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Sofía Salazar
Últimas entradas de Sofía Salazar (ver todo)

Los tres últimos años han sido maravillosos para el cine lambayecano: una película financiada por el Ministerio de cultura y dos más en camino; un cineclub con trece años, que también se hizo de un premio del Mincul; un Festival de cortos universitarios académicos que ya iba por su décimo tercera edición, y varios cortometrajes reconocidos. El producto del trabajo de años en las universidades de la región y del ímpetu de decenas de jóvenes, como casi todo, se ha visto frenado este año. Desde el punto de vista de dos directores, el programador de un cineclub y la organización de un festival de cine, esta crónica-guion cuenta el inicio de la crisis que ha afectado a una expresión artística acostumbrada a un trabajo –y exposición- que difícilmente puede darse el lujo de soportar el distanciamiento social.

1. Cochera en Pachitea, Piura – Interior – Día

El Centro Cultural Escenarios funciona en una cocherita cubierta por una calamina a dos metros del suelo. Si a esto se le agregan el sol y el bochorno de un 7 de marzo piurano, castear durante cinco horas seguidas a hombres y mujeres de toda edad parece una misión insufrible. Pero no, conseguir a los protagonistas y secundarios para llevar mi historia a la pantalla vale el sacrificio y hasta lo veo como un entrenamiento para lo que será el rodaje de mi primera película y, a la vez, una premonición teniendo en cuenta el nombre: “38 Grados”.

Horas más tarde y varios grados menos de calor, en el bus de vuelta a Chiclayo, me viene a la mente una pregunta made in China:

Mauricio Burstein:

(En off, oyendo a su mente)

¿Es posible que alguna de las 158 personas que pasaron el castin haya tenido coronavirus? Estuve muy cerca de ellos interpretando los diálogos en ese lugar tan pequeño… no creo. Y si lo tenían, tranquilo. Dicen que el virus no sobrevive tan altas temperaturas. Aparte, recién el caso cero en Perú salió ayer. Pero, ¿desde cuándo habrá estado infectado ese caso cero? Pucha, ya me fregué. Pero, igual, es imposible que un contagio llegue de Lima a Piura tan rápido. Pero, por otra parte… despierto en Chiclayo. La gente vive su sábado a la noche. El virus es una inofensiva pesadilla, aún.

2. Casona en El Porvenir, Chiclayo – Exterior – Noche

La víspera del viernes 13, un grupo de cinéfilos turnan sus cabezas para poder mirar a través de una antigua pero renovada ventana. Adentro, una, ahora impensable, sala abarrotada de chiclayanos puntuales es testigo de discursos que felicitan la labor del Cineclub de Lambayeque, institución cultural que, luego de trece años, ha podido conseguir un incentivo del Ministerio de Cultura para contar con un espacio propio, luego de años de nomadismo en distintos auditorios de la ciudad.

El público guarda especial silencio al escuchar a Ricardo Bedoya, reputado crítico de cine y amigo de la casa que ha llegado de Lima exclusivamente para la inauguración y el festejo. Mientras habla, Bedoya ha olvidado la inocente, pero apocalíptica pregunta que un aspirante a director le hizo horas antes en un coloquio ofrecido a los estudiantes de una universidad local.

Mauricio Burstein:

(En off, recordando)

¿Cómo ha cambiado la forma de disfrutar del cine para Ricardo Bedoya a través de los años?

El crítico habló de su inicial afición por asistir únicamente a las salas que luego compartió con el alquiler de cintas de VHS, pasando por la cultura del DVD pirata hasta llegar a la actual época del streaming. Vaticinó más cambios, pero ninguno como el que estaba a punto de darse.

Horas después del coloquio, la universidad sede cerró sus puertas hasta el día de hoy. César Vargas, programador del Cineclub de Lambayeque, acompañó todo ese día a Bedoya.

César Vargas:

La idea era que él se presente en la mañana en un colegio local, para que converse sobre cine con los escolares, y luego vaya a la universidad. Pero Vizcarra anunció temprano que las clases se suspendían. La charla en el colegio se canceló, pero felizmente se mantuvo la charla en la universidad que fue la última actividad que se dio ahí.

Afuera del flamante local del cineclub, el olor a pintura fresca se pierde y ya empieza a apestar a virus. Las felicitaciones se transforman en comentarios sobre cierre de fronteras y distanciamiento social.

César Vargas:

Nos dio tiempo de inaugurar la sala y presentarla al público. Sin embargo, a los tres días se declaró la emergencia y la cuarentena.
Desde ese jueves, ni siquiera César ha puesto un pie en el único local propio que ha tenido su cineclub. Recluido, le llegan noticias que hablan de la “nueva normalidad”.

César Vargas:

En los espacios pequeños debemos aplicar normas en la que intervengan, guantes, mascarillas, alcohol en gel y otros implementos que van a representar un presupuesto aparte. Y si bien hay un plan de reactivación, este no incluye el sector cultura. Se habla de espacios de entretenimiento en general y quienes se verán más beneficiados con esto son las salas comerciales.

 


Texto: Mauricio Burstein.