Sentir como el otro: hablemos sobre la empatía

Marcelo Tejada
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«Mira con los ojos de otro, escucha con los ojos de otro y siente con el corazón de otro». Alfred Adler

Muchas veces decimos o escuchamos que algún familiar, amigo o conocido es empático porque se muestra generoso, no tiene motivos egoístas y no hace las cosas por beneficio propio. Pero también conocemos a alguien que consideramos interesado, pensamos en este como alguien a quien poco le importa aprovecharse de los demás en situaciones complicadas y suele servirse de estas; le llamamos egoísta.

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Nadie podría negar que ha calificado así a una persona, porque es lo que solemos hacer ante una actitud que no aprobamos. Buscamos a personas que nos comprendan, que puedan ponerse en nuestros zapatos y ver las cosas como nosotros las vemos o, al menos, hacer el esfuerzo. Queremos a alguien empático en nuestro círculo más cercano, alguien que pueda albergar nuestras emociones y que le de validez a lo que estamos pasando.

Ahora que entendemos un poco sobre esto, podemos preguntarnos: ¿Cómo funciona la empatía?, ¿soy empático?, o ¿tengo personas empáticas en mi círculo cercano?

El psicólogo Frans De Waal (2006) decía que una persona empática se caracteriza por dos cosas:  entender que el mismo y los demás son diferentes y valorar las situaciones que subyacen a los estados emocionales ajenos (p. 49). En otras palabras, la persona empática no desprestigia la situación de las otras personas; al contrario, le da importancia. El empático comprende que la forma en la que se sienten los demás se debe a la situación por la que está pasando, una situación que está detrás de ese sentimiento.

Para la persona empática, la angustia personal por ver que alguien no la está pasando bien va más allá del contagio emocional: se compadece y tiene la motivación altruista de idear una forma de ayudarlo.

Es por todo esto que decimos que una persona con empatía se pone en el lugar del otro, porque alberga las emociones que sentimos, entiende que todos somos diferentes y que nuestra forma de actuar se debe a situaciones que no pueden apreciarse de fácilmente y se presta a darnos una mano o acompañarnos.

Vale la pena hacer el intento.