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Roberto Duran

Pasada la primera vuelta de las elecciones, el domingo pasado se publicó, en el programa Cuarto Poder, la última encuesta urbano -rural de Ipsos Perú.

A siete semanas de la segunda vuelta del 6 de junio, el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, lidera las preferencias con un 42% mientras que Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, tiene 31%.

Si bien Castillo parte con una ventaja de 11% por encima de Fujimori, los resultados de Ipsos Perú marcan el partidor de la segunda vuelta, en el que los candidatos pueden afianzar o reconfigurar sus estrategias de campaña. Es la tercera vez que Keiko Fujimori llega a segunda vuelta.

Al momento de realización de campo (15 y 16 de abril), un 67% ya tenía decidido su voto por uno de los candidatos en lid; sin embargo, un 29% seguía buscando información sobre los candidatos y un 4% no precisaba su decisión. Un nada desdeñable 32% en lid.

El antivoto como norte identitario de las preferencias

Como resultado de los eventos histórico-políticos del país, un grupo no menor de peruanos ha construido su identidad política desde el rechazo a una ideología o movimiento político. El antiaprismo, antifujimorismo y antiizquierdismo son identidades políticas capaces de aglutinar votantes que, a primera vista, no se unirían bajo una candidatura.

De acuerdo con Ipsos Perú, Castillo partiría con una mejor percepción ciudadana, con un 34% de los encuestados que definitivamente votaría por él y un 18% que podría votar por el él. Por otro lado, tiene un 33% que definitivamente no votaría por él, un 8% que probablemente no votará por él, el 4% no lo conoce y un 3% no precisa. Puede avizorarse un antizquierdismo duro en el 33% de rechazo a Castillo. El «ideario» de Perú Libre presentado al JNE, las posturas de extrema izquierda de figuras políticas de PL como Vladimir Cerrón, Dina Boluarte o Guillermo Bermejo, el no distanciamiento de Castillo de estas posiciones y los posibles nexos de este último con un sector radicalizado del magisterio. Todo dentro de una atmósfera de macartismo y «terruqueo» que solo tenderá a intensificarse.

Una posición más complicada la tiene Keiko Fujimori. La candidata de Fuerza Popular parte con un 20% que definitivamente votaría por ella, un 15% que podría votar por ella. En contraste, Fujimori tiene un contundente 55% que definitvamente no votaría por ella y un 5% que probablemente no votaría por ella. Acompañan a estas cifras un 2% que no la conoce y un 3% que no precisa opinión. Aquí es donde el antifujimorismo se visibiliza, recordemos que Fujimori perdió las elecciones en 2011 y 2016. El enfoque que Fujimori le dio a la campaña en primera vuelta fue un guiño a la campaña de su padre, el dictador civil Alberto Fujimori, de 1990 con spots resaltando la imagen del ex presidente y con imaginarios colectivos como la icónica foto del tractor. La posición de que se indulte al ex presidente, el macartismo duro de los noventas y el actuar político de Fuerza Popular, el último quinquenio reactiva al antifujimorismo vigente los últimos veinte años. Fujimori está obligada a reconfigurar su estrategia de campaña para quebrar este movimiento, su verdugo los últimos 10 años.

Un país roto

Lo que confirmaba los resultados de la primera vuelta es que el Perú se había dividido entre regiones adineradas de costa y la región andina. Desde Caravelí, en Arequipa, hasta Tumbes, Fuerza Popular tuvo el liderato o estuvo segunda frente a candidaturas de derecha como Hernando de Soto o Rafael López Aliaga. Mención aparte merece la Amazonía en donde Fujimori ganó en Loreto y Ucayali pero perdió en Madre de Dios, donde ganó Perú Libre. PL quedó segundo en Ucayali.

La triple crisis que vive el Perú terminó por diluir candidaturas centristas como Lescano, Guzmán, Forsyth y Mendoza.

De acuerdo al sondeo de Ipsos, Keiko Fujimori lidera en Lima metropolitana con un 43%, frente a 26% de limeños que se inclinarían por Pedro Castillo. Lima tiene un 18% de potenciales votos blancos y nulos y 13% que no precisa su opción. En regiones el promedio arroja cifras opuestas pues Pedro Castillo lidera con un 51% frente a un 24% de Fujimori. El 15% votaría blanco o viciado y un 10% no precisa.

Castillo lidera contundemente en el centro y sur, mientras que en el norte y oriente Fujimori esta a no más de 15% de empatarlo.

En el disgregado por nivel socioeconómico, Fujimori lidera en el sector A, B y C con 52%, 39% y 38%, respectivamente. Castillo lidera en el sector D y E con 50% y 56%. Cabe señalar que el sector con mayor peso demográfico es el sector C, seguido del D y el E.

La campaña podría tomar ribetes de lucha de clases superando el racismo y clasismo vistos en la segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

El efecto Vargas Llosa

Con la aparición del artículo de opinión titulado «Asomándose al abismo», el 17 de abril en el diario El País y en diversos diarios sindicados, el Nóbel de literatura Mario Vargas Llosa, acérrimo antifujimorista, pidió el voto para Keiko Fujimori por considerarla el «mal menor» frente a las propuestas de Castillo como cerrar el Tribunal Constitucional y el Congreso de no permitirle hacer un referéndum para una Asamblea Constituyente, contrario a los mecanismos jurídicos de la Constitución de 1993. Así como considerar a Castillo como próximo a ideas de Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez.

Si bien Vargas Llosa ha venido cumpliendo el rol clásico de los intelectuales del siglo XX al hacer publica sus posturas políticas en situaciones determinadas. El llamado a votar por Keiko Fujimori no fue recogido por la encuesta de Ipsos Perú, puesto que el trabajo de campo fue realizado el 15 y 16 de abril. Solo a futuro se verá si el endose surtirá efectos.

¿El llamado a votar por la hija de su némesis político surtirá efecto en un país con una triple crisis y con una salud mental devastada? ¿La vigencia politica de Vargas Llosa habrá llegado a su fin luego de endosar a Toledo, Humala y Kuczynski y ahora a Fujimori, procesada por la Lava Jato? ¿Castillo y Fujimori podrán moderar discursos y llegar a consensos democráticos mínimos para atraer el voto de las clases medias?

Esto recién empieza.