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Teóricamente que en los ensayos clínicos la vacuna tenga un 90% de eficacia tiene una explicación sencilla. Al momento de realizar un estudio se establecen dos grupos: el grupo al que se le administra la vacuna a probar y el de participantes que reciben un placebo (se le puede catalogar como grupo de control). Luego, esta eficacia se puede evaluar en varios parámetros. Por ejemplo, una reducción del número de contagios, una menor sintomatología o un descenso en la mortalidad de las personas infectadas, entre otros; esto es según los criterios establecidos en cada ensayo.

Pfizer y BioNTech

Extrapolar el significado general a un caso concreto puede ayudar a aclarar este dato. En el caso de la vacuna de Pfizer y BioNTech se ha realizado un análisis intermedio mediante la evaluación de 94 casos de COVID-19 registrados entre los participantes del ensayo. Dentro de estos 94 casos registrados, el 90% recibió el placebo y el 10%  recibió la vacuna; esto es lo que se denomina como ‘fraccionamiento de casos’ y de ahí es donde se extrae el dato del 90% de efectividad.

Los datos también revelan que esta protección se obtuvo siete días después de la administración de la segunda dosis; es decir, 28 días después de que comenzase su administración.

Cabe destacar que estos datos han sido proporcionados por un Comité de Monitoreo de Datos externo e independiente a las compañías que trabajan en la vacuna. También, que estos datos corresponden al análisis de un total de 94 casos, una vez se optó por abandonar la posibilidad de extraer conclusiones con menos participantes. Pero los investigadores de esta vacuna remarcan que a medida que los estudios sigan avanzando, el porcentaje final de eficacia puede variar. Y es que, en total se ha reclutado a 43.538 participantes para probar esta vacuna.

Diferencia entre efectividad y eficacia

La eficacia corresponde solo a una medición realizada durante un ensayo clínico. “La efectividad es qué tan bien funciona la vacuna en el mundo real”, dijo Naor Bar-Zeev, epidemiólogo de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins.

Es posible que la efectividad de las vacunas contra el coronavirus tenga un pequeño desfase con su impresionante eficacia en los ensayos clínicos. Sin embargo, el conocimiento empírico acerca de vacunas anteriores revela que la efectividad podría ser un poco menor.

La explicación del desajuste es que las personas que participan en los ensayos clínicos son una proyección de la población general, mas no un reflejo inequívoco. En el mundo real, las personas podrían tener una serie de problemas crónicos de salud, por ejemplo, que podrían interferir con la protección de una vacuna.

La eventual vacuna contra el COVID-19 se encontraría entre las más eficaces. Por ejemplo, la de la rubeola llega a un 97%, muy lejos de la eficacia de la vacuna contra la influenza, que oscila entre 40 % y 60 %, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC).