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#Entrevista

Pedro Álvaro Cateriano Bellido (Lima, 1958) ha librado batallas políticas toda su vida: en sus inicios, con sus eventuales colaboraciones en el diario La Prensa (de Arturo Salazar Larraín) y con su incorporación al Movimiento Libertad (fundado por su amigo Mario Vargas Llosa, en 1987), el cual formó parte de la coalición Fredemo, con la que fue elegido diputado por Lima. Durante ese tiempo, integró la comisión investigadora del primer gobierno de Alan García (1985-1990), que quedó plasmado en su libro El Caso García, hasta el llamado “autogolpe” encabezado por Alberto Fujimori, el 5 de abril de 1992. Desde el retorno a la democracia en 2001, con la presidencia de Alejandro Toledo, fue viceministro de Justicia durante la gestión de Fernando Olivera, para luego dedicarse a la práctica privada de la abogacía y a su cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad de Lima hasta finales de 2011.

En esta entrevista con Página en blanco, Cateriano habla de su más reciente libro de memorias políticas, Sin Anestesia: una década de lucha por la democracia (Editorial Planeta). En él da cuenta de su paso por el Ministerio de Defensa y la Presidencia del Consejo de Ministros durante el gobierno de Ollanta Humala (2012-2016) y el gobierno de Martín Vizcarra (2020), así como de otras batallas políticas libradas durante la ultima década.

El libro comienza con una llamada del exministro Juan Jiménez, quien –sin consultarle– lo vocea para ser el agente del Estado peruano ante la CIDH para el caso Chavín de Huántar. Seis meses después, encabezaba el Ministerio de Defensa de cara al fallo de La Haya. ¿Cuál era la situación de nuestras fuerzas armadas al asumir el cargo?

Una situación sumamente compleja. En el libro relato cómo pudimos enfrentar ese aspecto, no solo por el contexto geopolítico, sino porque también adoptamos la determinación de enfrentar al narcoterrorismo en el VRAEM, que es otro aspecto que también resultaba fundamental para el Gobierno. Cuando asumo el cargo, el país contaba con siete helicópteros operativos para un país de 30 millones de personas. Era una situación crítica.

En el contexto de una licitación de aviones para la FAP, usted se reúne con Celso Amorim, exministro de defensa de Lula, a quien cataloga como “Primadonna” por su carácter altivo. ¿La actitud de Amorim era reflejo de una política exterior brasileña un tanto soberbia, no como el actual? 

Exactamente. Ese Brasil ya desapareció como consecuencia de la operación Lava Jato que precisamente comenzó en ese país.

Después de Brasil, las investigaciones de la trama Lava Jato han hecho implosionar el sistema político en el Perú…

Involucró a cuatro ex presidentes: Toledo, García, Humala y Kuczynski. Destaco aquí la determinación de los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez, quienes prácticamente dieron inicio a esta lucha férrea contra la corrupción y que luego fueron respaldadas por la mayoría de los medios de comunicación y de la ciudadanía mediante las movilizaciones.

¿La relación con Ollanta Humala, a veces fluida y otras veces cortante, complicaba su trabajo en cierta forma sus labores como ministro o presidente del Consejo de Ministros? Hay un punto que es paradójico y es que el ex presidente menospreciaba el valor de las condecoraciones tan comunes en la vida castrense…

En la medida de lo posible, he tratado de relatar los hechos, bajo mi óptica, para que el lector saque su propia conclusión. Respecto del expresidente Humala, he procurado que, de la lectura del texto, el lector saque sus propias conclusiones. El libro no solo abarca mi participación en el gobierno Humala, también da cuenta de la persecución política del Congreso que me hizo la vida imposible por casi tres años, a manos del fujiaprismo, así como de mi participación en otros hechos políticos de grave connotación para la estabilidad del país, como la forzada renuncia de PPK, la disolución del Congreso, el pedido de asilo a Uruguay del malogrado líder aprista Alan García y, luego, mi retorno a la Presidencia del Consejo de Ministros.

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Pedro Cateriano fue ministro de Defensa y, posteriormente, primer ministro del gobierno de Ollanta Humala entre 23 de julio de 2012 y 28 de julio de 2016.

Hay pasajes del libro que dan cuenta de la soledad de quien ha perdido el poder, como la prisión de Ollanta Humala o los últimos días de PPK, cuyos asesores no podían ubicar al Canciller ni sabían sobre la posibilidad de invocar la Carta Democrática de la OEA.

¡El Canciller en funciones [Ricardo Luna] no le contestaba el teléfono al presidente de la República! Tenían una relación amical sólida y era uno de sus hombres de confianza.

