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La tercera no siempre es la vencida. Yesenia pasó por muchos caminos en la vida antes de convertirse en la popular dueña de La Barbera. Hoy nos cuenta cómo abandonó todo lo que tenía para agarrar al destino por los pelos.

 

La primera vez que Yesenia Arca fue a cortarse el cabello tenía 25 años. Había pasado los últimos ocho años de su vida como terapeuta físico. Se fue de casa a los 17 y nunca vio motivos para gastar dinero tan solo para cortarse las puntas dañadas de su larga cabellera ondulada. Hasta que un día se vio obligada a esperar por tres horas en un hospital. Esperaba por alguien más, así que sólo pasó el rato dando vueltas por el Hospital de la Solidaridad de San Martín de Porres y mirando por las ventanas. Hasta que al llegar al ventanal con vista hacia la Av. Perú, donde un local en particular llamó su atención. Había pocas personas, pero se escuchaba música y voces, incluso desde el otro lado de la avenida. Cuando preguntó, solo le dijeron “Creo que ahí cortan pelo”.

­­­― Mi cerebro no registraba que era un lugar para hombres porque no sabía que existían las barberías. Para mí solo eran peluqueros cortando. Y dije ¡Ya! Me voy a cortar el cabello por primera vez. ― cuenta Yesenia.

La joven entró sin pensar. Llevaba puesto el conjunto de buzo del hospital, una casaca de cuero, y el cabello largo recogido en un moño. Como siempre le exigían en los centros de salud. Con la inocencia de no haber entrado nunca a un salón de belleza, no le pareció particular cuando vio cortes rapados con figuras, rayas y estrellas en el catálogo del local. Para ella, que había crecido en una familia de pintores, tatuadores y curadores de arte, esos estilos arriesgados eran eso: arte corporal. “Juro por Dios que no me aterré. Fue alucinante”, relata Yesenia. “Solo me senté en la silla y dije ‘haz lo que quieras’”.

Desde el momento en que la máquina afeitadora pasó por su sien la primera vez, quedó en shock. No de miedo o sorpresa, solo la maravilla de descubrir algo que no sabía que existía. Hasta este momento, había probado a ser pintora, actriz, tatuadora; estudiar hotelería, canto, baile y teatro musical. Pero al ver a su barbero trabajar tuvo una visión de lo que realmente quería para su vida. El principio de lo que un par de años después sería La Barbera.

― Ese mismo día ya sabía que rapada no iba a volver a entrar a un hospital. Ese mismo día decidí vender mis 8 consultorios de terapia física―cuenta ahora, hablando con paso acelerado y con una mezcla de descaro y orgullo―. Pagué tres meses del curso de barbería de frente. Ni siquiera salí del local.

Yesenia frente a su local de Miraflores.
Por Alejandro Sejas

El chico que le hizo su primer corte fue Harold Dey, o HD, The Barber, quien resultó ser su primer instructor. Y quien, al terminar los tres meses de entrenamiento básico, la motivó para que se inscribiera en el Cosmo Beauty por primera vez. “Ya estaba diciendo que nunca más vuelvo a batallar. Esta vaina no va conmigo porque me hace sudar. Hasta que me llaman como finalista”. A pesar de haber participado con mano temblorosa, dejando caer sus herramientas y con cero expectativas, fue el momento indicado: nadie esperaba nada de ella. Llamó la atención como participante nuevo, como finalista y como la única mujer inscrita en el evento de ese año.

Actualmente, Yesenia Arca Quispe tiene 31 años, 29 trofeos nacionales e internacionales por batallas de barbería y dos locales La Barbera. Usa el cabello corto, con las puntas decoloradas y teñidas de turquesa. Con los costados totalmente rapados para poder mostrar dos tatuajes a la altura de su sien, a cada lado de su cabeza. De hecho, está cubierta de tatuajes desde el nivel de los ojos hacia abajo. A estos les siguen tres rosas en su garganta y culmina con las letras en sus nudillos. La Barbera es su más grande proyecto y amor de vida. La idea nació de todo el machismo “bien bravo” que vivió al inicio de su carrera. Unos la veían como una flaca fuera de lugar, otros eran amables porque creían que ella nunca podría superarlos. Y algunos que intentaron “darle vuelta” se comportaban mil veces peor frente al rechazo.

Por eso su espíritu irreverente encontró tan tentadora la idea de una barbería donde sólo atendieran mujeres. Le permitía crear un espacio más sano para sus colegas barberas y era una cachetada al concepto original de barbería “por hombres, para hombres” que tantos problemas le había causado.

