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Por Jorge Manuel Idrogo.

La Pandemia del COVID-19 causó un gran impacto a nivel emocional. Esto conlleva, una significativa afectación de la Salud Mental en las personas. Se entiende a su vez, por Salud Mental, aquel estado de bienestar de nuestros pensamientos, de cómo regulamos nuestras emociones, y cómo esto se traduce en la conducta que ejecutamos. Parte de su alteración, se manifiesta en un incremento de los niveles de estrés.

Resulta relevante indicar que existen dos tipos de alteración: el primero tiene como nombre Eustrés que nos brinda el estímulo a realizar nuestras actividades de manera eficaz (es, por tanto, un estrés positivo). El otro tipo de estrés se denomina Distrés. Este desborda a quien lo padece, dándose en ocasiones de manera reiterada. Sí subyace un peligro pues el estrés crónico puede evolucionar en cuadros de Ansiedad o Depresión. Recordar que esta pandemia no debe ocasionar un aislamiento emocional. Se tiene que dar un correcto empleo de la tecnología, pactando llamadas o videollamadas con nuestros seres queridos, pues poseer un círculo de confianza donde ser escuchado y escuchar es fundamental.

Alimentación

El “combustible” que nuestro cerebro precisa para funcionar, recibe como denominación glucosa. Nuestro cerebro no tolera bien las elevaciones súbitas de esta sustancia, ya que ello también conlleva descensos abruptos. Esto hace que el individuo tenga un mayor cansancio de lo habitual, menos disposición para el aprendizaje y más susceptible al mal humor que afecta nuestra salud mental.

Los tipos de alimentos que lo generan son altamente procesados (alto número de calorías, azúcar, o sal) y es conveniente su reemplazo por alimentos que liberen paulatinamente la glucosa como carbohidratos y también por alimentos de glucosa natural como los vegetales y frutas. Es fundamental además ingerir ácidos grasos esenciales (omega-3 y omega-6) en un equilibrio adecuado. Ellos se encuentran en alimentos como los huevos (omega-3 y 6), carne de aves (omega-6), pescados y nueces (ambos omega-3).

Ejercicio físico

La actividad física es una de las maneras en que se activa el llamado Cuarteto de la Felicidad en nuestro cuerpo. Las sustancias que lo conforman son la dopamina, serotonina, endorfina y oxitocina que nos brindan sensación de bienestar. Un gran número de personas, sin embargo, suelen colocar de excusa el no tener suficiente tiempo para hacer ejercicios. No haciendo falta dedicar una gran cantidad de horas al día para ejecutarlos, ni tener que necesariamente realizarlos fuera.

Se puede iniciar desde cuatro o cinco minutos al día de caminata por el hogar, o subir y bajar las escaleras por el mismo tiempo, hasta poner música para bailar. Saltar la cuerda por uno o dos minutos también sirve y son válidos los ejercicios más convencionales, como abdominales y planchas. El tiempo de todo lo anteriormente señalado puede ir o no en aumento, dependiendo del estímulo y condición de cada individuo. La idea es evitar, a toda costa, el sedentarismo.

Sueño

La relación entre este punto y la salud mental se encuentra muy evidenciada. Un mal sueño hará que nos levantemos con poca claridad para razonar y decidir correctamente. Nuestro reloj biológico funciona con rutinas y es recomendable fijar una hora para despertarnos.

Es recomendable, no obsesionarse con los informativos, sino más bien, estructurar un determinado tiempo para verlos. Debemos evitar trabajar desde la cama pues al intentar pernoctar, el cerebro asociará aquello, por encima del dormir.

Estar expuesto a la luz natural resulta necesario. Al percibirla, nuestro cuerpo sabrá que debemos estar despierto y que en la noche se debe descansar.

El ejercicio físico que se desarrolle, debe ser horas antes de dormir para no tener las pulsaciones elevadas al momento de intentar conciliar sueño. Se recomienda ejecutarlo antes de las once pm (el tiempo necesario de sueño varía dependiendo del grupo de edad). Por último, minutos antes de reposar, es recomendable se lleve a cabo una desconexión de agentes distractores, para que así nuestro cerebro se familiarice con este momento previo al descanso.

Pérdidas familiares

Es una realidad que nadie ha estado preparado para este contexto pandémico. Quienes tuvieron alguna pérdida sensible deben saber que lo están haciendo de la mejor manera posible y no recriminarse nada a sí mismos.
No hay que confundir dolor con sufrimiento, ya que en ocasiones el evento que nos causó dolor ha culminado hace mucho y podemos seguir sufriendo. El dolor, es algo que no deben evitar sentir, sino aceptarlo. No es precisamente sencillo, pero es parte de la vida.

Si uno acepta el dolor, le está diciendo que sí al curso de la vida, nos permite aprender y crecer. Caso contrario, cuando el dolor se reprime, se está dando paso al sufrimiento, que resulta muy peligroso pues la persona se dice a sí misma pensamientos negativos que no solo le perjudicarán a nivel individual, sino también en sus relaciones. Lo que corresponde es vivir su duelo. Este consta de una serie de etapas, las cuales culminan con la aceptación de lo acontecido, con nuevos horizontes, de metas a cumplir.

Autor:

Jorge Manuel Idrogo Muro, médico peruano de 27 años, nacido en Madrid, con formación  básica en el Colegio Algarrobos, posteriormente graduado con Honores, mención Cum Laude,  en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana. Políglota: Español, inglés, portugués, italiano y alemán. Apasionado del violín, en su tiempo libre.