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El último jueves se conmemoró un mes de la muerte de George Floyd, afroamericano que se convirtió en símbolo de la lucha contra el racismo, la desigualdad y la opresión, luego de ser asesinado por un policía blanco, producto de flagrantes acciones de abuso de autoridad. Este hecho sucedió en Minnesota, Estados Unidos, pero fue el inicio de una revolución a nivel mundial y reabrió la herida de la discriminación real, de la cual el Perú no es ajeno.

Según la I Encuesta Nacional “Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico – Racial”, elaborada por el Ministerio de Cultura en 2017, el 53% de encuestados considera que el Perú es un país racista; sin embargo, solo el 8% de los mismos se considera así mismo racista. Es por ello que muchas iniciativas relacionadas a la lucha contra la discriminación racial no surten efecto y, en algunos casos, incluso son criticadas duramente.

En mi opinión, el racismo en el Perú está basado en los estereotipos generados por la historia de la esclavitud y las consecuencias en la comunidad afroperuana. Frases alusivas a los afroperuanos relacionadas a la ignorancia, la incapacidad intelectual o a actividades delictivas son muy frecuentes en aquellas personas que han normalizado el racismo en nuestro país tratando de limitar su capacidad a actividades deportivas, musicales o gastronómicas.

La falta de información estadística y la historia del Perú tampoco han favorecido el enfrentamiento a estos estereotipos hundiendo a la población afroperuana a una invisibilidad social y a indicadores lamentables. Los problemas de identificación geográfica y cultural dificultan la ejecución de planes asociados a la creación de oportunidades en favor de esta comunidad. Esto se refleja en los insuficientes indicadores disponibles para estudios y generación de iniciativas sociales.

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Aunque escasos, algunos de los indicadores que demuestran la fragilidad socio cultural de la población afroperuana están relacionados a la educación. Según el INEI (2017), solo el 23.5% de la población autoidentificada como afroperuana prosiguió estudios técnicos o universitarios frente al 37.6% de la población blanca/mestiza. Adicional a ello, solo el 11.5% de afroperuanos (as) alcanzó un nivel superior universitario frente al 22.1% de la población blanca /mestiza.

Lamentablemente, los niveles de analfabetismo tampoco son alentadores. El 6% de personas auto identificadas como afroperuanas sufren de este problema social frente al 3.9% de la población blanca/mestiza. Esto podría demostrar la exclusión a la que pueden sufrir los afroperuanos al momento de enfrentarse a las realidades económicas del Perú.

El Estudio Especializado para Población Afrodescendiente, desarrollado también por el Ministerio de Cultura en 2014, nos brindaba luces de la realidad de la población afroperuana. Ahí se observó que solo el 3.8% de hogares afroperuanos percibía ingresos mayores a 2,500 soles. Esto sumado a que, del total de afroperuanos, solo el 58.6% pertenecía a la Población Económicamente Activa (la PEA nacional en el 2014 fue de 72.9%). Esto podría prever la necesidad de atención y ejecución de políticas públicas hacia este sector de la población.

Lo que nos demuestran estos indicadores es que la población afroperuana se ha encontrado –y se encuentra– en desventaja social frente a otras poblaciones, lo que dificulta el desarrollo de diversas habilidades presentes en el ser humano. Ello conlleva a afianzar en cierto sentido el estereotipo vinculado a actividades u oficios que requieren limitada formación educativa.

El reto para las instituciones públicas y privadas comprometidas con el desarrollo de todos los peruanos es disminuir las brechas de desigualdad relacionadas a la educación, pues es allí donde se puede acotar o ampliar las oportunidades para los sectores vulnerables.

(*) PÁGINA EN BLANCO promueve la diversidad. La opinión de los articulistas no es necesariamente compartida por el medio.

Autor: Jorge Cotito

Bachiller en Economía de la Universidad de Piura. Key Account Manager en El Grupo El Comercio. Fundador del proyecto social “Screenau”, iniciativa comprometida con el desarrollo profesional de jóvenes de escasos recursos económicos. Chinchano de corazón. Orgulloso afrodescendiente.