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Diego Ato

#Crónica

Cuatro mujeres van haciéndose un espacio en la ilustración en el Perú. Sus historias reflejan un viaje —que no ha terminado—, en el que no siempre se supo la dirección que había que tomar y en el que la incertidumbre se ha asomado por momentos. Poco a poco, han ido descrubriendo sus capacidades y su pasión para vivir creando imágenes, personajes, historias y comunicando ideas mediante diversos materiales y técnicas.

Buscando un lugar en el mundo

Cuando Andrea Gago (34 años) terminó de estudiar diseño gráfico, comenzó a trabajar en agencias de publicidad. No estaba del todo contenta. En el 2008, en un viaje en Argentina para asistir a un festival de diseño, se encontró con la ilustración. “Me pregunté: ‘¿Por qué no hago yo esto?’. Empecé a investigar y leí la biografía de algunos ilustradores que me llamaban la atención. Encontré que la mayoría había estudiado arte”, cuenta.

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Motivada por los artistas que había descubierto, empezó a ahorrar y, al poco tiempo, inició sus estudios en arte. Inició con pintura y luego cambió a grabado. Estudió dos años y medio seguido, y luego fue alternando con el trabajo. No terminó la carrera, pero aprendió muchas técnicas, como serigrafía y dibujo en piedra, que más adelante le serían muy útiles. Comenzó a hacer ilustraciones en cerámica, mientras, poco a poco, iba participando de exposiciones como ilustradora.

“Me ubiqué en la ilustración como algo en lo que buscaba. En el diseño gráfico no lo encontré totalmente porque era hacer piezas para gustar. Me pasaba que me decían que mi línea era muy artística. Cuando estudiaba artes plásticas, me decían que era muy gráfica. Creo que la ilustración es el punto medio entre lo artístico y lo gráfico”, comenta Andrea.

Créditos: @Andrea.Gago86

Al finalizar la carrera de audiovisuales, Alma Libé (31 años) emprendió un gran viaje “a dedo” en Colombia, México y Centroamérica. Durante el recorrido, empezó a vender pequeños dibujos a un dólar para solventar sus gastos. La gente le decía que los personajes que creaba parecían salir de un cuento. Ese fue su primer contacto con la ilustración.

“Después de eso, no paré. Me fui interesando más por el texto, las historias y comencé a hacer narraciones orales”, dice. Alma Libé cuenta que la ilustración le permitía expresarse con más libertad, lo que no halló en su carrera, ya que se sentía muy limitada al tener que narrar por medio de la computadora o una máquina.

Para Alma, ilustrar es parte de lo cotidiano: “Para mi dibujar y hacer cosas con mis manos es muy importante en la vida, sino la existencia sería demasiado difícil”.

Créditos: @Almalibe3

Andrea Vela Alarcón (33 años) es de Iquitos, y el año pasado publicó ABC del Perú —libro en el que Ediciones Pichoncito ilustra las rimas de Chiara Roggero—. Para ella, su historia es la típica: la “chiquita” a la que le gustaba dibujar. “Tenía 5 años y me gustaba dibujar personas”. Pero no creció en un hogar en el que la estimularan a seguir una carrera artística. 

Ella estudió comunicación y se especializó en temas de desarrollo. En su trabajo, siempre ha estado vinculada a procesos creativos y a las comunidades. Se había distanciado un poco de su lado artístico hasta que, en un proyecto, tuvo la tarea de crear una publicación. Fue el momento de volver al dibujo. “Me di cuenta de que mi trabajo podía enfocarse en hacer ilustración y en el lenguaje comunitario”.

La ilustración no ha sido su trabajo a tiempo completo, pero cada vez le han llegado más proyectos. “El camino llega como si el universo te fuera mandando pistas. Si disfrutas hacer esto, ¿por qué no le das más atención? Ahora que estoy haciendo mi doctorado, la ilustración es también ese escape de lo otro”.

Créditos: Garry Tutte.

