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Perú, a los inicios de la pandemia, fue reconocido como uno de los países latinoamericanos en ejecutar medidas severas en menor tiempo para aplacar los efectos del COVID-19. Sin embargo, lo realizado en el 2020 no generó los resultados esperados. La crisis sanitaria devino en crisis económica, social y, encima, política en noviembre del año pasado con la vacancia presidencial. Los demás países del mundo ya estaban recibiendo lotes de vacunas e iniciando las campañas respectivas.

El panorama no era alentador, aunque en enero de 2021 el presidente Sagasti sorprendió a muchos con la noticia de que íbamos a recibir 37 millones de dosis de una tal Sinopharm. Empresa de origen chino que, a primera vista, no despertaba sospechas. Un enorme alivio y algo que se podía interpretar como «el inicio del fin de esta pesadilla».

Las preciadas vacunas arribaron a territorio nacional y unos días después todo aquel que perteneciese a la primera línea de defensa contra la pandemia ya estaba siendo inoculado. El escándalo del Vacunagate, la lista de los 487, la viveza inescrupulosa fueron un golpe duro para la inestabilidad de la cual nos estábamos recuperando.

A raíz de los escándalos sobre las «vacunas de cortesía» en las semanas siguientes se puso en tela de juicio la efectividad del producto chino. La desconfianza se plantó desde el Vacunagate y la falta de seguridad para manipular, administrar y distribuir de este escaso bien. Esto germinó con lo publicado hace tiempo en el programa de Beto Ortiz, «Beto a saber». Aquello terminó por minar los pobres intentos del gobierno por ponerse a la par con el resto.

 

Los 37 millones de Sinopharm ahora se han hecho esperar aparte de que aún existe cierto secretismo sobre los resultados de fase III de los ensayos clínicos. Según la Universidad Peruana Cayetano Heredia eso se sabrá en un par de meses. Lo revelado por Beto Ortiz fue parte de unos resultados preliminares. Señalaron que la efectividad era menos de lo que se esperaba. Habrá que aguardar hasta que se tengan los datos definitivos de los ensayos en Perú.

Por el momento se habla de 48 millones de dosis garantizadas, aunque solo una es un contrato definitivo y las otras ya se obtuvieron mientras que el resto es todavía algo que falta concretarse (acuerdo de compra nada más). Ahora estamos atravesando un momento sumamente difícil. Varios voluntarios que participaron en los ensayos de la vacuna Sinopharm hicieron un plantón frente al Instituto Nacional de Salud (INS) porque «Nos hemos visto obligados dada la poca o casi nula comunicación que existe de parte de los responsables del ensayo, nosotros estamos abandonados», indicó la manifestante Evelyn Esquivel.

En adición la principal investigadora de este proyecto dimitió. Ella fue quien sucedió a Germán Málaga luego del destape del Vacunagate. Aseguró que su renuncia se debe a motivos personales. También realizó la apertura del ciego para que los voluntarios que hayan recibido placebo o la «vacuna menos efectiva» puedan ser atendidos.

Las señales son claras y es necesario hacer todo lo posible por evitar más tropiezos y desaciertos en momentos tan cruciales. Se reportaron 11.260 nuevos casos de covid-19 el miércoles por la noche, la mayor cantidad de contagios diarios desde que comenzó la pandemia hace 12 meses, según datos publicados por el Ministerio de Salud. El promedio diario de casos en el país ha aumentado en un 31% desde principios de marzo. Casi el 40% de contagios son producto de la variante brasileña.

Finalmente, tenemos las elecciones más inusuales de nuestra historia. Prácticamente trasladado al terreno de lo virtual. Con complicaciones por la pandemia, meses después de una crisis política, políticos con investigaciones en curso, porcentajes de intención de voto que ningún candidato logra pasar del 20%. Se percibe un desaliento y descontento social evidente. Definitivamente nuestro bicentenario no pasará desapercibido porque no sabemos lo que nos espera.