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Roberto Duran

Por Roberto Durán.

A un mes de las elecciones en los Estados Unidos, el presidente Donald Trump dio positivo para la COVID-19, en la noche del jueves 1 de octubre, luego de enterarse de que Hope Hicks, su asesora personal, había dado positivo esa misma noche. La burbuja sanitaria en la Casa Blanca se había quebrado y el círculo más íntimo de la familia Trump había estado expuesto a la Covid-19.

Lo que inicialmente iba a ser una crónica del primer debate entre Biden y Trump, que tuvo lugar en Cleveland el 29 de septiembre pasado, cambió, como todo en 2020, cuando el mandatario estadounidense fue contagiado del virus que ha ocasionado la muerte a más de 210 000 estadounidenses y cuya gestión de crisis ha minimizado la pandemia, al punto de haberse dado de alta sin estar plenamente curado.

Créditos: Reuters.

El sábado 26 de septiembre, Donald Trump realizaba la ceremonia de designación de la jueza conservadora Amy Coney Barrett en el Rose Garden de la Casa Blanca. Barrett había sido nominada por él para suplir el puesto dejado por la fallecida Ruth Bader Ginsburg, exjueza liberal de la Corte Suprema. La ceremonia se dio con total normalidad, entre apretones de manos y felicitaciones entre correligionarios republicanos. Trump había nominado ya a tres miembros a la Corte Suprema, inclinando dicha corte hacia un perfil más conservador.

El martes 29 tuvo lugar, en Cleveland, el primer debate televisivo entre Trump y su rival demócrata, Joe Biden. El evento fue catalogado como «el peor debate presidencial televisado de la historia estadounidense», sobre todo por la constante intromisión de Trump en las respuestas de Biden, la incapacidad de este último para desarrollar sus respuestas y el desborde de la situación para el moderador, el periodista Chris Wallace, quien se demoraba más en controlar a Trump que en dirigir el debate. Fue un debate tan confuso y con golpes tan bajos que para la opinión pública no se sabía quién había ganado, solo sabían que los estadounidenses habían perdido.

En las puertas del foro donde se llevó el debate, se repartían mascarillas a los asistentes. Los demócratas llevaban mascarillas; los republicanos, no. Los Trump habían rechazado las mascarillas en la puerta. Al fin y al cabo, la burbuja sanitaria estaba garantizada.

Créditos: AFP.

DonaldProselitismo

El miércoles, Trump había realizado actos proselitistas en Minnesota, entre ellos, un mitin en un aeródromo y una cena de recaudación de fondos en un restaurante. Ese día, la asesora Hope Hicks empezaba a mostrar síntomas leves de la Covid-19. Hicks regresó a Washington, D.C., en el avión presidencial, junto con Trump y su comitiva de campaña. La amenaza de que su círculo íntimo estuviera expuesto a la COVID-19 era real: Trump tiene 74 años, mide 1.90 metros y pesa 144 kilos.

El jueves, Trump publicó un tweet en el que se quejaba contra la comisión organizadora de los debates por la propuesta para cambiar el formato del debate: “¿Por qué iba a permitir que cambien las reglas para el segundo y tercer debate cuando gané fácilmente la ultima vez?”, señaló. Ese mismo día, el presidente había participado en una mesa redonda y una recepción pro fondos en Nueva Jersey.

Créditos: Reuters.

Esa noche, Trump declaraba en Fox News que Hope Hicks había dado positivo para la COVID-19 y que se había testeado. En un tweet posterior, Trump confirmaba que su esposa Melania y él habían dado positivo para Covid-19 y que guardarían cuarentena, así como a comenzar su tratamiento.

El viernes, el círculo más cercano a Trump empezó a hacer despistajes del coronavirus, así como Biden y el moderador del debate, que estuvieron sin mascarilla. Los hijos y el yerno de Trump salieron negativo, los Biden también y el secretario de Estado, Mike Pompeo, igual. Por otro lado, empezaron a aparecer los casos positivos a la COVID, pero concurrentes a diferentes eventos como la ex vocera Kellyanne Conway, dos senadores republicanos, un par de reverendos y los edecanes militares que habían asistido a la ceremonia en el Rose Garden del sábado 26.

Con el paso de los días, se confirmarían el contagio del asesor Stephen Miller, del exgobernador Chris Christie y de la vocera Kayleigh McEnany, así como de trabajadores administrativos de la Casa Blanca.

Para los medios, Hope Hicks era la “paciente cero” de la Casa Blanca, siempre acompañando al presidente a mítines y preparándolo para el debate. Sin embargo, no se sabía si Hicks realmente fue la primera en contagiarse, el evento del 26 de septiembre había congregado a 150 personas, sin respetar el distanciamiento social y sin uso obligatorio de la mascarilla. El riesgo de contagio era altísimo.

Donald Trump y su esposa, Melania. Créditos: AFP.

Para la tarde del viernes 2, Bloomberg News confirmaba que el presidente iba a ser trasladado al hospital militar Walter Reed durante “algunos días”, por recomendación de sus médicos. El Dr. Sean Conley, médico personal de Trump, le recetó una dosis de 8 gramos del antibiótico experimental Regeneron, junto con suplementos vitamínicos y una aspirina diaria para combatir la congestión nasal, fatiga y bajar la fiebre ocasionada por el virus.

