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«Yaré Colán» son en realidad el segundo nombre y segundo apellido de la joven artista plástica. Se desprendió de los nombres dados por un padre ausente para reinventarse como la mujer irreverente y estudiosa que cose los trocitos de su corazón en tocuyo para exponerlos al mundo.

Alessandra Yaré no sabía qué estudiar cuando salió del colegio. De madre andina y padre afro, siempre le habían atraído las artes. Pero todos a su alrededor le indicaban que eso era un hobby. El arte no se estudia. Buscó un trabajo para llenar su tiempo, por lo que terminó cuidando niños. Y casi por inercia terminó estudiando pedagogía. Estaba bien, pero no la llenaba. La necesidad de expresarse empezó a cargar a la adolescente de insípida insatisfacción. Hasta que, como regalo por su cumpleaños número 21, abandonó todo en una descarga fugaz: ni estudios, ni trabajo. Yaré debía hacer arte.

En contra del consejo común de sus amigos y familia, Yaré entró en la escuela de Bellas Artes. A la par, descubrió lo mucho que le gustaba investigar. Encontró la raíz de las injusticias que presenciaba en su vida en libros de historia y sociología. No fue hasta que, año y medio después, cuando la pandemia le arrebató todo de nuevo, que realmente se encontró cara a cara con su arte.

«Es importante para mí que se politice el arte», explica la joven. «Que se use la plástica como una manera de alzar la voz por las diferentes desigualdades que existen. Ciertamente el arte no va a cambiar el mundo como tal, pero sí va a retumbar en los silencios de las personas. Va a hacer un eco en personas que sí pueden moverse para hacer una diferencia en las, cada vez menos estrechas, las brechas de desigualdad».

El medio de preferencia de Yaré es el bordado. Un arte desvalorizado por su asociación con las mujeres mayores. Que solo se considera «arte» si tiene un par de cientos de años en un museo. Colán se acercó a las agujan de manera autodidacta al ver que el trabajo manual que realizaba su madre era hermoso, pero nadie lo notaba. «Es justamente la generación de las abuelas la que más desigualdad ha sufrido. Mientras estas mujeres bordaban o tejían, eran sometidas. Utilizar estas herramientas para visibilizarlas desde este tipo de arte me parece muy importante».

Hoy, Yaré Colán nos habla sobre nueve de sus piezas textiles: una ventana teñida de rosa a su psique. Y una exploración creativa de la historia intercultural de Perú.

1. Aborto legal para no morir

 

Bordado sobre tocuyo 43x47cm

«Tiene una breve reseña sobre las cifras de mujeres muertas por abortos clandestinos. La puse sobre una percha porque este tipo de perchas son una herramienta que se utilizaban antiguamente para que las mujeres se indujeran los abortos y que era totalmente insegura. Es mucho lo que le ha sumado a las cifras de morbilidad en abortos clandestinos».

2. Cultura de la violación

Bordado sobre calzón. Medidas variables

“La hice cuando salió una noticia de que para una chica había influido en su juicio por violación el hecho de que tenga una prenda de color rojo. Esto es básicamente fue una reflexión de que todas estas cosas no suceden de manera apartada: son parte de una cultura que enseña a los hombres a violar”.

3. Secreto de familia

Bordado sobre almohada 12x20cm

“Hablo sobre la violencia sexual que puede existir en las familias. Bordé sobre una almohada porque escuchaba mucho ese término de ‘secretos de almohada’ o ‘secretos de alcoba’. Me parecía que la almohada es algo muy íntimo y me parecía que era prudente intervenir esta intimidad”.