También cuando Vizcarra hacía un cambio de gabinete, su círculo se volvía cada vez más cerrado, sobre todo porque se apoyaba mucho sus paisanos de Moquegua…

El libro trata de dar a conocer el duro oficio de la política, la difícil tarea que significa ejercer el poder y las consecuencias que trae cuando se deja de lado las formas democráticas, el respeto a las normas y al orden constitucional y cómo nos encontramos ahora en esta situación de anarquía política y constitucional. No recuerdo, en nuestra etapa republicana, un período en el que hayamos tenido tres presidentes de la República, un usurpador, un referéndum, la renuncia de un presidente, el suicidio de un expresidente, la fuga de un presidente de la Corte Suprema. Parece una novela, pero el libro no lo es. Todo eso ocurrió.  Y, por eso, el propósito del libro es que, en base a estos actos inesperados, violentos e inconstitucionales, el lector se forme un juicio.

¿Este es un quinquenio perdido?

Este quinquenio ha sido realmente dramático. Y la década ha implicado una defensa del orden constitucional y de nuestra débil democracia, siendo este uno los objetivos que me tracé cuando empecé a escribir este libro. El final es optimista: la movilización de los jóvenes y la defensa de la democracia hace que tengamos fe en el país; que no todo está perdido y que sí hay posibilidad de cambiar. Por eso, al comienzo del libro apelo a famosa frase de Basadre: “El Perú es una posibilidad aún”.

Sin Anestesia: una década de lucha por la democracia es el más reciente libro de memorias políticas de Pedro Cateriano.

Hablemos de este proceso electoral distinto e insólito… Acción Popular ha pasado de ser una “federación de independientes” a ser “La casa de las dagas voladoras”: el electorado no lo ve ocupando el segundo puesto en las encuestas. ¿El símbolo de la lampa aguanta todo?

Da esa impresión, ¿no? Algunos especialistas dicen que es una marca conocida y, por otro lado, es uno de los pocos partidos que tiene una organización a nivel nacional, no una gran maquinaria, pero sí una estructura que para las elecciones sirve. Esto a diferencia de otros partidos que son «partidos propiedad», es decir, de «sus dueños», como Podemos Perú, APP de César Acuña e, inclusive, Fuerza Popular que, pese al respaldo popular, es un partido entregado a los intereses particulares de la familia Fujimori. El APRA habiendo desaparecido, el PPC está en una situación complicada y la izquierda, atomizada, pero con una influencia fuerte en determinadas zonas del sur del país, y es precisamente la zona en la que Lescano —que se ha diferenciado de Merino y de su bancada golpista— ha logrado, de momento, desplazar a Verónika Mendoza con un discurso económico similar.

¿No ve la posibilidad de que Veronika Mendoza, que no tiene ningún rival en la izquierda, pueda proyectarse hacia el centro para llegar a segunda vuelta, como Humala en 2011?

Esa es la impresión que yo tengo del trabajo político de Lescano: de pegarse más al lenguaje populista de izquierda para ganar al elector de Puno, Cusco y Arequipa y, luego, en segunda vuelta, girar hacia el centro para lograr algo así como lo hizo el expresidente Humala… con un compromiso como la Hoja de Ruta, que le permita a ese electorado que no quiere votar por los sectores golpistas de la «DBA» o de la extrema derecha, permitiéndole una salida como esa. En este momento, las adhesiones políticas son bajísimas.

Es una campaña muy fría…

Muy fría y todavía hay tachas pendientes de resolución que podrían incluir al propio Forsyth. Dicho sea de paso, estamos en esta engorrosa situación porque el parlamento disuelto se negó a hacer la reforma política. Este periodo de tachas a menos de dos meses de las elecciones no tiene sentido en ninguna parte. En el hipotético que prospere la tacha contra Forsyth, ¿a dónde pasaría su 10% de adhesiones? Ocurriría un nuevo reordenamiento (de adhesiones) a nivel nacional. El panorama tampoco es alentador porque, gane quien gane, como siguen las tendencias, vamos a tener un Congreso fraccionado. Y si a eso le sumamos la ley electoral, que distorsiona completamente la esencia del voto, como en el caso del fujimorismo en 2016, que obtuvo 73 congresistas con tan solo veintitantos por ciento de votos congresales… Una distorsión que el parlamento se negó a corregir.

Frente a esta crisis de representatividad, ¿crees que el Perú ha llegado a un momento constituyente? ¿Es partidario de la reforma o cambio constitucional?

En el Perú hemos creído que los problemas se solucionan aprobando nuevas constituciones, lo que refleja la numerosa cantidad de constituciones que hemos tenido. La ciudadanía cree que, aprobando leyes se solucionan también los problemas y la crisis sanitaria. La crisis económica que estamos atravesando no la va a solucionar un nuevo texto constitucional, sino una adecuada gestión pública, un manejo responsable de la economía y la generación de recursos económicos. La única manera de crear empleo es a través de la inversión nacional y extranjera fomentando una economía libre. Si al panorama de complejidad de esta crisis sanitaria, política y económica le sumamos un debate constitucional para intentar aprobar una nueva constitución, eso va a generar un momento de parálisis que va a agravar la situación.

