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Roberto Duran

El año anterior a las elecciones presidenciales en el Perú suelen ser de lanzamiento de candidaturas y construcción de plataformas politicas. Los candidatos saben que la campaña no empieza intensamente hasta después de las fiestas de fin de año.  Saben que, en enero, el candidato debe rozar la omnipresencia mediante giras por todo el país, comer toda la comida que les ofrecen, tomarse todas selfies posibles, visitar la mayor cantidad de mercados, estrechar la mano de todos los que se crucen en su camino y bailar las canciones de moda en mitines.

Sin embargo, el 2020 fue la tormenta perfecta de un quinquenio para el olvido, que comenzó con la reñida elección de Pedro Pablo Kuczkinski (PPK) frente a Keiko Fujimori hasta continuar con dos intentos de vacancia, un indulto a Alberto Fujimori, una renuncia presidencial, la asunción de Vizcarra, el aprisionamiento de varios políticos —PPK, Keiko Fujimori y Ollanta Humala—, el suicidio de Alan García, la disolución del Congreso, las elecciones congresales extraordinarias, la peor crisis sanitaria del Perú, el nuevo sabotaje del actual Congreso, la vacancia de Vizcarra, la asunción y caída de Merino y el interinato de Francisco Sagasti. Todo esto como prólogo del Bicentenario republicano, que ha pasado de ser una fiesta nacional a ser un conmemoración de nuestra subsistencia como nación en medio de la pandemia por la COVID-19, en la cual 41 026 peruanos han muerto hasta la fecha.

La emergencia socio-económica y sanitaria por la COVID-19 junto con la implosión autogenerada del sistema político ha logrado que los peruanos nos enfoquemos prioritariamente en la sobrevivencia económica, psicológica y física. No perder el sustento, no perder la cabeza y no perder la vida.

Como consecuencia del falso dilema de la economía o la salud y siguiendo lo iniciado por Vizcarra, el gobierno interino de Sagasti continuó ampliando las actividades económicas hacia finales de 2020, la baja de los contagios y fallecimientos por COVID-19 dieron una falsa sensación de estabilización en el país.

Hasta que empezó la segunda ola de contagios por COVID-19, a inicios de diciembre, iniciando en Piura para luego dispararse los casos en Huanuco, Junín y finalmente colapsar la red hospitalaria de Lima y Callao a mediados de enero de 2021. El gobierno de Sagasti, un gobierno parlamentario sostenido por la calle, todavia se acomodaba en el cargo para cuando le explotó una crisis policial y un paro agrario. El gobierno no estaba dispuesto a «robarse» por la navidad y año nuevo con cuarentenas, solo dicto inmovilizaciones las vísperas y fiestas de fin de año. Un mes después el país, con el mismo nivel de fallecidos de agosto pasado, regresaba a cuarentena en nueve regiones y Lima Metropolitana por quince dias. El espacio para la campaña electoral es más estrecho en la vida de los peruanos, tal y como lo demuestra la encuesta nacional urbano-rural del IEP, realizada antes del anuncio de cuarentena y publicada por La República el 31 de enero, en la que el 74%, espontaneamente, no elige a presidente (NS/NO, ninguno, blanco o viciado y no irá a votar) y en la que el 46% de los encuestados muestran un mayor interés en la campaña (mayoritariamente jóvenes de 18 a 24 años y del NSE A/B).

George Forsyth: la aparente soledad del puntero

Si bien George Forsyth se considera a sí mismo como un outsider por provenir como arquero de Alianza Lima, su paso por la municipalidad de La Victoria, primero como alcalde interino en 2014 y luego como cargo electo en 2018, junto con su origen privilegiado, hijo del ex congresista y embajador en Japón Harold Forsyth, lo convierten el nuevo rostro del establishment con el partido Victoria Nacional (anteriormente Restauración Nacional). Siempre dispuesto a dar declaraciones poco profundas escudándose en la indignación popular.

Forsyth sigue encabezando las preferencias con el 13.3% (pregunta asistida), con preponderancia en el sector NSE A/B y de los adultos jóvenes de 25 a 39 años de las ciudades, sobre todo Lima.

El 15% de los encuestados que se identifican como no interesados en política votarían por Forsyth, siendo este el candidato con mayor voto protesta.