A las 5:17 p.m., el presidente, vestido de traje azul marino y con mascarilla, subió al helicóptero Marine One y se dirigió al hospital Walter Reed, ubicado en Bethesda, a las afueras de Washington DC. La suite presidencial en dicho hospital no recibía a un presidente estadounidense desde 1985 cuando Ronald Reagan fue operado para retirarle un pólipo cancerígeno.

Para la mañana del sábado 3, el Dr. Conley ofrecía una conferencia de prensa, a las afueras del hospital militar Reed, en compañía de la junta médica encargada del tratamiento del presidente. Conley, asediado de preguntas sobre si a Trump se le había suministrado oxígeno, respondió que “ayer y hoy no ha recibido oxígeno”. Trump recibiría un tratamiento de 5 dias de Remdesivir, Regeneron, vitamina D, zinc y aspirinas.

Créditos: Reuters.

Una fuente “familiarizada con el estado de salud” del presidente le dice al grupo de corresponsales de la Casa Blanca que, en las ultimas 24 horas, los signos vitales de Trump fueron preocupantes y que las próximas 48 horas en observación serian determinantes.

En un vídeo publicado en su cuenta de twitter, el presidente Trump agradeció al equipo médico del hospital Reed y aseguraba que cuando había llegado al hospital no se sentía tan bien, pero que ahora se sentía mejor.

La agencia Associated Press asegura que Donald Trump sí había recibido oxígeno antes de subir al helicóptero que lo llevaría al hospital Reed el viernes, lo cual desmentiría las declaraciones del Dr. Conley.

En la conferencia de prensa del domingo, el Dr. Conley dijo que el presidente Trump había experimentado dos episodios de disminución en la saturación del oxígeno, siendo uno de ellos en la mañana del viernes, bajo un cuadro de fatiga y fiebre. No dio detalles de cuando se le volvió a suministrar oxígeno el día sábado.

Ese mismo día, Donald Trump salió en una caravana de camionetas cerradas a la puerta del hospital Reed a saludar desde la ventana a simpatizantes republicanos que se habían congregado, sin distancia social, para mostrarle su apoyo. Las actitudes del presidente ponían en aprietos al Dr. Conley y a la junta médica. Para el Dr. James P. Phillips, del mismo hospital Reed, aseguraba que las camionetas no solo eran a prueba de balas sino que son herméticamente selladas contra ataques químicos; por lo que Trump podría haber puesto en riesgo de contagio al Servicio Secreto que lo custodiaba. Al fin y al cabo Trump todavía estaba en estado convaleciente.

La mañana del lunes 5, Donald Trump, desde el hospital, empezaba a escribir tweets conminando a la gente a votar. Algunas de las frases fueron “¡PRO VIDA! ¡VOTA!” o “¡LA BAJA DE IMPUESTOS MÁS GRANDE Y OTRA POR VENIR! ¡VOTA!”. El Trump convaleciente era cosa del pasado, ahora regresaba el Trump candidato.

La corresponsal del New York Times, Maggie Haberman, confirmó que el presidente quería ser dado de alta el domingo, pero la junta médica no estaba de acuerdo, por lo que salió en caravana a las afueras del hospital.

Esa mañana, la cadena NBC publicó una encuentra realizada entre los votantes ya registrados: Biden tenía un 53% de intención de voto, a diferencia de Trump que tenía 39%. El sistema electoral estadounidense es de elección indirecta, es decir, cada estado tiene un peso distinto en el Colegio Electoral y quien llega a los 270 votos es electo presidente.

Una fuente cercana a Trump reveló a Dana Bash, de CNN, que el presidente le dijo: “Necesito salir de aquí (del hospital)”

El presidente Trump público un tweet anunciando que sería dado de alta a las 6:30 p.m. “¡Me siento realmente bien! No tengan miedo a la COVID. No dejen que domine su vida. Hemos desarrollado, bajo la administración Trump, magníficos medicamentos y conocimiento. ¡Me siento mejor que hace 20 años!”, expresaba.

El Dr. Conley, en conferencia de prensa, afirmaba que, la medicación no tenía efectos secundarios y que Trump “había vuelto”. En otra pregunta, sobre la carga viral de Trump, el doctor evadió responder cuándo había sido la última vez que el presidente había dado negativo en un test.  “No quiero volver atrás”, sentenció.

Alrededor de las 5:00 p.m., Trump, vestido con un traje oscuro y una mascarilla blanca, sale caminando del hospital rumbo al helicóptero Marine One, que lo llevara a la Casa Blanca. Unas 72 horas después, el presidente de los Estados Unidos dejaba el hospital militar Walter Reed sin dar a conocer si realmente estaba curado.

Minutos antes de las 7:00 p.m., el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, subió las escaleras hacia el balcón Truman, en el segundo piso de la residencia presidencial de la Casa Blanca. Se paró frente al balcón, se quitó la mascarilla, posó para las cámaras con los pulgares arriba e hizo un saludo militar de cara al helicóptero Marine One. En una muestra de poder, el “Candidato en jefe” regresaba a la Casa Blanca.

Desde la ceremonia de designación de la jueza Amy Coney Barrett, el sábado 26 de septiembre, hasta el martes 6 de octubre, surgieron 30 casos positivos de la Covid-19 relacionados con funcionarios de la Casa Blanca y un aumento en un 81% de testeos en el área de Washington DC, pasando de 2161 test realizados a 3962. El próximo 15 de octubre es el segundo debate entre Biden y Trump; y este último no está dispuesto a perdérselo.