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Camila Vera
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Desde el 9 de noviembre, cuando el Congreso aprobó la moción de vacancia contra Martín Vizcarra, los peruanos empezaron a manifestar su disconformidad: desde hashtags en redes sociales hasta una golpiza en una transmisión nacional. Con la toma de mando de Manuel Merino, el reclamo se volcó a las calles y la generación que por años fue acusada de indiferente, la juventud, avivó el uso de un derecho ciudadano: la marcha pacífica. La organización para transitar y los carteles afilados pero ciertos despertaron una adhesión cívica, patriótica, y pronto el Perú entero gritaba para que la democracia sea respetada.

Por eso, a Manuel Merino lo destituyó la opinión pública. El 15 de noviembre y en medio de una revuelta social que dejó enlutado a un país, la renuncia del político llegó y, junto con ella, las lágrimas de un pueblo que vio correr sangre e indignación para lograr un primer paso: que la corrupción no invada el puesto presidencial.

¿Cuáles fueron los mensajes que activaron en el pensamiento peruano la necesidad de una enmienda política? Página en blanco reúne los diez enunciados predominantes en el discurso colectivo.

  1. “Merino no me representa”.

Fuente: César Campos/ GEC.

Esta oración –junto con “Este Congreso no me representa” y “Merino, renuncia ya” – se convirtió en el primer reclamo de la lista que abarca también un cambio urgente de los miembros del Parlamento, la autonomía del Tribunal Constitucional, el respeto por la calidad educativa universitaria y, sobre todo, un clamor para que la transparencia sea un eje en las elecciones venideras. Con estudios superiores inconclusos y con graves demandas que lo vinculan a casos de explotación infantil en el fundo Santa Ana, uno de sus predios, el perfil de Merino generaba el descontento de los peruanos. Además, su trayectoria política como militante de Acción Popular no respaldaba una eficiencia que le asegurara al país siquiera un poco de calma. El empresario agrícola no era aceptado, era ante los ojos de los peruanos, un golpista.

  1. “Mamá, salí a defender mi patria. Si no regreso, me fui con ella”.

Fuente: Giancarlo Ávila / GEC

La represión policial apagó la vida de Inti Soleto Camargo y Jack Pintado Sánchez, dos universitarios que el 14 de noviembre participaron en la segunda marcha nacional y cuyos nombres se han convertido en las representaciones del esfuerzo desmedido para que Merino renunciara al cargo. La Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) difundió un comunicado que requería el actuar urgente del entonces mandatario: “Exigimos la renuncia inmediata del señor Merino, responsable político de los hechos de violencia desatados hoy y durante esta semana contra la población indefensa, conformada mayoritariamente por la juventud”.

El lado tristísimo del enunciado es que los dos jóvenes no regresaron a casa, fue la lucha por la democracia la que los apartó de un país en agonía política.

  1. “Nos han quitado tanto que acabaron quitándonos el miedo”.

Fuente: Iván Herrera

Al país le han arrebatado la admiración por la carrera política, el respeto hacia la figura de “incapacidad moral”, la cortapisa para que la creación de partidos ya no vaya en aumento, la confianza después de saber que los últimos seis presidentes tienen investigaciones a cuestas… la lista de robos es amplia. Además, tener tres jefes de estado en siete días ha lacerado la cultura política del país, un ámbito que sufre las consecuencias del paso de la corrupción. Hace falta competencia política y el pueblo ya no teme pedirla.

  1. “Se metieron con la generación equivocada”.

Fuente: Google

Después de las protestas, la juventud ha sido bautizada como la generación del bicentenario. Se trata de jóvenes que utilizan el mundo digital como herramienta para enterarse del proceder no solo nacional, sino también global. Emilio Lafferranderie, director de la Carrera de Psicología de la UPC, explica en una entrevista realizada por Gestión que “aquello que los unifica es un afecto con alta capacidad de movilización:  el hartazgo ante la impunidad y la posibilidad de construir una sociedad plural con nuevas formas de representación”.

Y estas nuevas formas de representación empiezan desde su propio entorno: es una generación sin líderes visibles, pero profundamente organizada y, sobre todo, interesada en temas políticos.