Veronika Mendoza: buscando el espacio de izquierda que la lleve a segunda vuelta

Ahora con la alianza Juntos por el Perú, Veronika Mendoza, quien quedó tercer puesto en las elecciones de 2016, está en la búsqueda de capitalizar el descontento social de las movilizaciones de 2020 y actuales para llegar a segunda vuelta, como hizo Humala en 2011. Un mensaje más estructurado y simple le han permitido sortear entrevistas ásperas, sobretodo en el plano económico e internacional, con relativa entereza. Sabe que esta es su oportunidad de entrar en segunda vuelta.

Mendoza está segunda en las preferencias con el 8.2% (pregunta asistida), con preponderancia en el NSE D/E y de los jóvenes de 18 a 24 años del medio rural, mayoritariamente en el centro del país.

Yonhy Lescano: El ultimo sobreviviente de Acción Popular

Aprovechando la pequeña bancada de 7 congresistas que sacó en 2016 y una marca política revalorizada por las elecciones municipales de 2018, Acción Popular logró convertirse en la bancada más grande del Congreso en las elecciones congresales de 2020 con 27 congresistas. Lo que sucedió después nadie se lo hubiera imaginado. Una bancada que, en un año, políticamente se quemó a lo bonzo apoyando proyectos de ley antitécnicos e inconstitucionales, promoviendo las dos vacancias a Martín Vizcarra y poniendo a Manuel Merino de Lama como presidente interino por una semana a inicios de noviembre de 2020. No obstante, la marca Acción Popular y su símbolo, la lampa, ha sobrevivido a la lucha fratricida entre la facción provinciana (Lescano y Guevara) contra la facción limeña (Diez Canseco, Barnechea y García Belaunde).

Lescano, natural de Puno, está tercero con 7.1% (pregunta asistida) con preponderancia en el sector NSE A/B y de los adultos jóvenes de 25 a 39 años de las ciudades, mayoritamente en el sur del país.

Keiko Fujimori: A la espera del rio revuelto con el albertismo en la memoria

La ya dos veces derrotada candidata del fujimorismo, Keiko Fujimori, ha cambiado de estrategia varias veces pasando de la Keiko que reconocía lo errores de su padre, el dictador civil Alberto Fujimori, a ser una reivindicadora del gobierno de este. La derrota en 2016 y su bancada mayoritaria de 73 congresistas fueron un coctel brutal para la institucionalidad democrática en el Perú puesto que ella detentaba el poder frente a un débil y evasivo Kuczynski y a un díscolo Vizcarra. El resultado ha sido uno de los quinquenios con mayor inestabilidad política de los últimos 20 años. No obstante, el recuerdo del albertismo es lo único que sostiene Keiko y en una circunstancia de crisis generalizada este recuerdo puede capitalizarse más allá de las fidelidades partidarias. Su mayor activo y pasivo es el apellido Fujimori.

Keiko Fujimori está cuarta con un 6.7% (pregunta asistida) con preponderancia en el sector NSE D/E y de los adultos jóvenes de 25 a 39 años, mayoritariamente rural en el centro y oriente del país.

Hernando de Soto: El asesor que se convirtió en candidato

De Soto no es alguien nuevo en la política peruana, siempre estuvo tras bambalinas mediante su Think Tank el Instituto  Libertad y Democracia (ILD), primero en el Movimiento Libertad de Mario Vargas Llosa, luego asesorando al gobierno de  Alberto Fujimori en la reinserción económica del Perú en el extranjero. El ILD ha trabajado en El Salvador, Haití, Tanzania, Egipto y Filipinas, desde un enfoque liberal. En el 2001, De Soto buscó armar una candidatura, pero naufragó buscando alianzas con la izquierda. De vuelta a los entretelones, fue representante personal de Alan Garcia para la negociación del TLC con EE.UU. En 2011 y 2016 apoyó la candidatura de Keiko Fujimori. Ahora De Soto cree que esta es su oportunidad, pasar de ser el actor de reparto al protagónico. Sin embargo, una cosa es asesorar al poder y otra es la cara dispuesta a recibir los tomatazos por las decisiones que tomas.

