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#Crítica

Los abrazos largos, de la escritora Karina Valcárcel, editado por Paracaídas Editores, es un libro compuesto por pequeñas prosas. Lo encuentro bastante ameno. Uno, cuando lee libros de esta naturaleza, busca encontrar un texto que, dentro del juego literario, transmita una visión distinta de la realidad cotidiana. Encontrar en lo escrito parte de sus pensamientos y  recuerdos. Lo amargo, lo infantil, lo humano se convierten así en pequeñas líneas que rompen el molde de lo común. Este libro tiene eso, permite que el lector se adentre en los vericuetos internos del autor. Karina consigue eso, nos invita a conocerla, sus temores, sus alegrías, a través de un juego cuyas reglas solo conoce ella.

A pesar de que las prosas no tienen ilación las unas con las otras, trasciende el cariño maternal. Karina ve a Joaquín y lo compara con ella misma. Los miedos generacionales, las taras emocionales que no quiere heredarle, la alegría. El niño se convierte así en un personaje mítico que nos acompaña desde el inicio. Nos abraza largamente. Hay poesía y sonido. Los diversos temas, el sexo, el amor, la niñez,  nos van introduciendo al mundo de la autora. Nos dan luces de cómo es su día a día. Está plagado de sensaciones, colores y formas. Dinosaurios es muestra de ello. Lo femenino está presente y es algo bueno, dota a sus letras una voz propia. Tiene fuerza e impacto. Le gusta mirar cómo cae lentamente desde su vulva, cómo se desprende de su cuerpo, cual si fuera esta el cascarón de un huevo que alguien coge y parte al azar y lo vierte en cámara lenta sobre una sartén.

Es de lectura rápida, pero no por eso deja de ser generosa. Detrás de las letras claras hay conceptos y; detrás de estos, profundidad. (Post coitum omne animal triste est)

No pierdo la fe porque espero que algún día crezca un frondoso limonero que me abrace, un árbol fuerte que quiera ser mi casa y que eche raíces sin temor sobre mi pecho. (Agricultura)