  1. “El poder al pueblo”.

Fuente: Ernesto Benavides / Getty Images

Es un enunciado que se relaciona estrechamente con el concepto de Estado de derecho que la ONU recoge en sus informes: “Un principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se promulgan públicamente, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos. Asimismo, exige que se adopten medidas para garantizar el respeto de los principios de primacía de la ley, igualdad ante la ley, separación de poderes, participación en la adopción de decisiones, legalidad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal”.

El protagonismo del pueblo es la manivela para que cada poder pueda tener representantes que se desempeñen en favor de una nación. Sin el apoyo del pueblo, no se estaría velando por una democracia.

  1. “Somos libres, seámoslo siempre”.

Fuente: Google

Este fragmento del himno nacional combina con la tercera estrofa: “Con su influjo los pueblos despiertan y cual rayo corrió la opinión; desde el istmo a las tierras del fuego, desde el fuego a la helada región”. El país despertó y fue la opinión pública la fuerza social capaz de derrumbar intereses políticos, pero esa libertad para alzar la voz de protesta, para ejercer el derecho a la asamblea pacífica, se vio interrumpida por un exceso policial que la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos calificó como preocupante y que, ahora, con una bandera izada a media asta, el país describe como tirana.

  1. “Perú, te quiero, por eso te defiendo”.

Fuente: Franzelly Barboza / RPP

El diario El País lo explicó de esta manera: “Los peruanos se manifiestan desde el lunes contra la destitución de Vizcarra, no porque defendieran al presidente —a quien la Fiscalía investiga por la supuesta recepción de sobornos cuando era gobernador regional de Moquegua—, sino porque consideran que los grupos políticos que promovieron su salida del Ejecutivo buscaban hacerse con la presidencia para defender intereses particulares”.

Es un reclamo que tiene como fin preservar la democracia, el sistema político que garantiza la soberanía del pueblo para elegir a los gobernantes.

  1. “No nos faltan recursos, nos sobran ladrones”.

Fuente: Fuente: GEC

Además de los seis últimos presidentes, 68 de los 130 congresistas están siendo investigados por temas de corrupción, un motivo por el que el término ladrones se ha vuelvo constante en el vocabulario nacional. Los requisitos para alcanzar un puesto parlamentario cruzan la línea de lo sencillo: ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años y gozar del derecho al sufragio. Se trata, entonces, de una facilidad que quebranta la búsqueda de una formación óptima para un cargo que lo necesita. Las ansias de poder han quedado descubiertas a través de hojas de vida falsas, carreras incompletas, audios descarados y cifras mal justificadas. ¿Ladrones? Sí, aquellos que hurtan la confianza de un pueblo que ya ha visto bajezas durante mucho tiempo.

  1. “Jóvenes preocupados por estudiar y Merino ni título tiene”.

Fuente: Google

Y a propósito de la preparación para ocupar un alto cargo, una de las evidencias más dolientes, sobre todo para la generación del bicentenario, fue el bajo nivel de exigencia académica con que Merino llegó a la presidencia. Junto con este enunciado, la ola de contenido en redes sociales mostraba una indignación justificada: “Merino, haz tu tesis” o “Nunca subestimes al vago del salón”. Hay una cara aparentemente cómica, pero se trata en verdad de una bofetada al esfuerzo de muchos estudiantes que protestaron desde sus trincheras: calles, redes, medios.

  1. “Se busca sacar del poder. Recompensa: 33 millones de peruanos felices”.

Fuente: Google

La felicidad es relativa. El objetivo se cumplió y el Perú consiguió una dosis de calma, una pausa manchada con sangre de fallecidos y heridos. Son 33 millones que esperan que el eco de las crisis –económica, sanitaria, política, social– sea controlado con pertinencia y sin fines personales: hay un bienestar común que merece ser salvado.

Los peruanos han asumido la renuncia de Merino como un primer paso de los muchos que faltan para estabilizar al país, un Perú que está a puertas de cumplir 200 años y que no pretende seguir soportando malos manejos.