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París, Bretón y el primer encuentro con la poesía

César Moro no era su verdadero nombre, sino un nombre con el que se encontró y que adoptó por el resto de carrera como artista invisible, o casi invisible.

Nació Alfredo Quíspez-Asín Mas, el 19 de agosto de 1903 en Lima, de la cual se alejaría por una buena porción de su vida. Hay algo de misterio que sobre la vida de César Moro, que contrasta con la naturaleza brillante de sus palabras. A pesar de su contacto con algunos de los exponentes más importantes del surrealismo parisino, su vida la pasó en un relativo anonimato y mucho de ella quedó sellada por una privacidad intencional, mezclada con los prejuicios de sus colegas y el pasar de los años.

Puedes escuchar el Podcast de esta nota aquí:

Pero vayamos al inicio de la historia, o la parte que sí podemos conocer. Todo empezó con el baile. En 1925 César se mudó a París con 22 años.  Se fue huyendo de una sociedad limeña cruel y llena de valores conservadores e hipócritas de los que él no podía esperar alejarse.  Allí comenzó a estudiar ballet, pero Después de un tiempo tuvo que dejarlo, aparentemente por motivos de salud, sin embargo su deseo de hacer arte, y su amor por la expresión y el ritmo permanecerían en él.

Después de explorar las artes plásticas con dos exhibiciones, en 1928 comenzó a escribir poesía en francés. Conoció a André Breton, quien lo introdujo al surrealismo, al cual Moro se entregó por completo,  participando activamente del movimiento.

Para Moro el surrealismo era algo liberador, una forma de cambiar no solo el mundo del arte sino el mundo entero, de romper las reglas y dejar de lado lo convencional, lo racional y las barreras, una forma de explorar los universos que hay dentro de uno de una forma completamente nueva a través del arte.

A pesar de su admiración y amor por el surrealismo, la relación entre Moro y el grupo no fue la mejor del mundo. Si bien Breton y el resto de los surrealistas tenían una visión bastante libre para a época, Bretón tenía un particular problema con la homosexualidad, y César Moro era homosexual. Esta tensión lo excluyó, convirtiéndose en una especie de surrealista solitario, separado de un movimiento cuyos manifiestos había firmado.

La poesía de Cesar Moro tenía mucha honestidad, bien metida dentro de la riqueza de su universo personal sensible y lleno de texturas. Era una honestidad salvaje y a veces tan cruda como bella, hablando del amor, del mar, de lo dorado y de la muerte. Poemas como «Lettre d´amour» muestran un mundo introspectivo y sensorial, lleno de vivas imágenes y fuertes emociones.

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Amor y México

Después de unos años en Lima, dónde organiza la primera exposición surrealista de Latinoamérica, Moro se mudó a México. Ahí conoció a  Antonio, con quien pasaría 10 años de su vida, amándolo y dedicándole poesía, Poesía que mostraba un amor de manera explícita, con todas las letras y sin miedo. Ahí es donde nace «Carta de amor» un poema en el que deja ver por completo la intensidad de sus sentimientos, su admiración completa por el cuerpo
del sujeto al que describe. Esta clase de desnudez es bella por si sola, y lo es aún más si consideramos lo mucho que Moro había sufrido, desde su vida en Lima hasta su vida como artista en Europa, a causa de su sexualidad. Este periodo está plagado de poemas como este, lleno de alusiones a la vida que compartían juntos, dejándonos un retrato de todo lo que pasaba por su cabeza y su corazón. También se podría decir que es su periodo más intenso, emocionalmente.

En 1940 Moro y Bretón se encargaron de organizar la cuarte exposición internacional para la Galería de Arte Mexicano. Es en este tiempo también en el que las entre ellos llegan a su clímax después de que Bretón hace pública su desaprobación de la homosexualidad.

Después de una década César y Antonio terminan su relación, Moro regresa a Lima, estando su madre enferma, y Antonio termina casándose y empezando una familia.

 

Fragmento de «Carta de Amor»:

…Pienso en tu cuerpo que hacía del lecho el cielo y las montañas

[supremas

de la única realidad

con sus valles y sus sombras

con la humedad y los mármoles y el agua negra reflejando todas las

[estrellas

en cada ojo

 

¿No era tu sonrisa el bosque resonante de mi infancia

no eras tú el manantial

la piedra desde siglos escogida para reclinar mi cabeza?

Pienso tu rostro

inmóvil brasa de donde parten la vía láctea

y ese pesar inmenso que me vuelve más loco que una araña

[encendida agitada sobre el mar

 

 

Y al final, Lima…

1946, César Moro retornó a Lima para vivir lo que no sabía serían sus últimos años. Comenzó a enseñar Francés en el colegio Leoncio Prado, dónde enseñó a Mario Vargas Llosa.

«recuerdo imprecisamente a César Moro: lo veo, entre nieblas,dictando sus clases en el colegio Leoncio Prado, imperturbable ante la salvaje hostilidad de los alumnos, que desahogábamos en ese profesor frío y cortés
la amargura del internado y la humillación sistemática que nos imponían los instructores militares. Alguien había corrido el rumor de que era homosexual y poeta: eso levantó a su alrededor una curiosidad maligna y un odio agresivo que lo asediaba sin descanso desde que atravesaba la puerta del colegio».

Según Mario Vargas Llosa, César Moro nunca tuvo un interés particular en ser conocido. Muchos de sus textos fueron publicados póstumamente y sólo fue reintroducido a las antologías surrealistas después de muchos años. Tal vez en vida no fue tan reconocido como debió ser, y tal vez en otros tiempos la vida y las artes habrían sido más bondadosas con él, sin embargo hoy tenemos la oportunidad de sumergirnos dentro de sus palabras y recordarlo.


Texto: Rodrigo Del Castillo.