Fue lanzarnos a algo loco. Entró con el tema de una temática diferente. Quería empezar con puras mujeres atendiendo― cuenta Zincia Llarena, compañera de trabajo y amiga de Yesenia, quien fue parte de su equipo desde la apertura del primer local―. Pero que le ha dado frutos hasta el día de hoy. Hubo buena acogida del público y nos empezamos a hacer conocidas rápidamente. Fue muy bonito.

Zincia trabajando en el primer local de La Barbera, en Miraflores.
Por Alejandro Sejas

Sin embargo, la idea no siempre fue tener una barbería “sin etiquetas”. Desde su concepto, trabajar con chicas era impactante para la clientela común de una barbería. Hubo muchos chicos que ingresaron al local, y al ver que no había hombres atendiendo se daban media vuelta.

―Yo quería que fueran chicas LGTBIQ. Que vengan chicos gays. Gente disidente. Que esté el congresista, el que vende papas, la chica gay, el chico trans y su vieja cortándose al costado. Y todos respetándose tranquilamente― cuenta Yesenia emocionada―. Porque yo sé lo que es vivir discriminada en muchas formas. Pero decirlo es agresivo ¿sabes? Limita mucho a otras personas que quieran venir a atenderse. Pero también es un filtro. Para los que no saben respetar.

Por eso La Barbera “salió del closet”. Comenzó repartiendo mercancía y folletos fuera del Valetodo Downtown, la discoteca LGTB+ más conocida de Lima, sin decir a viva voz que esta era su clientela ideal. Hasta que comenzó a sentir el respaldo de la comunidad “Obviamente se sabe que la dueña es una persona super gay y se siente muy orgullosa, pero me ha costado. No creas que ha sido tan fácil. Cuando está de moda en el momento de la marcha todo el mundo dice ‘soy pride’. Pero decirlo los 365 días del año es otra cosa”.

Yesenia trabajando en el local de Miraflores.
Por Alejandro Sejas

Pero es justamente esta autenticidad lo que la ha llenado de aliados fieles. Joss M. Pineda tiene dos años y medio trabajando en La Barbera. Conoció a Yesenia al verla en uno de los múltiples Cosmo Beauty en los que ha participado. El primer local tenía tan solo siete meses de apertura y fue en este evento donde presentó su local a la comunidad de los concursos. Y Joss se vio reflejada en la visión de Yesenia.

En donde trabajaba antes, vino una vez una chica a cortarse el cabello y quería hacerse un corte de barbería. Cuando ella entró dijeron no, solamente cortamos a hombres. Yo me les quedé mirando como, si solo va a ser cosas de hombre ¿entonces qué hago yo aquí? Yo también soy barbera― cuenta Joss M. Pineda cuando recuerda la primera vez que escuchó de Yesenia―. Entonces yo la atendí. Cuando La Barbera recién salió y decía que iba a ser una barbería atendida solo por mujeres, me hizo acordar esa situación. Porque entonces los barberos no se atreven a cortar a mujeres. Escuché esto y dije ‘yo quiero trabajar ahí’.

Joss describe a Yesenia como auténtica y familiar. Una persona que te impulsa a seguir tus sueños y que no se rinde con facilidad. Cuando comenzó la cuarentena, en marzo de 2020, Joss se quedó atrapada en provincia, sin poder regresar a trabajar. El local de Pueblo Libre sólo tenía dos semanas de apertura. Fue un golpe extremadamente duro justo después de una inversión tan grande. Joss cuenta con admiración cómo Yesenia lo mantuvo a flote durante los cuatro meses de cierre obligatorio: “Ese positivismo y esa forma de ser atrae a la gente. También es lo que me atrajo a mí. Te contagia. No te deja estar triste.

Sin embargo, Yesenia Arca Quispe no ha pasado por esta crisis sin recibir daño alguno. Igual que todos, terminó el 2020 a rastras, haciendo otros trabajos para mantener a flote la barbería. Aunque se vieron obligados a cerrar, las facturas se seguían emitiendo todos los meses. La Barbera sobrevivió básicamente por fuerza de voluntad, y sin que su dueña flaqueara.

― Creo que, si no le tuviera amor a la marca, ya lo hubiera cerrado. Los dos. Me hubiera ido a otro lugar, no sé, a Miami a trabajar, a Hollywood. Y tranquilamente estaría muy bien económicamente― cuenta ella, bajando la mirada y disminuyendo su apresurado ritmo de conversación―. Yo he sido muy noble siempre ¿sabes? Y siempre me han jugado mal las personas a las que les he depositado mi confianza. Por eso, si mantengo la barbera es porque creo en ella. Es la única que todavía no me decepciona.

Yesenia el centro, con el equipo fundador de La Barbera.
Por Alejandro Sejas.