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A los 17 años, la joven cordobesa Patricia Perea descubrió que su talento por la escritura, cautivado desde que era una niña, podría aportar un cambio en el periodismo cultural argentino. Fue así que, después de asistir a un recital de la legendaria banda PorSuiGieco, el poeta y compositor Pipo Lernoud la convenció para trabajar en el “Expreso Imaginario”, revista argentina fundada en 1976.

“Enganché el trabajo para Expreso Imaginario casi por inercia. Me gustaba escribir, lo había hecho desde chica y la revista tenía esa onda federalista de que acá en Córdoba también había grupos y pasaban cosas. Intercambiemos con la Capital, me dije”, indicó en su autobiografía.

Este semanario, además de abordar temas alternativos como el rock, el cual era un sector cultural perseguido por la dictadura cívico-militar de 1976, tenía corresponsales en Santa Fe, Tucumán, Bahía Blanca y en Córdoba.

En uno de sus primeros trabajos, a Patricia le tocó cubrir el recital de Serú Girán en el estadio municipal de Córdoba, en donde presentaron su disco “La Grasa de las Capitales”. Aquella noche de 1979, Patricia fue con el objetivo de escribir una reseña del concierto, cuya publicación sería en la sección de Noticias del Interior del semanario.

Por aquel entonces, la banda de Charly García estaba posicionándose como uno de los referentes del rock argentino. Sus integrantes, quienes venían de otros proyectos exitosos como Los Gatos, Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros, eran un lujo para la escena musical. Una super banda, dirían algunos.

Sin embargo, para Patricia representaban todo lo contrario. El arranque de su reseña musical no solo fue contundente, sino también letal para la banda, especialmente para Charly García, quien no se quedó tranquilo con tan semejante ofensa por parte de la periodista.

“Asistieron 2.600 personas cada una de las cuales pagó $7.000 para entrar. ¿Valió la pena? Rotundamente no”, escribió Patricia.

Y en cada párrafo, la crítica en contra del recital aumentaba. Los halagos fueron mínimos, salvo unas cuantas referencias a las intervenciones que tuvieron el baterista Oscar Moro, el tecladista Pedro Aznar y algunos punteos en la guitarra de David Lebón.

“¿El resto? Una serie de clics musicales, de nuevos temas interrumpidos continuamente por nostalgias muy trilladas (cuando Charly tocó Fabricante de Mentiras un sector del público gritó: ‘Estamos en la generación del ‘80, García’) de saltos, contorsiones y movimiento a la Presley por parte de García”.

Finalmente, Patricia calificó de decadente el show e hizo hincapié en la actitud burlona y egocéntrica de Charly sobre el escenario. Además, señaló que a toda la prensa les molestó el comportamiento petulante de Charly, sobre todo cuando se sacó la camisa por la bragueta y la movía como si fuera un pene. “Fue el antecedente de cuando se bajó los pantalones”.

La venganza de Charly

Tiempo después, en una entrevista con Pipo Lernoud, Charly García criticó la reseña de Patricia Perea. Según su opinión, Serú Girán no era una banda que tocaba mal, ni mucho menos engañaba a la gente. Por el contrario, señaló que esa noche en Córdoba la gente se volvió loca y disfrutó del concierto como nunca.

“Yo quería hablar acerca de la corresponsal de Expreso en Córdoba. Para mí es alguien que no entiende nada de nada y sin embargo manda una carta y se la publican. Tiene que haber seriedad en la opinión. Tiene que haber base”, sentenció.

No contento con estas declaraciones, en 1981 Serú Girán sacó la canción “Peperina”, en alusión al té de hierbas favorito y también apodo de Patricia Perea. Sin embargo, no solo fue una canción. También  le dio el nombre al cuarto álbum de la banda.

“Quiero contarles una buena historia

La de una chica que vivió la euforia

De ser parte del rock

Tomando té de peperina.

Típicamente mente pueblerina

No tenía huevos para la oficina

Subterráneo lugar de rutinaria ideología

Romántica entonaba los poemas más brillantes

Susurrando al oído de mil representantes:

Te amo te odio dame más”

A partir de ese momento, la vida de Patricia dio un giro total. “Peperina”, inmortalizada en la historia del rock, recibió duras críticas por parte de los medios de comunicación que consideraban que su letra escondía machismo, misoginia y maltrato hacia una periodista que hacía su trabajo.