4. El trabajo doméstico sostiene el capital

Bordado sobre guantes de látex 9x25cm (cada pieza)

“Son los guantes de mi abuela. Es una reflexión de cómo, sin las mujeres que le brindan los cuidados a los hombres que trabajan, y sin que estos hombres brinden su fuerza de trabajo para ser explotados, no existe el capitalismo. Finalmente, quien se enriquece es el patrón, pero detrás de ese patrón hay un obrero y detrás de ese obrero hay una mujer que lo alimenta. Que le da los cuidados y que se encarga de la casa, de los hijos, mientras él está poniendo su fuerza de trabajo”.

5. La santísima virgen del cuchillo

Técnica mixta

“Es una auto representación como una María fuera de las dicotomías de virgen en contraparte con la “mala mujer” que representó María Magdalena. Paradójicamente, la imagen de María en este imaginario es una imagen deshumanizada e inalcanzable, lo cual deja como opción única, el sometimiento y subyugación de las mujeres y/o cuerpos feminizados. Utilizando la estética de las estampas, detentes, retablitos, y otras artesanías que se dejan en modo de ofrenda a las distintas imágenes de vírgenes y santos en América Latina y el Caribe”.

6. ¿Quién nos cuida de la policía?

Bordado sobre tocuyo 20x27cm

“Es un bordado en base a una imagen de un caso de un conflicto minero que hubo en Arequipa. Fue una de las veces que más se visibilizó la violencia policial. Este policía se ve en un video que le planta esta herramienta a un agricultor. A él lo intentan culpar de tener un arma punzocortante. Pero para la mala suerte de estos policías, grabaron y tomaron fotos de que ellos le sembraron esta herramienta. Creo que le dicen Manuelito. Fue un hito en ese momento del abuso de autoridad de la policía.”

7. Colisión

«La máscara de un ukuku. En Los Andes existe esta celebración del Quyllur Rit’i en Cuzco. Antes de que llegaran los colonos, muchas de las deidades eran masculinas y también había deidades femeninas, sobre todo en las culturas como Chavín. Igual pasa con las culturas del África, las deidades son femeninas y masculinas. En cambio, cuando llega la colonización muchas de estas creencias espirituales simplemente se unifican. Llega la religión católica que solamente tiene un Dios masculino. En Los Andes, en esta celebración del Quyllur Rit’i, casi todos sus personajes son masculinos. Por eso me interesó mucho tomar esto de mi descendencia andina. Este personaje que es el Ukuku, cuenta la leyenda que es el protector de los cerros, el protector de las aguas. A mí me interesó mucho tejerlo en colores fucsia, rosados y toda esta paleta que se asocia de lo femenino. También, en África, sus dioses protectores están ligados al mar. Por eso utilice este a simbología de aplicar conchitas de mar. Es de la cultura Yoruba de la orden de Ifá, que es una orden de la santería africana. Tenían que ver con lo que para mí era hacer un llamado de vuelta a mi ancestralidad africana y también andina».

8. «Cumpleaños feliz»

Bordado sobre tocuyo 18x18cm

“¿Cuánto se toma en cuenta la salud mental cuando uno habla de identidad, tu historia personal?  Cuando era niña odiaba los sonidos muy fuertes. Tampoco me gustaba que canten cumpleaños a mi alrededor. Ver tanta gente, todos cantando, siendo yo el centro de atención, era demasiado estímulo. Pero no hubo una guía que me diga que es perfectamente normal que seas una persona neuro diversa».

9. La Sarita

Me encontré una estampita de La Sarita en Tacora y la intervine para ella.

«Me encontré una estampita de La Sarita en Tacora y la intervine para ella. A Sarita Colonia, quien migró de Huaraz al Callao y terminó sus días en una fosa común en la que empezaron a llegar estibadores a rendirle culto hasta convertirse en la santa del pueblo. Una no reconocida por la iglesia católica pero a la que se le atribuyen cantidad de milagros, entre ellos, haber hecho desaparecer su vulva cuando un grupo de hombres intentó violarla.
A ti, Sarita, mujer migrante, sobreviviente, te pedimos una vida sin miedo de salir y no regresar a casa. O regresar en un ataúd».