Hernando de Soto está quinto con 5.6% (pregunta asistida) con preponderancia en el sector NSE A/B y de los adultos mayores de cuarenta años de las ciudades, mayoritariamente Lima.

Julio Guzmán: El oficialismo que se niega a sí mismo y una crisis de imagen con caída

La crisis del Partido Morado (PM) es una crisis de percepción. Si bien el gobierno Sagasti es un gobierno nacido de una mesa directiva del Congreso encabezada por el Partido Morado, disidentes del Frente Amplio, Somos Perú y una facción de Acción Popular. El Presidente Sagasti es dirigente y fundador del Partido Morado, con simpatizantes y militantes que han renunciado a candidaturas congresales para trabajar en el Ejecutivo. La bancada del PM y Julio Guzmán no pueden escindirse de las acciones políticas del gobierno, puesto que fue el mismo Guzmán quien presionó a las demás bancadas lanzando una lista a mesa directiva solo del PM para forzar una renegociación en medio de las protestas después de la renuncia de Merino. La caída de popularidad del gobierno Sagasti de 67% en diciembre a 21% en enero tendría efectos colaterales en las intenciones de voto de Guzmán, sobre todo con los rumores de cuarentena que rondaron todo enero. La campaña de Guzmán no ha visto la posibilidades de rédito que les hubiese dado las compra de vacunas con Sinopharm, AstraZeneca y Covax Facility, así como el esquema de vacunación como logro de gobierno.

El principal pasivo de Guzmán es su imagen dañada que en el PM no han sabido restablecer, desde la entrevista con la Jewish Broadcasting System (JBS), el incidente del amago de incendio con una correligionaria en un AirBnb, la entrevista con Thorndike en Cuarto Poder, el comercial de la combi (contradiciendo su spot de 2016) y este nada modesto tweet:

¿Julio Guzmán ha pasado de ser el principal activo del PM a ser su principal pasivo?

Guzmán ha caído del segundo lugar en diciembre 2020 (9.1%) al sétimo (4.6%), siendo sobrepasado por Mendoza, Lescano, Fujimori, De Soto y Urresti. Los votantes de Guzmán se ubican en el sector NSE A/B, del grupo de jóvenes de 18 a 25 años de Lima y sur con un componente rural mayoritario al urbano.

En la encuesta del IEP de diciembre de 2020, el PM lideraba las preferencias al Congreso con el 12.9% (respuesta espontánea) a pasar en un mes a 5.7%. Una caída de 7.2%; sin embargo, el PM es  se mantiene como la principal preferencia congresal del sector NSE A/B, del grupo de los jóvenes entre 18 y 24 años de Lima y sur urbano.

Bonus track: El factor Vizcarra y Somos Perú

Si bien Somos Perú (SP) tiene a Daniel Salaverry como candidato presidencial, este figura en la categoría de «Otros» junto con Lopez Aliaga, Acuña y Humala, el cual de momento no ha despegado. Pero el hecho que el expresidente Martín Vizcarra sea el primero de la lista congresal por Lima por Somos Perú, así como que este visite regiones más allá de su circunscripción electoral, lo convierten en una suerte de locomotora de SP para intentar meter congresistas en regiones por arrastre. Como si fuera el amuleto de Somos Perú. Y la verdad que no se sabe si Vizcarra pueda garantizar que SP conserve su inscripción en el JNE.

El desgaste en la imagen de Vizcarra empieza a afectar a SP, puesto que este ha caído en contradicciones relacionadas a las compras de vacunas y al uso de la ivermetina para tratar la COVID-19, así como el desarrollo de las investigaciones fiscales en su contra por el Caso Hospital de Moquegua e ICGSA. Somos Perú ha bajado de 8.3% a 4.9% en las preferencias congresales, pero se mantiene en segundo lugar, después del Partido Morado. Los mayoría de los votantes de SP pertenecen al sector NSE A/B del grupo de los adultos jóvenes de 25 a 39 años en las ciudades del norte. En Lima, SP es la tercera fuerza congresal después del Partido Morado y Acción Popular con 4.8%

Entre los encuestados para el congreso, el grupo que no elige a nadie (NS/NO, Ninguno, Blanco o Viciado y No iría) es del 70%. A a dos meses y dos semanas de las elecciones pueden pasar demasiadas cosas, sobre todo en cuarentena.