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Este año, la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) se realizó, por primera vez, en formato completamente virtual, debido a la situación de pandemia que vive en el país. Página en blanco conversó con los organizadores y protagonistas de esta actividad para conocer sus percepciones. 

En los últimos años, la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) se había posicionado como una de las más importantes de la región y, probablemente, como en el acontecimiento cultural más esperado de Perú. De hecho, en su versión del 2019 había batido el récord de asistencia de 586 900 personas y superó los 20 millones de soles, lo que la convirtió en la más exitosa en la historia del Perú. Este año, los participantes se han multiplicado hasta casi 7 veces, al lograr cerca de 4 millones de espectadores, aunque monetariamente solo haya supuesto 1.2 millones de soles en recaudación.

Si bien esta afectación al sector cultural tiene que ver, desde luego, con la crisis originada por la pandemia de la COVID-19, hay un hecho tiene que ver con la asistencia. En 2019, las personas que participaron de la FIL pagaron, en su mayoría, una entrada para el evento, lo que permitió incrementar en más de 5% las ventas respecto de 2018.

Este año, para la realización del evento, se cambió el Parque Los Próceres de la Independencia por la pantalla negra de los smartphones, las tablets y los ordenadores; la estatua de los tres caballos por funkos o pequeñas estatuillas decorativas de la sala; los picarones y los anticuchos por cualquier cosa de la nevera; las conferencias en sala por videollamadas, las estanterías y escaparates de las librerías y editoriales por canal digital de venta de libros para lograr ecommerce. Esta nueva experiencia, llena de muchos cambios, tuvo que competir, además, con el teletrabajo, las telecompras, la teleducación y la televida, en general.

“Rescato el esfuerzo por mantener la actividad en la virtualidad que es todo un reto, aunque esto no sea comparable con la edición normal». Jaime Cabrera, director del portal Lee por Gusto.

Para Pedro Villa, Director de Contenidos y Relaciones Institucionales de la Cámara Peruana del Libro (CPL), esta FIL ha dejado muchas lecciones. Entre ellas, es que ha impulsado de forma abrupta la digitalización del sector editorial. Esto ha obligado, por ejemplo, a que las tiendas y editoriales que quisieran aparecer en la FIL tuvieran que implementar una tienda virtual. “Hay cosas que han salido bien en balance, cosas que hay que mejorar en siguientes ediciones, porque estos componentes digitales que ha tenido la feria deberán quedar para siguientes ediciones.”, dice.

Villa explica que, para las siguientes ediciones la «virtualidad» tendrá que integrarse con la «presencialidad». “Este proceso de adaptación ha sido muy complicado para algunos, hace falta reforzar aún más la digitalización del sector editorial hacia el comercio electrónico, y esa es una tarea que debemos tener como CPL”, agrega.

Como ya se comentó, uno de los puntos fuertes de la FIL 2020 ha sido la cantidad de espectadores, pues este año llegó a los 4 millones de personas aproximadamente, en comparación con las ediciones anteriores que no superaban los 600 mil. Villa afirma que esto ha permitido que haya peruanos de todas las regiones del país y que viven en más de 25 países, quienes han podido conectarse a los eventos.

“El enfoque que toma la feria este año es fortalecer el sector que se encuentra en problemas. Era dar una oportunidad para que puedan vender. En algunos casos, la FIL representa el 50% de los ingresos anuales para las pequeñas y medianas empresas. Que no se hiciera feria iba a significar un golpe duro porque no iban a poder tener ingresos”, precisa Villa. Además, según los asociados, la FIL ha generado ventas también fuera de su canal de ventas, detalla Villa.

En esta última edición, se han vendido cerca de 27 000 libros. Entre los más vendidos se encuentran Familias peruanas. Más familias de las que imaginas” (Carla Penanno y Urpi Torrado), La distancia que nos separa” (Renato Cisneros) y Sapiens. De animales a dioses (Yuval Noah). Aun así, los ingresos por ventas de esta edición no llegaron a ser ni la décima parte de la edición anterior. Esto también responde a la capacidad de gasto de las personas, un aspecto vinculado a la crisis económica generada por la COVID-19.

“Esta edición tuvo carencias: pocas mesas, falta de editoriales, y no tener un enfoque temático claro desvió la atención. Por otro lado, incluyó mesas equitativas con autoras y autores, también de provincia (poco visibilizados), y un alcance general y gratuito. Si bien con desaciertos, lo considero un buen paso adelante”. Andrés P. Sillo, director de la revista literaria Ruido Blanco.