La relación de amor-odio que se forjó entre ambos tuvo varios capítulos que ella misma detalló en su libro “Peperina por Peperina”. En esta publicación, Patricia cuenta que asistió a la presentación del disco en el estadio Obras Sanitarias y que, en cada estrofa que ellos cantaban, ella respondía que no era así, que todo era mentira. Asimismo, detalla que después de la presentación, García la invitó a comer un asado, pero ella se negó.

En el texto, Patricia también narra que esa noche Charly hizo una pésima presentación porque estaba completamente borracho y tambaleándose por el escenario. Asimismo, cuenta que una vez Charly la besó en la boca y empezó a gritar a vivas voces: “¡Esta es Peperina, la auténtica, vos me diste comer muchos años!”.

El adiós de Peperina

Decepcionada del rock, Patricia decidió alejarse de la escena para continuar sus estudios de filosofía en 1981. El ambiente de la época no sólo la había desilusionado, sino que también sintió un maltrato hacia las mujeres en general. Se convirtió, de un momento a otro, en una crítica de aquellas bandas que cantaban temas relacionados con el amor, la paz y la libertad, pero que cuando terminaba el show predicaban todo lo contrario.

“Eran contradictorios, cantaban canciones de amor, pero no respetaban a la mujer. En el fondo, Peperina es una canción de un machista despechado”.

El estigma hacia su persona no se detuvo. En 1983, Charly presentó su segundo álbum de estudio solista “Clic Modernos” en el Luna Park. Antes de cantar Peperina, dijo a toda a la multitud enardecida que iba a tocar un tema de una chica que le gustaba ir a las habitaciones de moteles, a ver si le daban algo. En opinión de los críticos, García la trató como una groupie de las estrellas de rock.

Esta frase quedó grabada en la memoria de Patricia quien, ya licenciada en filosofía, se sentía cada vez más atormentada por los fans de Charly que venían a tocarle a puerta. Pero la situación no quedaría ahí.

La gota que colmó el vaso vendría en 1995, cuando el director de cine Raúl de la Torre estrenó “Peperina”. En este semi documental, la actriz Andrea del Boca interpretó a una fan desesperada por asistir a un show, completamente obsesionada con la banda, una exageración retorcida del comportamiento de la verdadera protagonista de esta historia.

“Mucha gente cree que la verdad es la película. Yo me muero, el final es así. Me violan, me aplican la picana eléctrica, me llevan en cana. A mí nunca me llevó la policía”, explicó.

Patricia, que al parecer ya estaba superando sus problemas, se desbordó emocionalmente, a tal punto de que se sumergió en una depresión oscura que la llevó a internarse en un neuropsiquiátrico. Además, cuenta que ni el director ni la actriz la llamaron para preguntarle su versión de la historia y que la película la dejó mal parada en su vida laboral, afectiva y familiar.

Al igual que en su infancia, encontró apoyo emocional en su pasión por la escritura. Así, en 1995 presentó su libro “Peperina por Peperina” en la Biblioteca Córdoba. A pesar de que el día de la presentación la sala estuvo llena de gente, el libro no tuvo mucha difusión como para competir contra una película, ni mucho menos contra una canción emblemática de Charly García, quien ya era toda una celebridad para esa época.

En su libro se puede encontrar la letra de una canción que Patricia le escribió a Charly:

“Él era típicamente mente capitalina

No tenía huevos para la familia

Extraño lugar

De burguesa economía

Por ver a Lennon se olvidó del hijo

Mirando al pobre

Se vistió de rico

Para poder saber

Lo que chusmeaban la Mirtha y la Susana

Él no quiere ser como cualquiera

Él adora mostrar lo que guarda en la bragueta

Y dentro de su cuenta, él era un rockero

Su princesa era la Zoca, el porro y la merca

Te amo, te odio, dame más”

La mítica cenicienta que inspiró a Charly García a componer una de las mejores canciones del rock argentino falleció el 18 de septiembre del 2016 en Córdoba. Era un domingo por la noche y los medios  recordaron que no siempre las canciones dedicadas a alguien son un bonito regalo para quien las recibe. Por el contrario, pueden convertirse en la cruz que se va a cargar hasta el final de la vida.