Natalia Revilla (39) estudió la especialidad de pintura. Después de egresar, continuó un diplomado que le permitió desarrollar paralelamente la programación web y el diseño gráfico. Comenzó a dedicarse a la ilustración porque, cuando recibía encargos de trabajos artísticos, muchas veces también le pedían que desarrollara los elementos gráficos.

“En las artes plásticas trabajas contigo misma. Lo que me gusta de la ilustración es que trabajas con un equipo, desde la persona que te contrata hasta con quien que llevas a cabo el proyecto final. Es interesante que alguien te proponga un proyecto sobre una idea que tenga y que, en cojunto, se llegue a la traducción de estos pensamientos en una identidad visual”, explica Natalia.

A ella le gusta dibujar tanto de manera digital como análoga. “Me parece interesante que la ilustración no solo llegue a lo digital, sino a lo que llegue a la impresión”. Además, realiza muchas técnicas de la ilustración como el calado y la tridimensionalidad en papel.

Créditos: @Nat.Revilla

Vivir, soñar e ilustrar

Alma Libé cree que, si uno quiere realizar algo que le apasiona, siempre hay maneras de encontrar un camino. En su caso, desde hace seis años ha ido empujando este sueño. “Hago un poco de todo. Tocaba charanga en los autobuses, tenía un teatro de títeres y mayormente hacia ilustraciones pequeñas que podía trasladar. Ahora que me he podido establecer, logré sacar un libro”.

Ella se refiere a El espíritu de las montañas, un proyecto que inició como una narración de títeres y que, tras un arduo esfuerzo, se convirtió en un libro que autopublicó. Se trata de una historia propia con elementos y creencias de la cultura peruana sur andina. “Nunca pensé qué podría suceder. Siempre que acaba la función en algún lugar, la gente me decía si no tenía la historia impresa. Empecé a pensar que sería posible hacerlo”.

Al inicio, Alma tenía la esperanza de que alguien le publique, pero luego creyó que iba a ser imposible porque no era una ilustradora conocida. Se tardó cuatro años entre perfeccionar las ilustraciones y la historia, conseguir el dinero y poderlo materializarlo. Su persistencia se lo permitió.

Ahora continúa con un nuevos proyectos, como el de “cartografías íntimas”, donde retrata espacios íntimos de personas. También continúa con lo escénico, armando títeres, y utilizando técnicas como el collage.

Créditos: @ElAmbulanteAudiovisual

“Desde que fui a Argentina, me volví una compradora compulsiva de libros para niños”, cuenta Andrea Gago.  “Cuando fui mamá, encontré la excusa para seguir comprando más libros”.

Andrea ha escrito e ilustrado La discusión (Editorial Polifonía), un libro de cartón para niños, y se encuentra actualmente trabajando en su segundo libro. Dice que ser mamá le ha ayudado en la creación, pues le ha hecho recordar el ser niña nuevo. Se ha visto reflejada en su hija, con quien también ha podido compartir muchos libros y lecturas.

No siempre se enfocó en la ilustración infantil. En un comienzo trabajaba mucho en blanco y negro con carboncillo. Sus temas eran un poco más “oscuros”, pero, cuando empezó a hacer cerámica, surgió  su parte “infantilona”. La exploración es continua. Ahora se encuentra utilizando el collage, y buscando en la infancia, en los miedos, e ilustrando muchas casas y escenas del hogar.

“Durante la pandemia, he estado dibujando muchos paisajes, porque me imagino que he estado extrañando la naturaleza, el contacto con la tierra, el pasto, las plantas”, asegura.

Créditos: @Andrea.Gago86

Temas, diálogos y toma de posiciones

Aunque Natalia Revilla trabaja a pedido de clientes y también desarrolla una gráfica personal. A lo largo de su trayectoria le ha interesado la relación que se puede tener con la violencia y cómo esta se desarrolla en la esfera personal y pública.

Por ejemplo, en su serie Quemados —trabajo seleccionado en el 2020 para la muestra “Women to Watch – Paper Routes” del National Museum of Women in the Arts de Washington D.C.—, toma imágenes de periodos de tensión política en Perú y de álbumes familiares. Aquí ilustra personajes y espacios acompañados de huecos y cenizas producidos intencionalmente por el fuego.

