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Camila Vera
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La pandemia ha reconfigurado las agendas propias y las gubernamentales, pero no ha anulado las festividades del calendario. A vísperas de la navidad, la población continúa buscando maneras para cuidar la distancia y, a la vez, mantener cerca los corazones de las familias.

Este 2020 ha alterado incluso la percepción acerca de los villancicos: “Los niños del Perú alegres cantando van al portal de Belén, que ha nacido el niño Jesús”. ¿A dónde? No, no pueden moverse de casa… “Al niño Dios le llevamos un ponchito de color, un chullito muy serrano, zapatitos de algodón”. ¿Llevar? ¡No! Envía un delivery.

Página en blanco reúne los testimonios de cinco peruanos cuyas fiestas navideñas tienen ahora un matiz pandémico: además de la mascarilla y el alcohol, hay también una creatividad para que las tradiciones superen los horarios y los trechos, porque “él nació en Belén, muy lejos de aquí, pero aquí en mi tierra al niño Dios vamos adorar”.

La primera navidad fuera de casa

Mario junto a su abuela Pina, su hermano Coco Peña y sus sobrinos en la Navidad de 2018.

Mario Peña Landivar pasó su cumpleaños número 28 en el hotel Dazzler (San Isidro, Lima). No se trataba de una reservación con fines festivos, era más bien una cuarentena en soledad luego de que resultara infectado de covid-19. El 23 de mayo figuró como un día más de los 55 que el ingeniero civil permaneció “sin ver a nadie, sin recibir un abrazo ni un apretón de manos”, comenta.