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Pedro Cateriano regresó a la presidencia del Consejo de Ministros el 15 de julio de 2020; no obstante, su permanencia en el cargo fue de 22 días.

Tanto el gobierno Vizcarra como el de Sagasti intentaron hacer más inversión pública ya que la inversión privada está contraída por el actuar político. ¿Hasta cuándo el Estado peruano tiene esa capacidad de inversión, de reanudar obras?

Aquí sí quisiera señalar lo siguiente: ni el gobierno Vizcarra ni el actual están ejecutando el presupuesto de la República. Un ejemplo de lo que expuse en el Congreso cuando me presenté: solo por concepto de canon minero y de regalías: el Gobierno nacional y los gobiernos regionales y municipales dejaron de ejecutar 13 000 millones de soles por incapacidad de estos últimos, por no contar con cuadros técnicos ni tener proyectos de inversión publica o no saber gerenciar los proyectos con técnicos preparados. En 2020, cerca de 60 empresas públicas han dejado de ejecutar obras de saneamiento por más 2000 millones de soles. Si a eso le sumamos que va a haber una parálisis como la que hay ahora cuestionando los proyectos de inversión minero… El Perú es un país minero, le guste o no a la izquierda. En esta década, la izquierda se ha dedicado a boicotear los proyectos, pero frente a la minería ilegal ha guardado silencio. Yo toco el tema de Tambogrande en el libro, en donde paralizaron la inversión minera con una campaña diciendo que nos íbamos a quedar sin limón y sin cebiche en el país. Hoy la minería ilegal amenaza Piura y la izquierda guarda silencio.

Como en Madre de Dios…

Madre de Dios es una región que, debido a la actividad de la minería ilegal, se encuentra en una situación no solo con acciones delictivas, sino también que involucra trata de personas y explotación sexual. Ciertamente es un grave problema. Y que, en este contexto, más el flujo migratorio ilegal que hay en la zona lo vuelve en una región sumamente compleja desde el punto de vista del orden interno.

En 2012 a usted le propusieron ser ministro del Interior… Hemos visto, sobre todo el año pasado, que la conducta policial necesita un reestudio de sus protocolos y su organización. ¿Una propuesta podría ser la división de la policía o la municipalización de la misma?  

Lo que en algún momento se propuso, y que es una iniciativa loable, es que los aspectos administrativos y económicos los manejen especialistas que sean funcionarios de Servir y no policías. Ciertamente, la reforma de la Policía es una reforma para el Estado peruano. No hay la menor duda que eso es necesario y, por esa razón, creo que hay que lograr consensos mínimos en esta campaña electoral, para que el siguiente congreso pueda apoyar al nuevo gobierno en estas tareas pendientes y urgentes para el próximo quinquenio.

Hablando de consensos mínimos, ¿Juntos por el Perú de Mendoza, Victoria Nacional de Forsyth o el Partido Morado de Guzmán tienen la madurez política necesaria para llegar a un consenso?

Cuando uno asume la función pública, está obligado a realizar una tarea en beneficio del Estado, de las mayorías. Y cuando se deja de lado los intereses del Estado para privilegiar los intereses personales o partidarios, es ahí donde entramos en problemas. En situaciones tan dramáticas, como la actual crisis sanitaria, deberíamos sumar esfuerzos para que el gobierno de Sagasti pueda cumplir su mandato, así como para que pueda reforzar la tarea de la vacunación. Si se comete errores o si hay indicios de actos delictivos, después de la pandemia, se hará justicia. En un contexto tan grave como este, lo único que hemos tenido han sido ajustes de cuentas, con esta increíble rotación de ministros que imposibilita lograr una gestión adecuada. El MTC, que maneja la mayor cantidad de presupuesto en obra pública, ha tenido cuatro ministros en un año; el Minsa, 6. Cuando cae un ministro, se genera una parálisis en el sector, cuando cae un gabinete hay parálisis en el Ejecutivo. ¿Se imaginan lo que es cuando cae un presidente? Han caído PPK, Vizcarra y el breve usurpador, o sea, han sido momentos sísmicos para la estabilidad del país que generan un ambiente de anarquía constitucional, entre otras cosas, por la irresponsabilidad con la que actuaron la mayoría de magistrados del TC, que, en su momento, no acogieron la demanda competencial para frenar esta malinterpretación del artículo constitucional sobre la incapacidad moral permanente.

En medio de esta cuádruple crisis –sanitaria, política, económica y moral–, sobre todo por el caso ‘Vacunagate’, ¿qué le diría a los jóvenes que han caído en la apatía política?

Yo creo que uno de los más graves problemas de la democracia no solo a nivel nacional, sino también a nivel internacional, es la apatía de los jóvenes por participar en la cosa pública. Creo que eso es un error. Los asuntos más delicados que marcan el destino de un país, que pueden detener su desarrollo o pueden convertir a los pueblos en países prósperos es a través de la participación ciudadana, que se debe reflejar en el derecho a elegir y a ser elegido.

Te invitamos a ver la entrevista completa: