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Hilma af Klint nació en Suecia, en 1862. Su obra marcaría el inicio de un movimiento que cambiaría el rumbo del mundo del arte por completo, sin que nadie lo supiera.

Con su caos, con su orden, con su complejidad y su misticismo, el arte de Hilma af Klint es poderosa, y por un largo tiempo también fue secreta. Cuando murió, le dejó todas sus obras a su sobrino, especificando en su testamento que su trabajo no podía ser visto por nadie, al menos que ya hubieran pasado 20 años desde el día de su muerte.

Hilma estaba creando las primeras obras abstractas del mundo occidental tiempo antes que Kandinsky. Todo empezó alrededor del tiempo de la muerte de su hermana. Hilma empezó a interesarse profundamente por el ocultismo y el espiritualismo. Comenzó a tener más y más contacto con la Teosofía, un conjunto de enseñanzas religiosas y filosóficas esparcidas por el mundo  por la mística Helena Blavatsky o ‘Madame Blavatsky’, como la conocían. Muchos de los escritos de Blavatsky atribuyen su contenido a la sabiduría de los ‘maestros’, seres humanos que habían alcanzado vidas larguísimas y poderes como la proyección de sus almas y que habían sido los reales autores de los textos Teosóficos.

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Hilma formó un grupo con cuatro amigas, que llamaron ‘de fem’ o las cinco. En sus reuniones semanales, las cinco se unían para viajar e invocar a sus guías espirituales, a los ‘altos maestros’, quienes les enseñaban y revelaban cosas nuevas. Todos los descubrimientos que hacían eran registrados en diferentes cuadernos y a través de dibujos automáticos.

Esto no era del todo extraño para la época, en realidad era bastante común para artistas y creativos el estar fascinados por lo esotérico. Sir Arthur Conan Doyle era bastante fanático del espiritismo. Mucho de este mundo oculto estaba dominado por una gran presencia femenina, y es en este contexto en el que el arte de Hilma empezó a tomar forma. La motivó un deseo genuino por graficar los descubrimientos que hacía poniéndose en contacto con seres e influencias más allá de nuestro mundo tangible. Era una libertad completa el descubrir universos diferentes y explorar todo tipo de ideas y preguntas a través de estos medios, preguntas importantes como el inicio de todas las cosas, el origen del universo y el balance de este.

Por esta razón, sus ideas no estaban influenciadas por ningún tipo de tendencia o corriente, era expresión pura que buscaba reflejar un mundo mucho más grande y mucho más interesante del que conocemos, lleno de enigmas emocionantes. Su arte se trataba de retratar lo que se encuentra nublado por el ojo humano. De ahí nace la necesidad de la abstracción.

En 1906, comienza Pinturas para el templo, una serie de obras llenas de colores vibrantes, fuerza y movimiento, que estarían guiadas por los espíritus que encontraba en otros planos, y en la que trabajaría hasta 1915. Esta sería una de sus obras más importantes. Hilma trabajó intensamente, sin saber que debían mostrar las pinturas y sin cambiar ni una pincelada.

El trabajo de Hilma af Klint está lleno de símbolos, como, por ejemplo, los colores azul y amarillo, que hablan de los espíritus femenino y masculino, respectivamente. Todo esto lo plasmaba utilizando formas geométricas como círculos y triángulos, y también formas orgánicas. Ambas se pueden ver acompañadas por espirales, creando composiciones llenas de color.

Muy pocas personas pudieron ver el trabajo de Hilma mientras ella aún vivía. Estaba convencida de que el mundo no estaba listo para entender o valorar su trabajo. Murió en 1944, a los 81 años, dejando en su testamento sus instrucciones, y así sus trabajos quedaron escondidos del mundo hasta finales de los años 60, cuando por fin volvieron a ver la luz del día.

Aun así, después de un tiempo de ser ignorados por museos, en 1986 sus obras encontrarían por fin reconocimiento en Los Angeles County Museum of Art. Mientras Hilma estuvo viva solo dio a conocer su trabajo figurativo y clásico, en el cual pintaba paisajes, que desarrolló para poder tener los recursos económicos para vivir .

Si las cosas hubieran sido un poco diferentes, si tan solo hubiéramos podido conocer su trabajo antes, Hilma af Klint habría sido desde el inicio la precursora más importante del arte abstracto. Ahora, después de tantos años, la influencia de su trabajo está más viva que nunca.


Texto: Rodrigo del Castillo.

Edición: Jair Villacrez.