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A 41 días de las elecciones, las intenciones de voto de la última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) demuestran que —luego de este quinquenio kamikaze— el electorado sigue buscando algún tipo de outsider por cual decantarse. Para unos, esta figura es el acciopopulista Yonhy Lescano; para otros, el exarquero George Forsyth, quien renunció a la Municipalidad de La Victoria para postular a la presidencia con su partido Victoria Nacional (antes Restauración Nacional) y luego está el ultraconservador Rafael López Aliaga del partido Restauración Nacional, cuyo discurso es parecido al de Donald Trump más la ideología del Opus Dei.

La pandemia ha jugado un rol principal en la campaña que ha hecho prioritaria la subsistencia sobre el debate político. El levantamiento de la cuarentena en las regiones de nivel extremo y la leve baja de decesos por COVID-19 da una falsa sensación de regreso a la «nueva normalidad». No obstante, los peruanos acudirán a las elecciones del 11 de abril, un sólido 89% lo confirma pero el elector sigue a la búsqueda de ese candidato que le muestre una salida a este quinquenio desastroso.

Lescano el puntero polifuncional

En el fútbol, un jugador polifuncional es aquel que puede jugar en distintas zonas del campo, según el esquema táctico. Yonhy Lescano, cumple con esa característica en esta campaña electoral que ha pasado del tercer al primer puesto en un mes teniendo el 11.3%.

Nacido en Puno y educado en Arequipa, Lescano no es ajeno al gran público nacional pues ha sido elegido tres veces congresista (2006, 2011 y 2016) y es uno de los líderes de la «facción provinciana» de Acción Popular (AP) —junto con Moisés Guevara— que marcó distancia con el abrupto gobierno de Manuel Merino, apoyado por la «facción limeña» del partido.

Lescano adapta el discurso de acuerdo a quien se dirige. El candidato de AP sabe que el votante del sur es de tendencias más radicales, pero no necesariamente adepto a una ideología. El acciopopulista adapta el mensaje al medio rural con propuestas como la creación de un Banco Agrario, la no privatización de los servicios de agua y desagüe; así como la instalación de plantas de descontaminación en ríos y lagos. El uso del ama sus, ama aquella y ama llulla, junto con su dominio del idioma quechua lo acerca al campo. Lescano ha logrado consolidarse en el sur urbano con un 20.3% en desmedro de Verónika Mendoza, quien conserva el voto rural.

En el medio urbano, Lescano se proyecta como defensor de los consumidores y contrario a la judicialización de las grandes deudas tributarias como el caso Telefónica. Su discurso se convierte en centro derecha. En medio del debate de la privatización de la vacuna, Lescano es favorable a que privados importen y vacunen a pesar de la limitada producción mundial de vacunas, la modalidad de venta a gobiernos y el esquema de vacunación por vulnerabilidad. Este mensaje compatibiliza con el votante de derecha urbano y de clase alta.

La maquinaria partidaria de AP y la recordación del símbolo de la lampa da a Lescano la plataforma política que ningún otro candidato tiene, incluso a nivel congresal. Ante la caída de Forsyth, Urresti, De Soto y Guzmán —así como la estabilización de Verónika Mendoza en el segundo lugar— favorece a Lescano como un candidato centro derechista ante una segunda vuelta frente a Mendoza.

Los únicos pasivos de Yonhy Lescano se llaman Manuel Merino de Lama y la actual bancada acciopopulista en el Congreso.

El cachascán caníbal de la derecha peruana

Como si se tratara de una pelea pay per view, los principales candidatos de derecha han entrado en una fase de todos contra todos, en el cual el ultra conservador Rafael López Aliaga, del partido Restauración Nacional, ha pasado del 2.4% al 7.6% ascendiendo al cuarto lugar. López Aliaga ha logrado capitalizar la caída de George Forsyth, ha frenado el ascenso de Keiko Fujimori, además de la alta rotación en plataformas de su publico objetivo como Facebook y el canal Willax. Si bien la encuesta fue realizada anteriormente a las declaraciones de López Aliaga respecto del caso Ana Estrada, su simpatizantes consideran su estilo como franco, políticamente incorrecto y apegado al dogma de la Iglesia Católica.

Keiko Fujimori empata con Forsyth en el tercer lugar con 8.1%, después de un leve ascenso en 1.4%. Fuerza Popular tiene un cierto arraigo en el medio rural, López Aliaga le disputa el voto de masculino y de clase alta en Lima metropolitana y, en menor medida, en el norte del país. La receta del albertismo, junto con las entrevistas televisivas que está dando Fujimori, no están funcionando.

George Forysth ha pasado del primer lugar al tercero en menos en menos de un mes, pasando de 13.3% a 8.1%. La mayor exposición a debates políticos y programas periodísticos —a diferencia de su estrategia inicial de salir en programas de farándula y no dar muchas entrevistas— la falta de coherencia en sus propuestas han reflejado su desconocimiento del aparato público. Caída Libre.

Daniel Urresti y Hernando de Soto se ubican en quinto y sexto lugar con caídas de 0.8% y 1.4% respectivamente. El reportaje de presunta compra de testigos en el caso Bustíos ha jugado en contra de la estrategia de mano dura contra el crimen de Urresti. Por su parte, Hernando de Soto se presenta como un candidato un tanto distante y elitista. De Soto presentó un «gabinete de oposición» como adelanto de un potencial gobierno suyo con figuras como el ex canciller fujimorista Francisco Tudela, el ex comandante del GEIN y ex congresista fujimorista Marco Miyashiro y el general EP (r) Williams Zapata. Ambas candidaturas tienen un problema con el auge de López Aliaga.

La caída de Julio Guzmán de 4.6% a 3.1% solo refleja que el Partido Morado —tercer lugar en preferencias congresales— tiene un serio problema con la imagen de su fundador.

Verónika Mendoza y el estancamiento

Como única fuerza predominante de izquierda, la candidata de Juntos por el Perú (JP), Verónika Mendoza se mantiene segunda con 8.9% aumentando levemente en 0.7%. La candidata de JP se encuentra en un estado de estancamiento debido a su principal rival es el candidato de Acción Popular Yonhy Lescano.

El perfil votante de Mendoza es mayoritariamente de sector socioeconómico D/E, urbano, de sexo femenino, mayor de 40 años, de formación básica, generalmente ubicado en el sur rural, norte y centro del país. Lescano compite con Mendoza en el sector socioeconómico C y D/E, la supera en la franja de edad de 25-39 años, también la supera en Lima metropolitana, el sur urbano y levemente en el oriente. Lescano es un candidato urbano y tiene identificación en todo el espectro político.

Mendoza puede tentar consolidarse en el voto del sector socioeconómico C, de 18 a 25 años, de formación superior y ubicado en el centro y Lima Metropolitana que no tiene mucho interés en la política. El reto para Mendoza es conquistar la clase media joven urbana sin generar desapego entre sus partidarios clásicos de izquierda. Moderar o radicalizar el discurso es la disyuntiva de Mendoza para salir de la trampa off-side político que le ha generado la candidatura de Yonhy Lescano.

Ciertamente, 41 días en la política peruana es demasiado tiempo. En las preferencias políticas de los peruanos, el no elige a nadie (ninguno/blanco o viciado/no sabe) lidera con 31%. Esta cifra es muy alta teniendo las elecciones cerca, sobre todo para un país tan personalista como el Perú. En febrero de 2016, Fujimori y Guzmán tenían 30% y 20% de intención de voto respectivamente.

La carrera al Congreso recién comienza

Si bien en enero la campaña presidencial comenzó con mucha apatía, la campaña congresal ha empezado a ser tomada en cuenta por la población. De momento solo Acción Popular, Somos Perú, Partido Morado, Frepap y Fuerza Popular pasarían la valla electoral. Entre los encuestados que no elegían a nadie (ninguno/ blanco o nulo/ no sabe) hay un 23% en disputa. Los partidos deberán ir a la caza de ese 23%, incluso si el peruano tradicionalmente vota «cruzado» (62%).

El bolsón de electores del no eligen a nadie (ninguno/blanco o nulo/no sabe) tanto presidencial como congresal es el botín de todas las campañas, pero también puede ser el voto protesta que la siempre ombliguista «élite» limeña subestime como lo hizo con el Frepap y Unión por el Perú en las elecciones congresales de 2020.

Para la política peruana, 41 días es una vida. Esto recién comienza. Informémonos.