En cuanto participación de los agentes de la industria del libro, este año hubo 107 empresas, entre editoriales, distribuidores y librerías, frente a las 170 organizaciones que participaron en 2019, año en la que también hubo más embajadas, universidades y entidades del Estado. La reducción en la participación fue casi del 33% respecto del año pasado.

Opiniones encontradas

Para Philippe Vergnaud, director general del Grupo Planeta en Perú, la FIL de este año ha sido positiva por tratarse, a diferencia de otros años, de una feria incluyente para todo el Perú e, incluso, para aquellas personas que viven fuera del país y están interesadas en la oferta cultural peruana. “Esta primera versión digital nos deja muchas enseñanzas y la más importante es que la oferta digital debe repetirse para las próximas ediciones de manera simultánea a la presencial”, sostiene.

Vergnaud rescata el hecho de que el sector editorial haya sabido adaptarse a las condiciones que estamos viviendo y que no haya dejado de brindar una oferta cultural a las personas. «En 17 días, impactar a casi 900 000 lectores con las actividades culturales, personas de todas las edades y con diferentes intereses, es sin duda un éxito, y adicionalmente vender digitalmente, casi 31 000 ejemplares, es igualmente un gran avance para el sector», detalla.

Por su lado, Diego Bardález, encargado de imagen del Grupo La Cultura, señala que ha habido tres grandes deficiencias en la FIL 2020. Indica que primero están los errores propios, pues ellos han sido uno de los que se han visto obligados a vender digitalmente, después de trabajar siete años de forma presencial. “Nos ha faltado previsión en ese aspecto”, comenta.

En cuanto a logística, Bardález dice que Joinnus no fue la mejor opción para vender, ya que no permitía vender libros electrónicos. “Las personas no entendieron cómo comprar, debieron difundir más instructivos que le enseñasen a la gente cómo comprar”, sostiene. Además, asegura que, aunque hubo invitados importantes, faltaron más invitados de peso que pudieran haber llevado a la feria al nivel buscado. “Se ha perdido el brillo de los años anteriores”, manifiesta.

«Esta edición de la FIL demostró que el público peruano se acostumbró a la modalidad virtual, cuya mayor ventaja consistió en la ruptura de las fronteras geográficas y la atracción de público de diferentes latitudes a los eventos en línea. Sin embargo, demostró también que la brecha en temas de acceso a tecnología aún tiene un largo camino por recorrer. La falta de conectividad ha generado que la cultura sea todavía un bien al que puede acceder únicamente quienes cuentan con recursos, reforzando la idea de que el acceso a la lectura también está normado por las limitaciones que una gran parte de peruanos aún tiene.» Gianfranco Hereña, director del portal El Buen Librero.

Por su lado, la directora editorial de Caja Negra, Claudia Ramírez, también cree que hubo muchos inconvenientes relacionados con la plataforma Joinnus. “Muchas veces se cayó, hemos renegado con la plataforma”, comenta. Aun cuando las ventas han sido menores respecto de la FIL 2019, ella rescata el esfuerzo de la CPL por sacar adelante el evento a pesar de la coyuntura que se vive. “Al ser la primera vez que se realiza una feria virtual es comprensible que existan muchos errores”, señala.

Ramírez dice que Caja Negra es una editorial que ya contaba con el canal digital desde mucho antes de la FIL y, por lo tanto, la afectación no ha sido tan grande. “Lo que sí hemos extrañado han sido a los lectores, poder verlos y conversar con ellos. El contacto físico es muy importante. Esperamos que el próximo año podamos regresar al formato presencial”, añade.

¿Qué escenario le espera a la Feria Ricardo Palma?

Pedro Villa indica que es la Feria Ricardo Palma es un tema que aún no se ha decidido, pero que el espíritu de la CPL es promover que esta se realice, aunque deberán evaluar algunos aspectos previos. Por su lado Diego Bardález manifiesta que su sello editorial solo participaría si es que se mejoran las condiciones para las editoriales. “No se trata de hacer una feria por hacer, sino de hacer algo bien pensado. Las editoriales también invertimos dinero para llegar a la feria con una buena oferta”, precisa. En tanto, para Claudia Ramírez, el cambio más importante que se tendría que dar para realizar la Feria Ricardo Palma es un cambio en la plataforma de ventas de la misma.

¿Le gustó la versión virtual de la Feria Internacional del Libro de Lima 2020?


Texto: Paul Montjoy Forti.