“Me interesa tomar imágenes que pueden confundirse, que, si bien pueden ser extraídos de fotografías personales, puedan hablar de temas más universales. Suelo tener solo a los personajes sin demasiada información para que funcionen en diferentes tipos de contextos”, explica Andrea.

Cree, además, que es posible impulsar cambios por medio de la ilustración. Dice que, durante las marchas en contra del expresidente Manuel Merino, ha observado una gran cantidad de carteles que han sido potenciados por la ilustración. “Hay algunos mensajes que son mucho mejor transmitidos cuando son de esa manera. Creo que, mediante lo visual, a algo que parece pesado, difícil, se le puede dar otra mirada que se pueda digerir de otra manera”.

Créditos: Natalia Revilla

A Andrea Vela Alarcón le interesan las causas sociales y estas influyen en su trabajo. Menciona que uno de los temas que trata de movilizar por medio de la ilustración es la relación entre el estractivismo y la violencia de género. También ha ilustrado en relación al movimiento Black Lives Matter y cuestiones relacionadas con el aborto seguro.

Aunque Andrea siempre está haciendo ilustraciones, no publica todas. Cuando sí salen a la luz es porque se siente muy comprometida e informada respecto de los temas. Ella evitar caer en la presión de producir inmediatamente ante una causa social, ya que siente que hay una responsabilidad al hacerlo.   

“Me generan diferentes conflictos. Si quiero poner algo social, quiero estar super informada al respecto para no hacerlo simplemente para ganar likes. Sé que me van a venir críticas o elogios, y quiero estar informada”, expresa.

Andrea también ilustra sobre la Amazonía. Incluso, su primer libro fue sobre la leyenda del Ayaymama (un ave de la selva) y actualmente tiene como proyecto personal el realizar un libro que ilustre palabras propias de la selva como sachaculantro, sachavaca, buchisapa. Ella se inspira en la naturaleza, en la magia, en lo oculto, en los espíritus. “Manuelita, quien era la persona que me cuidaba cuando era niña, siempre me contaba sobre el Chullachaqui, la sirena, el Tunche (seres míticos y fantásticos de la selva). Esas cosas informan un montón mis inspiraciones, mis referencias”.

Créditos: @its.allegra

Perú y la ilustración

Andrea Gago piensa que, desde el 2008 a este momento, hay más interés sobre la ilustración en Perú. “En la Feria del Libro se hace un encuentro de ilustración. Hay muchos más espacios dedicados a esta actividad. Veo que varios compañeros de la universidad ahora ilustran. Sin embargo, como toda actividad artística, es complicado vivir de ella”.  

Natalia Revilla coincide con ella. Considera que la ilustración no está bien valorada ni bien pagada en Perú, pero que, poco a poco, se le está teniendo más en cuenta como una profesión, ya que hace algunos años era más común que se confundiese el trabajo del ilustrador con el de un diseñador. También cree que las redes sociales han permitido que la gente pueda compartir sus portafolios y llegue a más públicos.

Créditos: @Nat.Revilla

Debido a la pandemia, los proyectos de muchos artistas se retrasaron; otros, se perdieron. A pesar de eso, estas cuatro peruanas siguen su camino. Toman acuarelas, témperas, óleo o pintura acrílica; lápices de color, carboncillo, grafitos, marcadores o estilógrafos; papeles, cartones, periódicos, revistas, madera, telas, o cualquier otro material, con el que puedan ilustrar y lo hacen.

Crean escenas de animalitos humanizados en situaciones del cotidiano. Representan mujeres dando vida o mujeres que en realidad son mitad seres fantásticos. Dibujan las increíbles criaturas de la naturaleza o de los mitos y leyendas con los que han crecido. Ilustran el miedo, la incertidumbre, el peligro, la violencia, el amor, la intimidad y lo abstracto.

No hay duda de que sus historias continúan y de que aún queda mucho por ver sobre sus trabajos, que en el futuro habrá que seguir escribiendo.

Créditos: @its.allegra

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