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Jair Villacrez

#Perfil

El 22 de enero se cumplieron 40 años de la muerte de la mujer que, pese a su gran aporte a la lexicografía, no fue aceptada en la RAE cuando intentó obtener un lugar entre los académicos.  

Sola y desde casa, María Moliner escribió a mano, durante 15 años, la obra lexicográfica más completa de la lengua castellana, el Diccionario de uso del español, cuya trascendencia fue tal que llegó a influir en gran medida en los diccionarios de la propia Real Academia Española. Sin embargo, pese a su gran contribución a la lexicografía, Moliner fue rechazada cuando intentó obtener un sillón en la RAE, en 1972. La razón por la cual fue descartada todavía resulta sorprendente para muchos: su género, el ser mujer.

Hoy no cabe ninguna duda del aporte que esta lexicógrafa y bibliotecaria española ha dado a la lengua castellana. De hecho, su diccionario, que tiene dos tomos y cerca de 3 000 páginas en total, es de los que más ha trascendido en la historia de la lengua. Ese es también otro de los motivos por el que ahora recibe muchos homenajes en su nombre, incluso de la propia Academia, la cual reconoce que hubo “discriminación”, pero se la atribuye a la cosmovisión de la época, a la tradición de no aceptar mujeres en determinadas instituciones.

Inclusive, el actual director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, lamenta este hecho: «Era la cultura de la época: la RAE no es la culpable de la discriminación de mujeres sabias. Entonces estaba vivo el antifeminismo, y la Academia no es culpable de ese machismo recalcitrante».

Créditos: Genoveva Pitarch.

Era la cultura de la época: la RAE no es la culpable de la discriminación de mujeres sabias. Entonces estaba vivo el antifeminismo, y la Academia no es culpable de ese machismo recalcitrante.
Santiago Muñoz Machado, director de la RAE.

Si Moliner hubiese sido aceptada en ese entonces, habría sido la primera mujer en ocupar un lugar en la Academia. Sin embargo, ese año, en 1972, se nombró al lingüista Emilio Llorach. Y aunque Moliner no generó ningún tipo de reacción, la sociedad española se escandalizó por este hecho, debido a la notoriedad e importancia que tenía su diccionario en esa época.

Pero en una ocasión, durante una entrevista, dijo con ironía y con cierto orgullo dolido: «Si el creador de mi diccionario hubiese sido un hombre, todo el mundo se preguntaría: ‘¿Por qué no está ese señor en la Academia?’».

Al año siguiente, la propia RAE reconoció la labor de Moliner con el premio Lorenzo Nieto López, que distingue a las personas por sus trabajos en pro del idioma. Aun así, nunca se le dio un sillón en «la casa de las palabras», pero ella siguió trabajando arduamente en su aporte a la lengua.

Muñoz Machado la describe como una mujer que no se rendía fácilmente. «Quería competir y lo hizo formidablemente, aunque no fuese una obra técnica perfecta —un diccionario nunca acaba de hacerse—. Lo hizo sola y compitiendo contra todos los académicos: es de un enorme mérito, y merecía entrar en la RAE», reconoce.

María Moliner nació en Zaragoza, España, en 1900. Tuvo cuatro hijos con Fernando Ramón, catedrático de Física con el que se casó. La loable labor de esta lexicógrafa también se debe al hecho de que, cuando empezó a escribir su diccionario, en 1953, España estaba bajo la dictadura franquista, que duró desde 1936 hasta 1975 (con la muerte de Francisco Franco).

Era una época muy complicada para el país ibérico, pues toda la gente que se dedicaba a las letras tenía muchos problemas. Y, además de eso, Moliner hizo algo que no era común entre las mujeres de la época: participar en la labor intelectual.

Créditos: El Periódico de Aragón.

Si el creador de mi diccionario hubiese sido un hombre, todo el mundo se preguntaría: «¿por qué no está ese señor en la Academia?»
María Moliner, durante una entrevista.

A eso se debe sumar el hecho de que, en esa época, las mujeres que se dedicaban a otras labores que no fueran las propias del hogar muchas veces eran socialmente juzgadas por «robar tiempo a la familia». Inclusive, Moliner escribió en la dedicatoria de su diccionario lo siguiente: «A mi marido y a nuestros hijos les dedico esta obra terminada en restitución de la atención que por ella les he robado».

Cuando Moliner trabajaba en su monumental proyecto, se aislaba para trabajar con una intensidad tremenda, como cuentan sus hijos. Era una labor diaria e individual. Su hijo Fernando Ramón Moliner cuenta que su madre tomaba muy en serio sus tiempos: “Mi madre sacaba tiempo antes de ir a la biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid. Madrugaba, trabajaba, y luego siempre había que quitar las cosas de la mesa para poder desayunar”.

María Moliner Vivió hasta los 81 años. Poco antes de su muerte, sufrió de arteriosclerosis cerebral, enfermedad que le ocasionaba pérdida de la memoria y que también le dejó sin habla. Así de paradójica fue su vida: una mujer que, pese a su gran aporte a las letras, no fue admitida en «la casa de las palabras» por puro sexismo de la época y que, antes de morir, se quedó sin palabras.

Créditos: Claudia Piñeiro.

A mi marido y a nuestros hijos les dedico esta obra terminada en restitución de la atención que por ella les he robado.
Dedicatoria de María Moliner en su diccionario.