Quiero compartirlo en mis redes:
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Tweet about this on Twitter
Twitter
Pin on Pinterest
Pinterest
Email this to someone
email
Sígueme

En 1983, los Sinchis les habían dicho a los comuneros que podían diferenciar a los terroristas de ellos porque los militares siempre venían en helicóptero mientras que los ‘terrucos’ llegaban a pie. Esto ocasionó que cuando vieron llegar a un grupo de diez personas caminando por sus los verdes prados de Uchuraccay las mataron sindicándolos como terroristas. Se habían equivocado, el grupo de personas asesinadas a machetazos, puñaladas y pedradas eran un grupo de periodistas provenientes de la capital que llegaban para investigar la matanza de Sendero Luminoso en el municipio vecino de Huaychao en el que habían exterminado a cinco dirigentes senderistas, estaban acompañados por un guía y un intérprete. Uchuraccay (Huanta, Ayacucho) era un pueblo de quechuhablantes.

Eduardo De la Piniella (periodista de El Diario de Marka), Pedro Sánchez (periodista de El Diario de Marka), Félix Gavilán (periodista corresponsal de El Diario de Marka) Willy Retto (periodista de El Observador) Jorge Luis Mendívil (periodista de El Observador) Jorge Sedano (periodista de La República), Amador García (periodista del semanario Oiga), Octavio Infante (periodista de Noticias de Ayacucho), Juan Argumedo (guía e intérprete), Severino Huáscar Morales (comunero, quien intentó impedir el asesinato de Juan Argumedo) fueron asesinados por error por la comunidad de Uchuraccay.

Hubo controversia cuando algunos medios de comunicación, especialmente de izquierda, culparon a los militares por la muerte de los periodistas, según lo escrito por Cecilia Méndez en su artículo La matanza de Uchuraccay y las múltiples interpretaciones de la Independencia peruana. El gobierno de Fernando Belaúnde Terry convocó una comisión investigadora con el escritor Mario Vargas Llosa a la cabeza para investigar los hechos que llevaron a los comuneros a asesinar a los periodistas. En la comisión no se encontró responsabilidad por parte los Sinchis, a pesar de que estos les aconsejaron matar a todo aquel forastero que viniese por tierra.

En la fotografía se puede observar al escritor Mario Vargas Llosa en conjunto con los comuneros de Uchuraccay.

Después de unos meses, Sendero Luminoso arrasó con el pueblo y mató a 135 campesinos, entre ellos 57 mujeres, cuando se celebraban días festivos y la mayoría se encontraba en el centro de la aldea. Así acabó una larga y firme lucha del pueblo de Uchuraccay contra Sendero Luminoso desde que este asesinara en 1982 a su líder Alejandro Huamán. Según la CVR, los comuneros también recibieron ataques por parte de las Fuerzas Armadas, como robos, violaciones mujeres y asesinatos, como se comenta en el siguiente extracto:

“Uchuraccay fue visitada en varias ocasiones, por estar ubicada en dirección al nevado Rasuwillca, que se había convertido en una base del PCP-SL desde donde las columnas atacaban los pueblos. Muchas veces estos rastrillajes eran acciones conjuntas entre las rondas campesinas y los militares, que se convirtieron en violentas incursiones punitivas contra los uchuraccaínos. Este último capítulo comenzó apenas unos días después del ataque navideño del PCP Sendero Luminoso, cuando los militares ingresaron al pueblo, ensañándose con los sobrevivientes” (CVR, 2003,p. 105).

Los sobrevivientes de la masacre, por temor, decidieron migrar hacia distintos lugares dejando a la comunidad totalmente abandonada hasta 1993 que un grupo de retornas fundó un nuevo pueblo sobre las ruinas del anterior, según información del Lugar de la Memoria y la Inclusión Social – LUM. Posteriormente, en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) los pobladores de Uchuraccay admitieron su responsabilidad por el asesinato de los periodistas, pero no avalaron los argumentos de la Comisión Vargas Llosa en la que se anunciaba, según Méndez, ““un malentendido generado por las diferencias culturales existentes entre los campesinos quechuas y el país urbano”.

10 años de la masacre

El fotógrafo documental Franz Krajnik ha desarrollado una exposición virtual gratuita en la UPC Cultural sobre la masacre llamada «UCHURACCAY Krajnik». Este es un trabajo que le tomó hacer por más de 10 años. “Cada vez que llegaba a Uchuraccay había historias nuevas para mí. Entendí que se dividían en dos: la muerte y la vida, y esa es la historia completa’’, señala Krajnik. Esta exhibición es un repaso histórico y sobre todo un acercamiento de los espectadores al Uchuraccay luego del dolor, así como la construcción de una nueva convivencia después de los tiempos violentos, aunque aún se mantengan las heridas, desde 1981 hasta el 2017. Este trabajo se compone de 60 fotografías y 4 testimonios, así como elementos sonoros y gráficos.

Autor: Franz Krajnik

Existe en la exposición la “Sala de la vida” en donde se muestra la supervivencia del pueblo después de la violencia. “Este dolor es convertido y resignificado en esfuerzo, en vida, en amor, en familia. De esta manera se condensa un poco las partes… necesitaba que las fotografías puedan mostrar el paso del tiempo, menciona Krajnik.

La vida después de la muerte

Autor: Franz Krajnik

Los juicios de Uchuraccay en contra de los pobladores desnudaron la existencia de otro país, un país quechuhablante, desconectado y desconocido por la capital que aún no entendía la magnitud y el peligro de Sendero Luminoso. El atentado de Tarata 11 años después se llevaría consigo 43 muertos, la tercera parte de las víctimas de la masacre de Uchuraccay. A pesar de ello, la vida retornó al pueblo en 1993 y con ello se construyeron nuevas casas. En el 2014, a través de la Ley No. 302211 se creo el distrito de Uchuraccay. En el nuevo Uchuraccay se puede ver la Plaza de la Paz, construida en 1995 con el apoyo del Programa de Apoyo al Repoblamiento (PAR). Hoy, la vida, aunque con heridas que no se pueden borrar de la memoria, retorna en el lugar y se encuentra a la espera de un futuro próspero y justo.