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«¿Por qué dicen estar orgullosos? ¿De qué tienen que estar orgullosos?». Es una pregunta que se escucha mucho durante este mes, pero para poder entender por qué se dice «orgullo» y que es lo que esto significa, debemos regresar en el tiempo a los inicios de la marcha del orgullo como la  conocemos hoy. 

La rebelión de Stonewall

Nueva york, 1969. Para las personas  LGTBI+  neoyorquinas, el acoso  estaba en todas partes. Un establecimiento podía ser legalmente clausurado por servir a personas de la comunidad o incluso por contratar a empleados LGTBI+. La mayoría de bares, que  sobrevivían gracias a sobornos, eran víctimas de constantes redadas, en las que la policía utilizaba su poder para arrestar agresivamente a personas que solo iban a bailar y tomar.

El arresto aleatorio de personas queer y trans, tanto en bares como en las calles, solo por su forma de verse, era común, debido a una regla informal llamada “The three article rule” (la regla de las tres prendas) en la que se debía tener al menos tres artículos de ropa que correspondiera a tu sexo asignado al nacer  para no ser arrestada o arrestado por “travestismo”. También era utilizada como forma de humillación: se desnudaba e inspeccionaba a las personas que eran sospechosas de no cumplir esta regla, que no era realmente una ley.

The Stonewall Inn era un pequeño bar frecuentado por personas LGTBI+. Su atractivo principal era ser el único bar gay que permitía que las personas bailaran. El negocio pertenecía a la mafia, estaba descuidado, sucio y el alcohol se mezclaba con agua. Aun así, a pesar de no ser perfecto, era uno de los pocos espacios en los que las personas lGTBI+ podían encontrar a otras como ellas y formar una comunidad juntos, refugiándose de un entorno de odio que prefería mantenerlos separados.

En la madrugada del 28 de junio de 1969, un grupo de personas de la comunidad LGTBI+ se encontraban reunidos en Stonewall Inn, cuando varios policías entraron a hacer una redada. Comenzaron a hacer arrestos, que no tardaron en volverse violentos y abusivos.

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Hay muchas historias sobre quién fue la primera persona en rebelarse, quién fue la primera persona en “lanzar el primer ladrillo” (si es que hubo ladrillos). Entre los que estaban presentes se encontraban Marsha P. Johnson, una autodenominada drag queen, famosa en el mundo artístico neoyorquino y modelo de Andy Warhol, y Sylvia Rivera, una mujer trans, latina, activista de los derechos LGTBI+, famosa por su tono desafiante y poderoso; dos personas que se convertirían en íconos  del activismo LGBTQ y, aunque a ambas se les ha atribuido el inicio de los disturbios, las dos lo negaron.

Fuese quien fuese, lo cierto es que los clientes  del Stonewall Inn se defendieron. Se defendieron con todo lo que pudieron, con toda la fuerza que tenían. Algunas personas lanzaron piedras, otras usaron su fuerza y según testimonios también se pudieron ver «kicklines», dando patadas al aire y cantando canciones improvisadas desafiantemente. La policía perdió el control de la situación.

Los disturbios no terminaron ahí, los residentes de Greenwich siguieron protestando la noche siguiente, y muchas otras más. Stonewall fue lo que marcó el inicio del “gay liberation front”, que fue responsable de organizar la primera marcha en el aniversario de los disturbios de Stonewall. Y si bien este no fue el primer movimiento que luchó por los derechos de las personas LGTBI+, sí fue el inicio de la marcha que se extendió por el mundo y que hoy conocemos como la “marcha del orgullo”. 

Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera

Existen ciertas paralelas entre la actual discriminación  que sufren las personas LGTBI+  a manos de las autoridades y de la sociedad  en el Perú y lo que pasaba en Nueva York en los años 60.

Hay muchos casos  de la Policía utilizando la fuerza bruta y su poder para ridiculizar, humillar y hasta agredir físicamente a personas que forman parte de la comunidad. Casos como los que se pudieron ver en los videos que surgieron durante la cuarentena, o en casos más extremos, los casos de Azul Rojas Marín, una mujer trans que fue golpeada y violada por efectivos de la Policía, y Yefri Peña, otra mujer trans que fue golpeada brutalmente por cinco hombres y que fue ignorada por la Policía cuando fue a buscar ayuda.

La discriminación no viene solo por parte de la Policía, sino de muchos otros lados. Por ejemplo, aunque el contratar a una persona trans no hará que cierre tu negocio, tampoco hay leyes explícitas que las protejan, por lo que muchas no logran conseguir trabajos formales por culpa del prejuicio. Según un estudio de la Cayetano Heredia, un 65% de mujeres trans se ve obligada a vivir del trabajo sexual.

Todo esto sin contar las muertes. En el 2019, se registraron al menos 17 casos de crímenes de odio, en los que personas fueron asesinadas por su orientación sexual. Cada año esa cifra varía, pero la constancia está ahí.

Después de siglos de represión, de violencia, de persecución y de una sociedad que te dice que debes estar avergonzado, el uso de la palabra  “orgullo” no es solo una afirmación,  es una respuesta.


Elaboración:

Autor: Rodrigo del Castillo.

Edición: Jair Villacrez.