio adecuado. Él es un piurano que a temprana edad empezó a fraguar su senda; ha vivido en Chiclayo y en Loja, Ecuador, pero se ha instalado en Tarapoto hace más de una década porque afirma que se siente como en casa. “Estoy rodeado de naturaleza, estoy seguro. […] Mis amigos son mi familia”, confiesa.

Daviquito, como los suyos suelen llamarlo, inició su vida laboral en oficina. Se encargaba del marketing de la agencia, pero pronto su espíritu viajero lo empujó a pedir en sus días libres un espacio en el bus: “Llévenme al Alto Mayo”. “Es ahí cuando yo noté que trabajar en el campo es algo diferente, no importa ir cuántos días a ese mismo lugar. Estar rodeado de naturaleza y de personas fue lo que llamó mi atención. Empecé a investigar un poco más, a leer parte de la historia de San Martín… Hasta que un día la agencia no tenía guía y decidió ponerme ahí”, narra el joven que ahora explica a detalles cada curiosidad del panorama: “Ese Asentamiento Humano antes se llamaba Nadine Heredia, por eso, a sus habitantes les decían ‘cositos’. Ahora se llama Óvalo del Sur”.

Con la misma facilidad con que describe las singularidades de la zona, ilustra a los turistas acerca del vocabulario: “Sikisapa significa ‘de caderas anchas’, así se le llama a una hormiga grande, que ya veremos en el camino”. “A veces soy un ‘huayra huma’, ¿saben lo que significa? Olvidadizo”. Asimismo, David suele inducir a las carcajadas: “Aquí el mototaxi es el medio de transporte más común, hasta la abuelita tiene”. “Si encuentran una serpiente, me avisan. Yo le hablo y se calma”.

El azote del covid-19

“Cuando lejos yo esté, extrañándote estaré” es un fragmento de otro popular tema de Sonido 2000, Siempre te recordaré. Pero a David no le hizo falta estar lejos de la tierra que tanto ama para sentir añoranza: la llegada de la pandemia ocasionó que su ocupación favorita se suspenda.

“El turismo fue una de las actividades más perjudicadas. Para mí, los primeros quince días fueron similares a vacaciones, porque aquí nosotros trabajamos por salida: si hoy sales, ganas; si mañana no tienes salida, no ganas. La agencia donde yo trabajo me daba salida todos los días, entonces ya habían sido tres meses en los que no descansaba, así que lo tomé bien al inicio. Claro que después vinieron los quince días más. Ya fue preocupante”, comenta David, quien debía abonar la cuota de la renta y de la alimentación. Sus ahorros lo ampararon el primer mes, pero después fueron sus jefes quienes lo invitaron a su casa y lo ayudaron durante cuatro meses.

En sus ratos libres, el joven leía a la vez que extrañaba el paisaje verde. También vio tutoriales, practicó Excel, diseñó páginas web e intentó crear una aplicación. Taxeó durante un par de meses para generar dinero y, cuando el Estado reactivó los vuelos hacia Tarapoto, sintió que un poco de esperanza regresaba a sus días. “Para mí fue una alegría y al mismo tiempo me sentí nervioso”. Por eso, lo primero que hizo David al recibir el mensaje de su jefe fue repasar el contenido de Amazonía, maravilla natural del mundo, un ejemplar escrito por B. A. Palacios Solsol.

El primer tour

Si antes David les recomendaba a los turistas llevar en todo momento repelente, ahora tenía también la tarea de verificar que usen mascarilla. “Fue diferente trabajar con una mascarilla, con un protector facial, seguir unos protocolos… pero poco a poco me fui acostumbrando”, confiesa. El primer viaje fue de cuatro personas, pero él tenía el corazón colmado al 100%. “No podía ver si estaban sonriendo o no, pero a través de la mirada pude identificar que también estaban alegres”. Se trata de un conocimiento que adquirió en los libros de psicología, porque además de detenerse en títulos como Encuentro de culturas, de Jaime Chung Rengifo, David se preocupa por instruir su empatía.

David Tocto Zurita en la ciudad de Lamas.

Expectativas

“Mientras no termine la pandemia, no hay cura para esto. Vamos a tener que adaptarnos a este nuevo estilo de trabajo, a este nuevo estilo de vida. Cada vez que miro las noticias y veo que ya salió la vacuna, me da alegría”. Es un entusiasmo que le recuerda al tiempo en que dirigía a grupos de veinte o treinta personas. Cuando no existía el temor al contagio, cuando los turistas podían abrazarse y cantar “Estoy llegando a mi pueblo, se siente el olor a tierra mojada, mojada de lluvia mezclada con sol, la selva es amor”, otra tonada de Sonido 2000.

¿Llegaste a contagiarte?, le pregunto. “No, me saqué una prueba y salió negativa, no me he enfermado. Desde el inicio de la pandemia hasta el día de hoy ni siquiera una gripe he tenido. Es por el estilo de vida que llevo, me he cuidado, me he alimentado bien”, responde David. El covid-19 llegó para alejar cuerpos, pero también para acercar esfuerzos: “Si damos una mala imagen, no solo me va a perjudicar a mí o a la agencia, sino a todo el turismo, y sabemos que esta industria es amplia, que abarca varios campos económicos. [….] Si no nos cuidamos nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer? Nadie”. El joven destaca la responsabilidad de cada protagonista en un círculo que todavía tardará en volver a la normalidad –si cabe la palabra–; las proyecciones más optimistas conjeturan que este sector empezará a recuperarse a partir del 2023. Por lo pronto, la reactivación de los viajes internos –solo internos– ha significado un salvamento para restaurantes, agencias, hoteles y, sobre todo, para operarios que como David buscan hacer de su empleo una vía hacia el progreso nacional. Como señaló el presidente ejecutivo de la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú), Luis Alberto Torres Paz: “Todo ello (alianzas estratégicas) también sirven para mantener en la memoria de los turistas internacionales el destino Perú, que es un lugar privilegiado en el mundo”.